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Por Ramón Colás, Miami
Los dólares que llevaron el desastre a Cuba
El régimen cubano ha respondido, con los argumentos de siempre, al conocer las recomendaciones hechas por parte de la Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre, presidida por la Secretaria de Estado de los Estados Unidos Dra. Condoleeza Rice y el Secretario de Comercio Carlos Gutiérrez al presidente norteamericano, George W. Bush.
En el documento se expresa, en una de sus partes, la postura responsable de Estados Unidos con el pueblo de Cuba durante el periodo de transicion hacia una democracia en la isla. Esa posición se resume en el siguiente compromiso con el pueblo cubano:
- Un mensaje de esperanza de Estados Unidos al pueblo cubano.
- Una declaración clara de los principios para asegurarles a los cubanos
que Estados Unidos los respalda en su anhelo de libertad.
- El compromiso se dirige directamente al pueblo cubano.
- El mensaje a los cubanos es que mientras hagan la transición a la
democracia, estarán seguros en sus hogares y contarán con la amistad y
asistencia concreta de Estados Unidos, la cual incluirá ayuda
humanitaria y asistencia para que se recuperen económicamente y
celebren elecciones libres.
En otra parte del informe de la Comision para la Asistencia de una Cuba Libre se expresa con exactitud las siguientes recomendaciones hechas al Presidente de los Estados Unidos
- Dar a los cubanos herramientas necesarias para prepararse para un cambio [Alentaremos y apoyaremos a los cubanos que quieren un cambio al proporcionar información no censurada por medio de trasmisiones convencionales y por satélite, y el Internet, y al reforzar los movimientos democráticos. Durante los próximos dos años fiscales, 2007 y 2008, se proporcionará $80 millones para respaldar dichas actividades].
- Generar apoyo para una transición a un gobierno legítimo y democrático.
[Nos dedicaremos a aprovechar el ímpetu generado por los propios cubanos a favor de un cambio democrático auténtico en su país al alentar a otras democracias a que respalden el derecho de los cubanos de forjar un futuro democrático para Cuba].
- Debilitar la situación económica y estrategias para la supervivencia del régimen. [Mejoraremos la aplicación de las sanciones existentes para continuar ejerciendo presión económica en el régimen y limitar así su capacidad de sustentarse y de reprimir al pueblo cubano].
- Planear el apoyo a un gobierno de transición en Cuba. [Estaremos listos para prestar ayuda en orden de prioridad a un gobierno de transición en Cuba que tome medidas rápidas para celebrar elecciones libres e imparciales con la participación de varios partidos, y actualizaremos y adaptaremos nuestros preparativos para mantener el paso con los propios cubanos en un proceso continuo de respaldo a los cubanos en su transición hacia la libertad].
El informe ofrece detalles sobre la asistencia que el gobierno de Estados Unidos prestará a un gobierno de transición en Cuba:
- Necesidades humanitarias: Prepararnos a ayudar al gobierno de transición de Cuba a comenzar a atender las necesidades inmediatas de agua, servicios sanitarios, salud, vivienda y educación requeridos por el pueblo cubano.
- Elecciones libres e imparciales: Ayudar a los cubanos a vencer obstáculos y crear un entorno estable y abierto en que puedan celebrarse elecciones libres e imparciales.
- Oportunidades económicas basadas en el mercado: Ayudar a estabilizar la situación macroeconómica en Cuba y promover las condiciones para el desarrollo de la libre empresa.
Los argumentos de La Habana definen la ayuda contenida en este documento como una intromisión del gobierno norteamericano en el destino de Cuba y que constituye de hecho, una violación a su soberanía. También aduce que los fondos propuestos son para subvertir por la violencia a la sociedad cubana, para al final anexar la Isla a Estados Unidos.
Lejos de la verdad, son esas manifestaciones desesperadas, que se fundamentan en la retórica ya acostumbrada del régimen cubano en inducir mayor tensión en sus relaciones con el vecino del norte. El propósito de La Habana es conseguir el apego del pueblo al modelo existente mediante la manipulación y la falsa idea de que Estados Unidos invadirá a la isla. Bajo esas premisas, interpreta al movimiento disidente como un apéndice de Washington, intentando degradar su dignidad al considerarlo mercenarios a sueldo del imperio. En gran medida, busca justificar su intolerancia y la despiadada persecución en contra de los activistas por la democracia dentro de Cuba.
