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Por Elías Amor Bravo, Valencia
Elecciones “mid-term” en Estados Unidos vistas desde Cuba
Sin duda, hay pocos países del mundo en los que se despierte tanto interés hacia las cuestiones internas de otro, como sucede en Cuba respecto de Estados Unidos. Esta tendencia histórica, que tiene sus influencias culturales, sociales y económicas, se ha visto reforzada, qué duda cabe, durante el largo mandato de Fidel Castro. La obsesión del régimen comunista cubano por seguir de cerca, analizar e interpretar los acontecimientos del vecino del Norte, sorprende a los analistas y observadores de este curioso fenómeno, y no es, como cabría suponer, un residuo de la “guerra fría”. La base de espionaje de Lourdes, que fue un frente de conflicto con Rusia no hace mucho tiempo, no es más que un episodio aislado en ese esfuerzo. Sucede, además, que cuando uno lleva tantos años realizando una misma tarea, y además, con tanto empeño y dedicación como cabe atribuir a Castro, termina siendo un experto cualificado en estos temas.
La campaña a las elecciones “mid-term” del pasado martes, y sus resultados han sido un ejemplo de esa labor de escrutinio, análisis y utilización, en beneficio propio, de los acontecimientos que suceden en Estados Unidos, por el régimen castrista. Sin duda, así ha sido. Granma Internacional, a su manera, y los medios informativos internos sometidos a los estrechos márgenes de la censura comunista, han alargado sus secciones, limitadas por el racionamiento de papel, para realizar análisis críticos de los resultados de las elecciones al Congreso, senado y a numerosos gobernadores estatales, con fuertes ataques a George Bush, al que se considera responsable de prácticamente todos los males. Y lo han hecho desde la perspectiva ideológica, pero también, valiéndose de esa experiencia y conocimiento del escrutinio de la realidad. Y esto es algo que, lamentablemente, los servicios de información estadounidenses, o no han sabido apreciar, o en el peor de los casos, no han sabido otorgar la correspondiente importancia.
Porque una cosa es que los corifeos del régimen comunista cubano, alineados con sectores residuales de la izquierda europea y latinoamericana, no hayan disfrutado atacando a George Bush por lo que ellos interpretan como un fracaso de sus políticas de guerra, y tal parece que se hayan puesto todos de acuerdo para extraer conclusiones más o menos parecidas; y otra cosa bien diferente es que el régimen de Castro, incluso en esta fase terminal y crítica, no aproveche, y con éxito, la coyuntura política del vecino del Norte para obtener beneficios políticos a nivel internacional.
¿Un ejemplo? Ahí está la resolución de condena de Naciones Unidas a la política de embargo ¿embargo?, que el régimen ha conseguido arrebatar por amplia mayoría de los países, y con un resultado apabullante para Estados Unidos, que solo pudo conseguir cuatro votos de los 192 países asistentes. Aunque esta propuesta de resolución ya se había presentado otras 15 veces anteriormente, un resultado como éste merece al menos una reflexión. La experiencia ha significado un éxito. Mover la conciencia de 188 países de una asamblea general no es fácil. Visto desde la perspectiva del régimen comunbista cubano, se trata de un resultado comprensible, si se tiene en cuenta que la diplomacia estadounidense ha estado pendiente de la campaña electoral interna, momento excelente aprovechado por Castro para presentar su propuesta de resolución y ganar por aplastante victoria, como a él le gusta, aplastando, derrotando ampliamente al adversario, sin margen de reacción. Y esto ha sido lo que ha sucedido. Una breve carta de felicitación a Daniel Ortega por su victoria en las elecciones del domingo en Nicaragua, y la mayor parte de los espacios informativos dedicados a esa victoria diplomática en Naciones Unidas. Así es como se aprovecha la experiencia de más de cuatro décadas analizando todos los datos que proceden del vecino del Norte.
Si en vez de atender con manía obsesiva a los estadounidenses, el régimen intentara mejorar las condiciones de vida de los cubanos por medio de políticas más adecuadas a la realidad de los tiempos que pudieran aprovechar el clima expansivo que atraviesa en este momento el continente americano, sería una cuestión bien diferente. Pero eso es pedir mucho a Castro, ¿a Fidel o a Raúl?
Noviembre 13, 2006
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