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Por Zoe Valdes, desde París *
El lado frío de la celda

Antes de entrar en materia deseo aclarar que en esta tribuna expreso mis opiniones personales.

Qué suerte que tienen otras, mi marido no lee ni corrige lo que escribo (aunque estemos de acuerdo en muchas cosas puesto que él es cubano y exiliado igual que yo) y se encuentra muy ocupado en la realización de varios documentales (ocho ya) sobre pintores cubanos exiliados y sobre un cantautor de rai polémico y muy popular en Argelia que fue asesinado en el año 1995.

Rara vez mis amigos leen mis escritos antes de que yo los publique.  Algunos se hallan muy distantes, encarcelados en Canaleta o en cualquier hueco perdido de la isla o simplemente encerrados en la isla cárcel, sin libertad para tomar un avión cuando quieren, ni siquiera un tren para desplazarse de una provincia a otra dentro de su propio país. Otros amigos se encuentran en el fragor del exilio, luchando a brazo partido por buscarse honestamente un lugar en el mundo. Mis artículos para este periódico los escribo en soledad, pero acompañada en la lejanía por muchas personas que piensan y sienten lo mismo que yo. Después se las envío a mi agente literario, quien a su vez las manda a la redacción del periódico. Aclarado esto, prosigo.

En la tirada del día 16 de noviembre, en este mismo espacio del periódico, la escritora Belén Gopegui retoma sus errados puntos de vista sobre mi país.

Déjenme decirles que Belén Gopegui es afortunada. Apenas su novela salió calentita del horno, que quemaba las manos, El País, el mismo diario que ella critica en esta columna, le dedicó una doble página, con foto a color, soberbia crítica del señor Rafael Conte, cosa que no suele ocurrir con frecuencia con la mayoría de los escritores españoles y mucho menos latinoamericanos. Una semana después, leí una entrevista de Gopegui en el semanario oficial castrista Juventud Rebelde y otra en La Jiribilla. Suceso raro en la prensa cubana. Me pregunto cuántos libros ha reseñado y a cuántos escritores españoles después de Gopegui o antes de ella han destacado los periódicos isleños.Que yo recuerde, más bien pocos o ninguno. Gopegui intenta exprimir la llaga del pueblo cubano, y no sólo con «ausencia de argumentos», sino con falsos argumentos. La escritora declara que el debate que produjo su novela El lado frío de la almohada estuvo «marcado por la ausencia de argumentos».

Hace poco me preguntaron en Cádiz sobre los escritores cubanos dentro de la isla. Dije que la mayoría se hallaba en prisión, como era el caso hasta ayer de Raúl Rivero y es aún el caso de Régis Iglesias Ramírez, cuyo poemario Historias gentiles antes de la resurreción, poemas escritos en la cárcel y sacados por su mujer en papelitos diminutos, ha sido publicado por la editorial Aduana Vieja de Cádiz y presentado en el evento Con Cuba en la distancia. Por cierto, aconsejo a Gopegui, y no sólo a ella, que lea ese libro desde el prólogo hasta el epílogo para que se entere de algunos detalles importantes de las cárceles cubanas.Cuando me preguntaron por escritores de la isla, digo, mencioné a algunos, a Reina María Rodríguez y a Pedro Juan Gutiérrez , buenos escritores, pero, tengo que decirlo, cuya posición ambigua deja mucho que desear, aunque se pudiera comprender dado que viven unos cuantos meses al año en el interior de Cuba, sobre todo Pedro Juan Gutiérrez , que viaja con frecuencia. De todos modos, criticables por supuesto, no han llegado a la desvergüenza de un Pablo Armando Fernández, remitiéndole poemitas de amante fiel al dictador a través del periódico Granma, celebrándole el cumpleaños en su casa hace unos años o a la de otros, cargando maletas repletas de quesos franceses para saciar la exquisita gula del Coma Andante.

En un futuro creo que algunas de las actitudes semejantes a las de Reina María o Pedro Juan Gutiérrez habrá que pasarlas por alto, no digo olvidarlas, pero sí echar hacia delante y punto.La Historia enjuiciará a los demás, a los que como Pablo Armando Fernández, entre otros, decidieron traicionarse a sí mismos.En cuanto a las opiniones y acciones colaboracionistas de escritores como Belén Gopegui, no es la única, resultan indignantes y no deberíamos perdonarlas, como Francia no ha perdonado del todo a Céline.

La novelista cita a Silvio Rodríguez. Me pregunto si ha estado en la residencia del trovador y después ha visitado la modesta casa de la madre de Raúl Rivero. Conozco ambas. Me pregunto por qué no cita al roquero Sherpa, cuyo disco Guerrero en el desierto es una joya de honestidad y calidad artística; le recomiendo la canción Dura condena. Aunque como en Cuba se persigue a los roqueros y a los raperos, seguramente la escritora lo ignorará.