Ninguno de los proyectos de la disidencia interna contiene una sola palabra que estimule a la violencia y al desorden social en la isla. Este movimiento en sus largos años de lucha, no ha presentado como opción para el cambio el enfrentamiento bélico entre cubanos. Las demandas siempre han sido promover un espacio público donde ejercitar los derechos que le asisten al pueblo de elegir a sus gobernantes, acceder a la información libre, a la libertad de asociación, reunión, movimiento y expresión entre otros principios universales contenidos en la Declaración de los Derechos Humanos.
En el año 2003 el régimen cubano embistió sus fuerzas represivas y policiales, de manera desproporcionada y agresiva, contra el movimiento disidente interno. Setenta y cinco activistas de diferentes áreas de la oposición fueron detenidos y inculpados sumariamente en un proceso judicial sin garantías jurídicas. Previo a cada detención, sus hogares fueron allanados confiscando libros, equipos de fax, teléfonos inalámbricos, computadoras, maquinas de escribir y otros medios de trabajo hasta ese momento utilizados para expresar su opinión contestataria contra el régimen cubano.
En ninguno de los juicios se presentaron pruebas para incriminarlos por poseer armas o equipos que pudieran dañar a otro cubano. Tampoco proclamas, documentos y proyectos que promovieron los cambios necesarios en Cuba mediante la violencia o la confrontación armada.
Estados Unidos es libre de apoyar la democracia en el mundo. Eso es justamente lo que hace cuando decide asistir a los luchadores por los derechos civiles de la isla. Cuba es un país de América Latina y hasta hoy es el único con un sistema totalitario de corte estalinista que limita el ejercicio de todas las libertades. “Los Pueblos de América tienen el derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla” Esa declaración es el punto de partida de la Carta Democrática Interamericana, la cual fue firmada por el conjunto de todas las naciones del hemisferio con excepción de Cuba y es justo que los países que disfrutan de la libertad y la democracia asuman la responsabilidad de promoverla en aquellos lugares donde no exista.
El papel de Estados Unidos debería ser secundado por todas las naciones de América Latina. Se trata de una cuestión básica que los pueblos y gobernantes de la región olvidan: la violación constante y sistemática a los derechos humanos en Cuba y la negación del espacio público a los actores sociales y políticos es inconciliable con las normas de convivencia y respeto al ser humano.
Un recorrido por la vida de Fidel Castro, nos lleva al año 1955 cuando junto a Juan Manuel Márquez y otros miembros del movimiento 26 de Julio recaudaban miles de dólares bajo los luces de los camarógrafos en Nueva York en un mitin público en esa ciudad norteamericana.
En aquella oportunidad Castro improvisó un discurso donde exponía el carácter supuestamente democrático de su futura revolución, la cual para originarse necesitaba, de manera urgente suficientes dólares. En esa oportunidad expresó: “Somos contrarios a los métodos de violencia dirigidos a las personas o a cualquier organización oposicionista que discrepe de nosotros y somos radicalmente opuestos, del mismo modo, al terrorismo y al atentado personal. Nosotros no practicamos el tiranicidio…” Más adelante, y en el mismo discurso, hizo referencia a la necesidad de un cambio en la sociedad cubana: “Miren, el pueblo Cubano desea algo más que un simple cambio de mando. Cuba ansía un cambio radical en todos los campos de la vida pública y social. Hay que darle al pueblo algo más que libertad y democracia en término abstracto, hay que proporcionarle una existencia decorosa a cada cubano; el estado no se puede desatender de la suerte de ninguno de los ciudadanos que han nacido en el país y crecido en él”.
Estas palabras fueron publicadas en la Revista Bohemia del 6 de Noviembre del año 1955, en un reportaje firmado por el periodista Vicente Cubilla Jr, Corresponsal de Bohemia en Nueva York.
