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De El País, Montevideo
Carlos Alberto Montaner, periodista y escritor
Carlos Alberto Montaner, el cubano residente en Madrid, cuyas columnas semanal-mente publica El País estuvo en Uruguay presentando su nuevo libro, "La libertad y sus enemigos", editado por Sudamericana
EP: ¿En qué estado se encuentra el liberalismo en América Latina?
CAM: Yo creo que en un momento no muy bueno. Hay una especie de operación demoledora de los neopopulistas que han conseguido demonizar la palabra liberal y que hablar de las reformas que hay que hacer y que son inevitables como algo contrario a los intereses de la sociedad latinoamericana. Todo eso es grave porque lo único que provoca es distanciarnos del centro técnico, científico y económico en el mundo y empobrecernos más. Subrayar nuestro subdesarrollo y provocar más conflicto.
EP:La idea de populismo en América Latina no es nueva, pero ¿cómo se da el surgimiento de ese neopopulismo?
CAM: Lo que pasó es que se replegaron en la década de 1990 ante el fracaso de todas las variantes de la vasta familia populista. Pero efectivamente las reformas liberales en América Latina fueron tímidas o incompletas, o estuvieron llenas de contradicciones como en el caso argentino donde algunas reformas liberales fueron acompañadas por casos de corrupción, y simultáneamente hubo un aumento exponencial del gasto público que al final provocó una crisis de las finanzas nacionales que arrastró incluso a Uruguay. Todo eso lo generó un nuevo discurso populista que acusaba a las reformas de haber sido las causantes de los problemas de América Latina, cuando no fueron las reformas, esas reformas falsificadas, la acción incompetente y en algunos casos dolosas del Estado. Pero lo que nosotros hemos aprendido y hemos visto en el mundo entero es que cuando esas reformas se han hecho bien y durante un largo periodo, se produce una reducción sustancial de la pobreza. El caso más interesante es Chile donde la pobreza se redujo de 42% a 18%, como consecuencia de la tenacidad con la que se han mantenido las propuestas liberales incluso con un gobierno socialista. Estamos en un punto crítico para las reformas liberales, una sociedad totalmente desconcertada, envenenada por un discurso político que es contrario a la razón y a la experiencia.
EP: Usted menciona a Chile como una excepción. ¿Qué tienen de distinto los chilenos que pudieron mantener un modelo desde Pinochet hasta Lagos?
CAM: El tiempo que duró la reforma en Chile, donde se absorbió el primer momento el impacto del cambio del modelo económico, fue lo suficientemente largo como para que la sociedad comprobara que es muy conveniente tener un tipo de economía abierta, de economía de propietario. La transferencia de los activos de manos del Estado a la sociedad civil y que todo ese proceso de privatización se hizo con mayor honradez que en otros países, también convenció a la sociedad de que el único lugar donde se hace riqueza es en las empresas y que esas empresas manejadas por el sector privado son más eficientes, generan más fuentes de trabajo, reducen el desempleo, acaban con la pobreza. Entendieron mucho mejor lo que es la clave del desarrollo y la prosperidad.
EP: ¿Ese modelo no tiene un costo social?
CAM: Un político ecuatoriano liberal ponía las cosas en términos muy claros: hay que elegir entre el dolor momentáneo del ajuste o el dolor permanente del desbarajuste. Los países que salen de las crisis son las que se enfrentan a la realidad de una manera inteligente.
EP: En ese crecimiento neopopulista, ¿no puede haber una idea de que el ajuste siempre lo sufren las mismas clases sociales?
CAM: Lo sufren todos. Todos tienen que pagar el costo. Precisamente en esos períodos de crisis quienes menos ven reducidos su nivel de vida porque ya es muy bajo son los indigentes. Quienes tienen que ajustarse y sufren un mayor impacto son las clases medias. Las ricas siempre se las arreglan para salvar su capital.
EP: En "La libertad y sus enemigos," usted menciona la educación y la salud como factores clave...
CAM: No hay nada más cínico para un liberal que decir que el Estado no tiene responsabilidad. Cada persona debe vivir en un modelo de sociedad que le permita desarrollarse hasta el límite de sus posibilidades. Tenemos que potenciar la educación y la salud porque es falso que una persona que carece de educación o vive en condiciones sanitarias infectas tiene las mismas posibilidades de competir que quien goza de una buena educación. Lo honrado es entender que salud y educación más que gastos, son inversiones para despegar.
EP: Hace poco el Departamento de Estado de Estados Unidos, calificó al presidente venezolano, Hugo Chávez, como un elemento "contaminante" en la región. ¿Coincide con eso?