En cuanto a que «es una grave mentira afirmar que los 75 disidentes, condenados por atentar contra la independencia del Estado cubano y por colaborar con la Ley Helms-Burton , fueron a prisión por pensar distinto», desde luego que una persona opine de este modo confirma el nivel de calumnia, de vejación, de mentira, de oportunismo, del cual se vanaglorian todavía los comunistas. «Las cien mentiras» las ha dicho Belén Gopegui con toda intención de usar publicidad a favor de su libro y de humillar a los cubanos. Parece que ha olvidado la solidaridad con la que ese mismo pueblo recibió a los españoles en múltiples ocasiones, entre ellos al padre del propio Fidel Castro.

A Belén Gopegui le publican en El País y en El Mundo, los dos diarios más sobresalientes de España, la mayoría de los medios dedica espacios a su novela, los periódicos castristas se desviven por entrevistarla. Si en España dominara Castro, la novelista ni siquiera podría soñar con tales proezas, que ya quisieran muchos escritores, no sólo cubanos, también españoles. Con sólo soñar, Belén Gopegui estaría encerrada en una húmeda celda de castigo, conviviendo con ratas, padeciendo una grave afección pulmonar, sin médicos, sin medicinas. ¿Cree que también esto merecen los presos cubanos? Desde luego, seguramente, Gopegui apoyó y apoya los fusilamientos masivos que han seguido ocurriendo en Cuba desde el año 1959 y cómo no, apoyará, como apoyó Silvio Rodríguez, las ejecuciones de tres jóvenes negros hace más de un año, en 48 horas, sin juicio, las madres y familiares de estos jóvenes se enteraron cuando ya eran cadáveres. Ni siquiera pudieron ver los cadáveres, sólo porque intentaron escapar de su país, máxima aspiración del hombre nuevo cubano.

¿Por qué no entrevista la escritora al preso que más años estuvo en la cárcel? A Mario Chánes, luchador contra la dictadura de Batista, Castro lo metió 30 años y un día en la cárcel, su hijo nació y murió, y a él no le permitieron asistir ni al nacimiento ni al entierro. ¿Es eso ausencia de argumentos? Que se ponga en contacto conmigo, que puedo darle el teléfono de Mario Chánes o simplemente que investigue, como han hecho tantos periodistas y escritores honestos de España y del mundo.

Pero en Gopegui no anda ni mucho menos sola. Junto a ella podemos adivinar al ministro de Cultura de Cuba, que tiene a la cultura en el exilio. La prueba es la gran cantidad de conferencias sobre música, sobre pintura, sobre arquitectura, los conciertos, los recitales de poesía que pudimos disfrutar durante el evento Con Cuba en la distancia. Por cierto, a sus organizadores, dos jóvenes cubanos, los han amenazado con anónimos. ¡Qué acto de valentía! El busto de José Martí fue mancillado y sobre él escribieron improperios racistas. Abel Prieto, ministro de Cultura de Cuba, mientras estuvo en Cádiz, qué casualidad, acompañado de Gopegui y para la movida de un contracongreso organizado a la defensiva, aseguró que Celia Cruz pidió permiso para entrar en Cuba, pero que «la mafia» de Miami se lo impidió. Qué aburrido, siempre el mismo discurso. En el mercado se halla el libro de memorias de Celia Cruz, una gran artista que no se cansó de repetir que no regresaría a Cuba mientras gobernara el monstruo. Hay que tener desvergüenza para mentir por encima de la memoria de un muerto. Celia Cruz no puede defenderse, pero su viudo podrá hacerlo por ella. Cuidado, señor ministro, de este lado hay leyes.

Por último, debo aclararle a Belén Gopegui que soy feminista, por si acaso no ha leído mi obra. Pero ante todo soy un ser humano, milito en mi causa que es mi dolor más profundo, el de vivir exiliada de un país al que amo, con mi hija y mi marido. Mi hija apenas recuerda su país. Mi madre y mi padre, trabajadores humildes, murieron en el exilio como tantos otros padres de exiliados cubanos.Soy feminista porque soy mujer, pero no soy feminista machista leninista, téngalo por seguro.

Será la última vez que haga referencia a un artículo de Gopegui.No me gustan ni ella ni su novela. Y tampoco me gustan los colaboracionistas del fascismo, del franquismo, del pinochetismo y de todas las dictaduras. Podría recomendarle un título: Quitarnos las máscaras o El lado frío de la celda.

La celda de los poetas, bibliotecarios y periodistas que aún ella no se ha preocupado de visitar.

* Para El Mundo (Madrid) / Diciembre 1, 2004
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