|
Entrevista
al sociólogo francés Raymond Boudon *
Sólo
por ignorancia se puede ser hostil al liberalismo
PARIS.-
La ignorancia es la principal razón con la que
Raymond Boudon explica por qué en Francia el liberalismo
no es popular. El público, y también numerosos
intelectuales, tienen tendencia a confundir el liberalismo con
versiones muy especiales de esta corriente. "Algunos lo
asimilan con la llamada teoría del Estado mínimo,
que le concede una sola función al Estado: garantizar
la seguridad pública. Otros sólo ven en el liberalismo
una doctrina según la cual la vida económica debería
ser abandonada al mecanismo regulador del mercado", explica
Boudon.
Miembro
correspondiente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia de Ciencias Sociales de la
Argentina, este heraldo francés del individualismo metodológico
en la sociología se opuso durante toda su vida a las teorías
defendidas por su contemporáneo Pierre Bourdieu.
A
los 70 años, Boudon publicó un ensayo -"Por
qué a los intelectuales no les gusta el liberalismo"-
con el que, seguramente, se habrá ganado unos cuantos
enemigos, aunque asegure a LA NACION que no recibió tantos
ataques como esperaba. Es que en la Francia de hoy, liberalismo
es, casi, una mala palabra. En su minúscula oficina del
Grupo de Estudios de Métodos de Análisis Sociológico
(Gemas), un laboratorio de investigación asociado a la
Sorbona, Boudon explica el origen del liberalismo.
"El concepto se conoce desde mediados del siglo XIX. Fue
un movimiento que se opuso al bloqueo continental de las corn
laws, que eran leyes que, en Inglaterra, establecían un
precio mínimo para las importaciones de trigo, con la
idea de proteger la industria cerealera británica. Estas
leyes fueron, finalmente, abolidas por la presión de los
promotores del libre intercambio, persuadidos de que tal jurisdicción
reforzaba el carácter aristocrático de la sociedad
inglesa."
En
Francia, como en otras partes del mundo, subraya Boudon, "muchos
intelectuales no ven que lo que se llama liberalismo es un movimiento
de ideas complejo, que tiene una dimensión económica
y política, pero también filosófica, que
es la fuente de las otras dos".
¿Cómo
define usted el liberalismo?
Es
una metodología. No es una doctrina. Son reglas para
dirigir el espíritu, como decía Descartes. Históricamente,
el liberalismo nació de la voluntad de regular lógicamente
la vida social. Es decir que cuando se analiza el comportamiento
humano, se lo debe analizar como el de un ser racional. Esta
metodología crea un corte con toda la tradición
marxista y psicoanalítica. Se debe analizar el comportamiento
humano como racional y sólo si no se puede hay que buscar
la forma con otro tipo de psicología. Es una idea común
a todos los liberales. Cuando Alexis de Tocqueville analiza,
lo hace de manera racional. Por su lado, para Max Weber lo más
importante es la comprensión. Quiere decir que para explicar
los fenómenos sociales hay que reencontrar las razones
por las que la gente hace lo que hace o cree lo que cree. Se
debe considerar al hombre como ser racional. Eso ya marca una
ruptura total con la falsa conciencia de Marx.
¿Por qué la
hostilidad al liberalismo en nuestras sociedades?
Esa
hostilidad está muy presente en nuestras sociedades
porque hay mucha gente que desconoce totalmente la tradición
liberal, porque no la estudió. Un universitario parisiense
que dicta cursos de antropología o sociología jamás
leyó a los autores liberales, ni siquiera a Tocqueville.
La ignorancia sobre el tema está muy generalizada. Sin
embargo, hay un aspecto positivo en ella: que esos universitarios
tienen un marco de pensamiento diferente, lo que llamo la "teoría
iliberal".
¿En
qué consiste?
A
través del tiempo se creó un paisaje de las
ciencias humanas en el que la visión del hombre, de la
sociedad y del Estado característica del liberalismo se
centró en la economía, mientras que las visiones
que califico de "iliberales" reinaron en la sociología,
la antropología, la ciencia política e, incluso,
sobre disciplinas más tradicionales, como la historia,
la geografía y la filosofía. Llamo teoría "iliberal" a
aquella según la cual toda relación social conflictiva
es un juego de suma cero. Este análisis, muy utilizado,
ignora que detrás de todo conflicto se esconde un cierto
tipo de cooperación. En este sentido, me divirtieron mucho
las diferentes reacciones que produjo el fracaso de la cumbre
de Cancún.
¿Por qué?