CAM: No tengo la menor duda de que en Chávez hay un componente mesiánico, con algunos elementos de acción internacional que lo llevarán a la injerencia en todos los países de América Latina. Chávez es un hombre convencido de que sabe cómo gobernar al mundo, para que el mundo sea feliz y va a hacer todo para modelarlo a su voluntad. Como tiene US$ 40 mil millones, eso lo convierte en un actor muy peligroso en el concierto internacional. Los venezolanos hacen una comparación y dicen que Chávez es como un mono borracho con una escopeta en la mano. Es un tipo dogmático, loco. Y su mano estará detrás de muchos procesos latinoamericanos, ya sea financiando o subsidiando.
EP: Pero a diferencia de Fidel Castro que cumplía ese papel en las décadas de 1960 y 1970...
CAM: Utilizando los recursos la Unión Soviética y ahora Castro hace el papel de la Unión Soviética para Chávez. La estructura, el modo de operar, las redes de amistad, llevan a que ya se pueda hablar de un "castro-chavismo" como una vertiente del populismo totalitario, en esta caso marxista leninista.
EP: Pero a diferencia de Castro, Chávez ha sido respaldado en las urnas.
CAM: Sí. Yo creo que un tercio del país, apoya a Chávez y el resto está bastante desconcertado.
EP: En ese panorama, ¿cómo tomó usted que una de las primeras medidas del nuevo gobierno uruguayo fue reanudar relaciones con Cuba?
CAM: Hay una simpatía ideológica al gobierno cubano, por sectores que estuvieron muy cerca y mantienen sus viejos lazos. En su momento, Tabaré Vázquez, —que hasta ahora es un demócrata, no hay nada que apunte en otra dirección— tendrá que tomar una decisión con respecto a la dictadura más vieja del mundo. Cualquier decisión, si la toma desde una perspectiva democrática, lo va a enfrentar a algunos sectores de su propia coalición, una aglomeración política de elementos muy diversos, pero eso generará una contradicción entre el multipartidismo en el que cree y un movimiento estalinista como el de Cuba. Una situación parecida sufre Kirchner. Ya hay algunos indicios de cierto distanciamiento de Lula hacia Castro y hacia Chávez. Algo de eso ocurrirá con Vázquez y Kirchner.
EP: ¿Que pasa con la democracia en América Latina?
CAM: Todavía está muy viva la vieja tradición populista antidemocrática. Perón nunca sacó menos de 62% de votos en las tres contiendas electorales en las que participó. Eso es verdad en prácticamente en todos los países de América Latina, donde hay una especie de vinculación emotiva a la democracia, pero sin saber exactamente a qué se refiere. No entienden que más importante que la propio aritmética electoral es el respeto por el estado de derecho, los derechos humanos, el respeto a las minorías, la búsqueda de consenso entre grupos distintos, todos los valores que acompañan, que le dan sentido a la democracia. Si la información que tiene la sociedad es inadecuada, las decisiones serán estúpidas y conducirán al desastre. Si la información es correcta, se explica por qué un hombre como Chávez no puede ser electo en Suiza. Estas son sociedades confundidas en cuanto a lo que es la democracia y el estado de derecho.
EP: Usted se pregunta en el libro, "Por qué es pobre Panamá". Yo traslado la pregunta hacia ¿por qué es pobre Uruguay?
CAM: Los uruguayos tienen una idea demasiado crítica de la realidad uruguaya. Cuando uno viaja por el mundo ve que Uruguay tiene muchas cosas que son salvables y de sociedades desarrolladas, en muchos aspectos y en otros no. Pero esta no es una sociedad desesperada. Hay cosas en Uruguay que permiten que en el curso de uno o dos generaciones Uruguay podría estar dando un salto como el que dio España, como el que está dando Chile, como el que dio Irlanda.
EP: Eso, para esa visión crítica que, usted planteaba, el uruguayo tiene de sí mismo es como el colmo del optimismo...
CAM: Yo no sé por qué Uruguay es un país pesimista. Es un país que tiene el capital humano y social para dar un salto al primer mundo.
Una charla que explica un continente entero
Dentro de la gira de presentación de La libertad y sus enemigos, Carlos Alberto Montaner,, dará hoy (Junio 22) una conferencia titulada "La crisis ideológica de América Latina", a la que invita el llamado Círculo Liberal.
En su comunicado, el grupo afirma que "frenta a la actual coyuntura regional con una mayoría de gobiernos progresistas de tendencias socialistas, comunistas y otros tantos, en un continente con una historia reciente y pasada plagada de populismos, intentonas revolucionarias y propuestas fuera de toda lógica racional, parece imprescindible pensar y analizar: ¿en qué estamos pensando? y ¿hacia dónde queremos ir?"
Junio 27, 2005
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