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Por Ana Carbajosa, Madrid *
Los pobres pagan mejor que los ricos

(Hoy, Octubre 13, 2006, el Comité del Premio Nobel de la Paz ha divulgado el galardón de este año, otorgado al bengalí Muhammad Yunus. Por su interés, reinsertamos una entrevista publicada en esta página en Noviembre de 2002. A lo largo de su carrera, el Dr. Yunus ha recibido 60 premios de unos 20 países, lo que demuestra su éxito en combatir la pobreza al crear riqueza sin acudir a la demagogia. Para más detalles, pulsa www.grameen-info.org).

Entrevista a Muhammad Yunus, de Bangladesh, el banquero de los pobres.

Conocido en todo el mundo como “el banquero de los pobres” que inventó los microcréditos, Muhammad Yunus (Bangladesh, 1940) creó hace 10 años un banco para los que nunca recibirían un crédito por no tener aval ni bienes que hipotecar. Desde entonces, el Grameen Bank ha prestado dos mil millones de euros en microcréditos a 3.5 millones de pobres que se han convertido en accionistas del banco y ha abierto sucursales en más de 100 países. Este doctor en Economía es un ferviente defensor del capitalismo y ha demostrado que los pobres son menos morosos que los ricos. Yunus ha recibido varios premios, entre ellos el Príncipe de Asturias a la Concordia en 1998, y ha participado esta semana en un curso de microempresas en la Fundación Rafael del Pino, en Madrid.

P. ¿Qué condiciones hay que cumplir para obtener un crédito del Grameen Bank?
R. Hay que ser mujer, pobre y estar dispuesta a formar parte de un grupo.

P. ¿Por qué sólo mujeres?
R. Nos dimos cuenta de que los bancos en Bangladesh no prestaban dinero a las mujeres. Cuando iban a pedir un crédito les preguntaban si lo habían discutido con el marido, y les pedían que volvieran con él. Las mujeres no se sentían reconocidas y no volvían. Así que el Grameen Bank establecimos una cuota del 50% para las mujeres. Luego nos dimos cuenta de que el dinero que les dejábamos a las mujeres era mejor aprovechado, y que invertían en la educación de sus hijos, en su futuro. Los hombres eran más descuidados y sólo pensaban en el presente. Hoy, el 95% del Graneen Bank son mujeres.

P. ¿Qué cambio ha supuesto esto en las familias bangladesíes?

R. Antes la mujeres no manejaban dinero. Ahora tienen la casa a su nombre, la vaca, la máquina de coser, y eso hace que el hombre no pueda echarlas de casa cuando quiera, y los padres tampoco. Al invertir en sus hijos, hacen que la próxima generación no tenga que vivir en la pobreza.

P. ¿Cómo han reaccionado los maridos?
R. Al principio pegaban a las mujeres que acudían a nuestro banco, pero les explicamos los beneficios que los microcréditos iban a tener sobre la familia y redujimos la tensión familiar.

P. Hay quienes critican su proyecto por considerar que las clientas del Graneen trabajan durante jornadas interminables para devolver los créditos y además tienen que seguir cumpliendo con las obligaciones familiares. En definitiva, que viven peor que antes de obtener el crédito.
R. Las mujeres son libres para decidir si quieren entrar en el banco. Es una opción, no una ley del Estado. Los que dicen que esto es una nueva carga creo que no entienden de qué se trata. Tener un hijo también es una carga, y por eso no dejan de tenerlo, porque a la vez es un placer.

P. ¿Con qué tasa de interés trabaja su banco?
R. Cobramos un 20% de interés simple en los créditos monetarios, un 8% para los créditos inmobiliarios y un % para los educativos. Los bancos comerciales en Bangladesh tienen tasas de interés entre el 8.5% y el 12%.

P. Ustedes no piden garantía ni aval. ¿Cómo consiguen que devuelvan los créditos?
R. Nuestro aval son las relaciones humanas. Si dejan de pagar, sufrirán la presión del grupo al que pertenecemos en el banco. Nos basamos en una relación de confianza, y funciona. El 98% de nuestros créditos son devueltos, una tasa de devolución mucho mayor que la de los bancos de Bangladesh, a los que acuden los ricos, donde sólo entre el 10% y el 20% de los créditos son devueltos. El aval es una manera de tener a los pobres fuera de los bancos.

P. ¿En qué invierten el dinero los beneficiarios de sus créditos?
R. En pequeños negocios. Procesan arroz, compran máquinas de coser para negocios textiles y teléfonos móviles para montar locutorios en aldeas. Hay de todo.

P. El modelo Graneen ¿se ha exportado a otros países?
R. Se ha implantado en cerca de 100 países. También en países desarrollados como Estados Unidos, Noruega, el Reino Unido, Francia...

P. Después de 20 años en el Graneen, ¿qué ha aprendido sobre cómo combatir la pobreza?
R. Los pobres son víctimas de una pobreza creada por las instituciones como los bancos, que no les prestan un servicio. Los pobres son gente activa, con energía, pero que no la pueden canalizar porque no disponen de un mínimo material. Los gobiernos piensan en los pobres como en gente que necesita que les den cosas, no como personas capaces de aportar. Además, cuando consiguen salir de la pobreza se convierten en consumidores y la economía se pone en marcha.

P. Entonces considera el capitalismo el sistema óptimo para erradicar la pobreza?
R. Sí creo en el capitalismo y en el libre mercado, porque considero que no hay otra opción. Si el Estado hace todo por ti, te conviertes en una persona dependiente, inválida. Sólo con el capitalismo la gente puede actuar libremente. Yo procedo de Bangladesh y he visto gobiernos corruptos, ineficientes, por eso no creo en la intervención del Estado. Pienso que la economía debe estar en manos privadas, y si lo hacen mal, que los castiguen. Sin embargo, cuando el gobierno lo hace mal, ¿quién los castiga?

P. ¿Los votantes?
R. No, porque los partidos son una opción limitada. Viene uno de la derecha y deshace lo que hizo el de la izquierda y viceversa, no son una verdadera opción. El individuo sólo puede desarrollar su creatividad fuera de la acción del Estado.

* Para El País, Madrid, Noviembre 25, 2002 / Octubre 13, 2006
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