Varios
grupos y militantes antiglobalización se felicitaron
por el "fracaso" de la cumbre, como José Bové,
en Francia. Pero se felicitaron porque piensan en términos
de lucha de clases. Un fracaso de una conferencia entre los dominantes
y los dominados se traduce como una victoria para los dominados.
Sin embargo, el fracaso de la conferencia no fue un éxito
ni para los países del Norte ni para los del Sur. Hay
gente que, desgraciadamente, no ayuda a nadie al interpretar
que estamos en términos de conflicto frontal ahí donde,
objetivamente, se está en terminos de cooperación-conflicto.
Pero eso un militante antiglobalización, como José Bové,
no lo puede entender, porque piensa todo según la perspectiva
de Norte-Sur, de dominante-dominado.
¿Qué papel juega el Estado en la teoría
liberal?
Los
liberales tienen una concepción contractualista
del Estado. Incluso en Rousseau, si no hay autoridad, la cooperación
no funciona. Concepción contractualista versus concepción
dominantes-dominados, los dominantes aplastando a los dominados
sin que se den cuenta.
¿Cuándo
debe intervenir el Estado?
El
liberalismo tiene un límite. Es allí donde
el Estado tiene que hacer su trabajo: cuando no se hace lo que
se debería hacer. Adam Smith decía que el Estado
tiene que ocuparse de la seguridad, primero; de la justicia,
después, y, en tercer lugar, de la iniciativa privada
cuando ésta no hace lo que debe. Creo que es un texto
eterno.
¿Y
la sociedad?
Los
liberales la entienden como un conjunto de interacciones
complejas que sólo se puede conocer parcialmente. En ese
conjunto hay siempre una mezcla de conflicto y cooperación.
Su característica es la complejidad. Del otro lado está la
simplicidad: clases dominantes-clases dominadas. Son las dos
matrices importantes, a mi entender.
¿Francia es un país
liberal?
En
Francia no saben qué es el liberalismo, porque a él
se opone una importante tradición francesa, que es la
tradición centralizadora, que se conoció primero
durante la monarquía absoluta, luego con el jacobinismo
y, finalmente, con el bonapartismo. Durante estos períodos
de la historia se impuso lo que Tocqueville llamaba la temible "centralización
administrativa". Es una tradición que se remonta
a varios siglos. Los que trabajan para el Estado tienen sólo
eso en mente: son centralizadores y partidarios del estatismo.
Piensan que cuando hay un problema sólo el Estado puede
tener la solución.
¿Incluso
la derecha francesa?
En
la derecha no son liberales, por una razon de tradición
de la monarquía absoluta bonapartista y partidaria del
estatismo. En la izquierda no son liberales porque siguen con
la lógica de la lucha de clases y no tuvieron un aggiornamento
de la tradición marxista. Consecuencia, no hay liberales
en Francia.
Se
dice que en Francia la derecha aplica políticas de
izquierda y la izquierda políticas de derecha...
Es
cierto que entre los gaullistas existe esa idea un poco extraña, probablemente de origen cristiano, en la que
hay un fuerte acento de la política social. Siempre tuvieron
esa idea, muy católica, de que el capitalismo no es algo
bueno, como tampoco lo es el socialismo. ¿Qué es
lo bueno? Como los políticos no son gente que piensa,
sino más bien que actúa, no tienen tiempo de pensarlo.
Viven con ese mecanismo en la cabeza.
¿Todos los políticos?
Hay
algunos que comprenden la importancia de pensar el momento
mirando el futuro. El popular
ministro de Finanzas Nicolás
Sarkozy, por ejemplo, da la impresión de que sabe adónde
va, de que tiene proyectos a largo plazo. Por eso es popular.
Los políticos muy a menudo tienen una visión de
corto plazo. Sólo viven el momento.
Si
viven el momento, son incapaces de pensar en reformas para
el futuro...
Tomemos
como ejemplo el gobierno francés. Hoy ocupa
su tiempo discutiendo con líderes sindicales. Uno se pregunta
quién es el más fuerte. ¿El líder
sindical? ¿Qué representa? Nada, en la medida en
que el sindicalismo sólo está instalado en el sector
público. Hay muy poca sindicalización en el sector
privado. ¿Qué hacen los líderes sindicales?
Se contentan con luchar para conservar sus derechos. Esto se
llama una democracia, pero lo asimilo más bien a un régimen
zarista, un ejecutivo por un lado y, por el otro, los señores
feudales. El único problema que preocupaba al zar era
lograr un acuerdo con los señores.
En
su ensayo "Por qué a los intelectuales no les
gusta el liberalismo" afirma que las ideas simples venden
más. ¿Es porque son mejores?