¿Cuál era el fin de esas recaudaciones y del dinero en efectivo que lograba obtener las células del movimiento 26 de Julio activas en varias urbes norteamericana? Como todos sabemos, no se utilizó para escribir artículos contra la tiranía anterior, tal y como hoy lo hace la prensa alternativa en la isla. Tampoco para comprar libros y ofrecerle información cultural libre a los cubanos, como alcanzan a promover la lectura sin censura los bibliotecarios independientes. Ninguna clínica recibió esos fondos para salvarle la vida a una persona carente de asistencia médica o de medicinas en Cuba. Sin embargo, el Colegio de Médicos Independientes, con grandes limitaciones, entrega medicamentos e implementos de salud a cubanos de a pie.
Los dólares recaudados por Fidel Castro en Nueva York y que reposaron bajo la bandera norteamericana fueron utilizados en subvertir a Cuba y a su pueblo mediante una guerra que mantiene, cuarenta y siete años después, a todo un país enlutado, empobrecido y dominado con soberbia por una casta de políticos execrables y abusivos. Fueron estos dólares los responsables del inicio de la tiranía más larga y vejatoria que recuerda el hombre.
La actuación posterior de Castro una vez en el poder demuestra, como éste escondía sus verdaderas intenciones dictatoriales ante sus compatriotas. Los argumentos utilizados por Castro para obtener fondos de los cubanos miembros de los círculos de exiliados en aquella época son prácticamente hoy, los mismos que demanda el movimiento opositor a su dictadura, con la diferencia de que este último no pretende engañar al pueblo, ni utilizar la ayuda solidaria ofrecida por el gobierno norteamericano para imponer un sistema antidemocrático e intolerante.
Resulta inaceptable que las autoridades cubanas vociferen a los cuatro vientos que son víctimas de una conspiración de Washington con los oposicionistas internos. Es inadmisible intentar hacer comparaciones entre los disidentes de la isla y las falanges rebeldes liderada por Fidel Castro que lo llevo al poder mediante acciones de fuerza y de violencia contenida. Aquellos actos impusieron al pueblo de Cuba una dictadura comunista que ha excluido del espacio público a sus opositores. Sin embargo, los disidentes trabajan para diseñar una sociedad en capacidad de consentir la concordia de todos sus hijos y de ejercitar la libertad en las diferencias.
Los que consideran que la ayuda que ofrece el gobierno norteamericano es inmoral deben revisar el programa financiero del régimen cubano para sufragar los gastos de los grupos subversivos que operaban en América Latina y los movimientos de Liberación Nacional en diferentes países de África. Solo el Departamento América del comité central del partido comunista de Cuba que dirigía el desaparecido Manuel Piñeiro (conocido como Barba Roja) manejaba un multimillonario presupuesto destinado a fines militares y logísticos en Latinoamérica, superior a los fondos que el estado cubano dedica en la actualidad a la educación en una provincia como Santiago de Cuba, con una población superior al millón de habitantes. Sin embargo, los métodos utilizados para obtener esos dólares fluctuaban entre la extorsión, el asalto a bancos, el robo y hasta el asesinato.
La transparencia de la Asistencia para una Cuba Libre está contenida en la tradicional política de ayuda al progreso por parte del gobierno norteamericano y sus agencias internacionales para la implementación de la democracia y el desarrollo en el mundo.
Nadie puede negarle legitimidad al movimiento prodemocrático cubano de hoy y a su variante de lucha Cívica-No Violenta. Estados Unidos, ha sido en este largo período de régimen totalitario en la isla, el único país dispuesto a enfrentar los desafíos que implica apoyar a quienes abiertamente se enfrentan al oficialismo cubano. Otros han vacilado, dando la espalda al pueblo de la isla y su complicidad ha servido para amordazarse en compromisos grotescos con las autoridades de La Habana.
Tenderles puente de solidaridad a los demócratas cubanos en la Isla y asumir responsablemente un compromiso con los cambios en Cuba, es el mejor enfoque político que puede ofrecer una nación como Estados Unidos a los que aspiran en la Isla con crear una sociedad abierta para el bien de todos. La democracia norteamericana, al abrir sus puertas a los exiliados cubanos para resguardarlos del sectarismo y el trasgresión del sistema totalitario castrista, lo asumió conciente de que un día llegaría a su fin las causas que originaron el escape del 20 por ciento de los ciudadanos de nuestro país.
La democracia no es solo participación, es también responsabilidad. Los Estados Unidos con su proyecto de Asistencia a una Cuba Libre están cumpliendo con ese principio.
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