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Por Alberto Muller, Miami *

Jesús Díaz, la ética y los despidos del Herald

 

Miami sufrió una conmoción afectiva la semana pasada al enterarse de que tres periodistas profesionales respetables y admirados por la comunidad, como Pablo Alfonso, Wilfredo Cancio y Olga O’Connor fueron despedidos sorpresivamente por El Nuevo Herald.

Debo decir que guardo un enorme respeto por la excelencia periodística de The Miami Herald y de El Nuevo Herald. Así como un afecto muy cercano y especial por los colegas, también excelentes profesionales del medio, como Alberto Ibarguen, Roberto Suarez y Carlos M. Castañeda, éste último ya fallecido (los tres editores eméritos), además  por Humberto Castelló (director), Gloria Leal (directora asociada), Araceli Perdomo (Coordinadora de Perpectiva), Alejandro Armengol y Andrés Reynaldo (ambos periodistas), entre otros.

Jesús Díaz, presidente y editor de The Miami Herald Media Co, que también supervisa las operaciones de El Nuevo Herald, “se manifestó decepcionado por los pagos a esos tres periodistas, por sus colaboraciones informativas con Radio Martí, porque ellos (refiriéndose a los pagos) violan la sagrada confianza entre los periodistas y el público”.

Primero, habría que decirle a Jesús Díaz que cualquier colaboración periodística, ya sea en un medio oficial o privado, no tiene porque violar ninguna confianza pública, si la información de esos profesionales se ajusta a la verdad del hecho acontecido.

Este es el principio ético básico de casi todos los Códigos de Ética en el mundo. Y estoy casi seguro, que además de la opinión pública ni el propio Jesús Díaz tiene dudas de la integridad “con el hecho acontecido” de esos tres periodistas despedidos de la nómina del Herald.

Cuando Jayson Blair fue expulsado del New York Times por sus reportajes mentirosos y llenos de plagios fue precisamente por violar ese principio ético. Y no tengo que decirle a Jesús Díaz la importancia periodística del New York Times como una empresa privada.

Lo que quiere decir que la ética se viola lo mismo en una empresa privada que en una empresa pública. El que viola la ética es la conducta impropia del periodista, no la naturaleza privada o pública de la empresa.

Pero vayamos al punto confuso en la nota de Jesús Díaz en domingo en The Miami Herald, cuando dice “que el está profundamente comprometido en la separación de la prensa con el gobierno”.

Yo estoy absolutamente convencido que los tres periodistas despedidos también están comprometidos con esa premisa. Pero no confunda Jesús Díaz a Radio Martí con el gobierno, a pesar de ser un medio oficial, porque eso es una falacia poco elegante.

Radio Martí también es un medio de prensa con abundantes excelencias en su trabajo informativo y un equipo de profesionales altamente calificados, bajo la dirección de un grupo de profesionales respetables. Y no negamos que sea un medio oficial, como también lo es la Agencia EFE y la Voz de las Américas.

Pero eso no implica, como Jesús Díaz insinúa, que los periodistas de Radio Martí no posean una intachable calidad ética en defensa de la libertad de expresión.

Me consta haber escuchado en infinidad de ocasiones desde las ondas de Radio Martí, críticas de analistas y de periodistas a algunas políticas emitidas desde la Casa Blanca en distintas administraciones.

Y estoy seguro que nunca un periodista de Radio Martí ha recibido orientaciones de la Casa Blanca para cumplir con su trabajo de información hacia Cuba o para defender los linderos políticos del presidente de turno.

Porque entre otras consideraciones, que Jesús Díaz debe conocer, el objetivo loable y fundamental de Radio Martí es abrir un espacio informativo libre en esa isla esclavizada por un sistema comunista autoritario y criminal, bajo el liderazgo de Fidel Castro.

No es materia informativa de Radio Martí salir a inmiscuirse en las polémicas alrededor de las políticas internas de los dos partidos en los Estados Unidos.

Jesús Díaz también debe saber que los pagos a periodistas que laboran en medios oficiales son una práctica común en los Estados Unidos. No hay nada que falte a la ética con laborar en un medio público.

Analicemos otro aspecto de este enrollo de los despidos con el reportaje difamatorio y dudoso de Oscar Corral, que presupone que cualquier periodista que trabaje en un medio de comunicación oficial, como Radio Martí, está comprometiendo su ética profesional.

Corral comete el mismo equívoco disparatado de Jesús Díaz, pues como ya hemos dicho, la ética no se compromete por laborar en un medio privado o público. Pero además comete otros errores aún más graves, que lindan con la difamación, pues involucra a otros periodistas que no pertenecen a la nómina del Herald y compara a los tres periodistas del Herald con el caso conocido de un periodista que recibía dinero para defender un proyecto político.

Sin embargo, aceptemos que McClatchy Corporation, los  nuevos dueños de The Miami Herald, consideran que existe un conflicto de intereses porque sus periodistas laboren en Radio Martí.

Aceptemos esa premisa. Cualquier medio privado tiene el derecho de tener ese punto de vista. Y los periodistas que laboran en el centro, por lealtad, tienen que aceptarlo.

Un periodista no puede transgredir las reglas de su empresa y este es otro principio ético. Pero como el dueño anterior del Herald era Knight Ridder, y nunca pusieron reparos de conflictos de intereses para que estos periodistas, injustamente despedidos, laboraran antes en Radio Martí, entonces la actitud de MacClatchy y de Jesús Díaz debió haber sido otra radicalmente distinta.

Por qué no llamaron a estos periodistas y les dijeron: miren a partir de ahora, MacClathy considera que laborar en Radio Martí y en el Herald al unísono, crea un conflicto de intereses. Por lo tanto, le estamos dando la oportunidad de dejar los trabajos en el medio público para que puedan seguir laborando en El Nuevo Herald.

Ésta era la actitud leal, sensata y correcta con estos tres profesionales de los medios. Pero no fue así lamentablemente.

Y un último punto con aristas muy sospechosas: ¿cómo se explican Jesús Díaz y MacClathy Corp. que la prensa castrista se haya enterado con una semana de antelación del reportaje de Oscar Corral?

La respuesta es compleja y puede ser comprometedora, pero tiene que haber una respuesta. Sencillamente alguien dentro de la empresa MacClathy debió pasar la información del reportaje a los servicios de inteligencia castrista.

Y no me diga Jesús Díaz que desconoce al sucio agente periodista que filtró hacia Cuba este secreto profesional.  No creo que existan más de tres personas que conocieran del reportaje y de la investigación.

Pues dentro de ese grupo está el agente provocador. Y más prioritario y honesto que el despido de Alfonso, Cancio y O’Connor, que son periodistas éticos, hubiese sido para MacClathy Corporation y Jesús Díaz la expulsión deshonrosa del Herald de este periodista que se vende a un país comunista, que no respeta ni cree en la libertad de expresión.

Esperemos confiados en una rectificación de la conducta de Jesús Díaz y de MacClathy Corporation con la injusta expulsión de estos tres profesionales del periodismo. Había otros caminos menos convulsos y más justos.

albmul@bellsouth.net

 

Septiembre 19, 2006
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