Es
porque son simples. Una idea simple y útil en el
sentido ideológico es fácil de asimilar. Si se
tiene una idea simple y que al mismo tiempo sirve a una causa
ideológica defendible, entonces la idea se instala...
incluso si es falsa.
También en su ensayo enumera varias clases de intelectuales. ¿Cuáles
son?
La
noción de intelectual recubre varias categorías
muy extrañas y diferentes. Puede designar a los intelectuales
a lo Zola o Voltaire, que utilizan su prestigio para llevar adelante
una causa moral. Pero también designa a la categoría
socioprofesional de los que producen ideas, tanto en lo humano
y lo social como en lo político. Hay otras distinciones
derivadas de lo que busca la gente. Están los que buscan
aumentar el saber. Weber, por ejemplo, que no publicó nada
en toda su vida. También están los intelectuales
militantes, que defienden una causa o una idea. Luego están
los que piensan en salir por la televisión. Es otra distinción:
los intelectuales mediáticos.
Se
le ve un poco indignado por esta última categoría
de intelectuales...
Creo
que molestan. Molestan porque perturban la producción
del saber. Un sociólogo debe presentar ideas más
o menos importantes, pero sólidas, que permitan comprender
o explicar mejor las cosas. Los intelectuales mediáticos
afectan a los demás, ya que no son serios y molestan a
los otros. Desgraciadamente, como hay una decadencia de las universidades,
la gente brillante se va a vender a los medios, ya que consigue
un reconocimiento más importante, mayor prestigio y dinero.
¿Piensa
que hay una crisis en el nivel universitario?
Hay
cosas serias que se hacen, pero no son muy visibles. Cuando
se piensa en
sociología, el gran público ve a los
sociólogos de manera superficial, y sólo a los
que son públicamente conocidos. También hay una
crisis de la gente que es muy talentosa y que hace cosas mediáticas.
Mencionó que hay una crisis de investigación
en Francia...
Las
instituciones fundamentales de investigación fueron
creadas después de la guerra, con un estilo similar a
las instituciones existentes en los países comunistas.
Aparatos enormes centralizados, como era la Academia de las Ciencias
de la ex URSS. El Centro Nacional de Investigación Científica
(CNRS) -el Conicet francés- es algo único en el
mundo, un aparato inmenso. Ahora empiezan a comprender que hay
que tratar de tener instituciones más flexibles. Los estadounidenses
y los alemanes tienen instituciones más flexibles, pequeñas
estructuras que abarcan un poco de cada tema y que incitan a
la investigación. En Estados Unidos todo está muy
descentralizado. Acá se empieza a comprender que hay que
poner plata para la investigación, que es algo muy importante.
Finalmente, hay que reestructurar el sistema. Ahora la pregunta
es saber si el gobierno tendrá el coraje de enfrentarse
con los investigadores.
¿Cree que una institución
como el CNRS no es eficiente?
Simplemente
hay que ver qué es lo que no va en las instituciones
y acabar con el despilfarro. Estamos de acuerdo en que existe
el buen despilfarro, que se hace en investigaciones serias para
tal o tal otra cosa, y está el mal despilfarro: cuando
se le paga a gente por no hacer nada. Y lo hay. Acá hay
instituciones con centenares de investigadores, como el Instituto
Nacional de la Investigacion Pedagógica. Allí hay
centenares de investigadores. ¿Qué hace esa gente?
Son los que no son capaces de enseñar. Entonces se los
manda a un instituto de investigación sobre la enseñanza.
No hay país serio sin una política de investigación
seria.
¿Cree
que hay un sistema alternativo al liberalismo?
Nadie
cree hoy en un sistema alternativo, sólo los musulmanes.
Hay aportes importantes de nuevos actores, como Attac, una organización
que hace un buen trabajo al denunciar el trabajo infantil en
la India y al impedir que la empresa Nike haga trabajar allí a
los niños. Pero no hay un sistema alternativo: es la tercera
función del Estado, según Adam Smith, adoptar todas
las iniciativas deseadas desde el punto de vista del interés
general y que no se puede esperar que sean tomadas por el sector
privado.
¿Piensa
que hay terroristas intelectuales?
Sí, y son peligrosos. Hubiera sido mejor que las ideas
de Lenin no se hubiesen instalado. Quien dice intelectual dice
sentido de la complejidad de la crítica, de la tolerancia.
Cuando se es terrorista ya no se puede ser un buen intelectual.
Por
Patricio F. Arana, para La Nación (Buenos Aires) / Agosto
12, 2004
...............................................................................................................................................................................................
|