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Por Elías Amor Bravo, Valencia
El diálogo del gobierno socialista español en La Habana: Más sombras que luces
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Con gran expectación, y en medio de un sospechoso silencio, se han iniciado las negociaciones entre el gobierno socialista español y una delegación ministerial cubana. Este es el fruto directo de la controvertida visita del responsable de la diplomacia Moratinos a La Habana, en la que se acordó con las autoridades castristas “hablar de todo, sin límites”. En fuentes diplomáticas europeas nadie otorga mucha credibilidad a los frutos de este diálogo, ciertamente difícil y complicado, al que Condolezza Rice tampoco concede muchas garantías para alcanzar algo concreto. Sabido es que contra el régimen comunista dictatorial cubano no existen vías de diálogo, porque quienes la han intentado en el pasado, han terminado fracasando. Por no dialogar, cuando los castristas se encierran en sus posiciones, ni siquiera aceptan los pacíficos métodos de estimación econométrica que utiliza la CEPAL, y dan los suyos propios, como si ellos tuvieran la verdad, y los demás no.
El gobierno socialista español está en derecho de elegir esta vía, y por supuesto de equivocarse una vez más; perdiendo el tiempo y anulando los esfuerzos para conseguir la democracia, la libertad y el respeto de los derechos humanos en Cuba por la única vía posible, la transición, el desmantelamiento del modelo comunista y la desaparición del castrismo a medio plazo. Pero evidentemente, este no es el objetivo de estas negociaciones, y seguro que nunca sabremos que sucedió o qué resultados se alcanzan, si se mantienen, como cabe esperar, los silencios cómplices entre las dos diplomacias.
Ya Manuel Fraga dijo hace tiempo que las relaciones entre España y Cuba eran de familia. Estoy de acuerdo, pero ello no significa que se mantengan posiciones distintas y reivindicativas en los temas que son verdaderamente importantes. No estoy de acuerdo en el diálogo con dirigentes políticos que carecen de legitimidad democrática. Los españoles, que poseemos un sistema plural y de libertades del que nos sentimos especialmente orgullosos y satisfechos, no podemos entender que nuestra diplomacia negocie con los que apuestan por la supresión de libertades y la ausencia de derechos humanos, por muy elevados que sean los intereses en juego. La dignidad de la democracia y del régimen de libertades está en juego. También lo está la imagen de España en Cuba, en la futura democracia con la que soñamos los cubanos y los españoles. Los de dentro y los de fuera.
No hay indicio de que los negociadores cubanos acepten la vía legítima hacia la pluralidad, y no es cierto que la vida de 59 presos sea la única cuestión en la mesa de negociación. Existen muchos más que en Cuba, fuera de las cárceles, pero internos en esa prisión totalitaria que es la Isla, sufren y padecen cada día el hostigamiento, la represión, el aislamiento, el insulto y en definitiva la violencia de quiénes simplemente no piensan como ellos. En España no podemos aceptar la negociación y el diálogo con quiénes descalifican a los defensores de la libertad y la democracia de “terroristas al servicio de Estados Unidos”. A mi me cuesta creer que los dirigentes castristas sigan convencidos de que las organizaciones de la disidencia no merezcan un trato de respeto, y que traten de entenderse. No sería muy difícil si pusieran algo de voluntad. Es asombroso que algo que los españoles pudimos eliminar hace ya más de tres décadas, el odio, el enfrentamiento, todavía lo tengamos que seguir padeciendo en nuestras “familias” cubanas.
Dudo mucho que las negociaciones que ahora han comenzado en La Habana den algún fruto, salvo que se libere a algún preso retenido desde la primavera de 2003 (ya son cuatro injustos años), o que se acepte alguna dádiva de la cooperación europea, como gesto de buena voluntad castrista. Dudo mucho que los socios europeos acepten cambiar sus posiciones políticas hacia la dictadura comunista cubana en la próxima reunión de junio, después de los éxitos de la Posición Común iniciada en 1996. Estoy convencido de que este episodio va a acarrear consecuencias electorales negativas para los socialistas españoles en clave interna, precisamente por no impulsar hacia Cuba la única política posible en este momento: la dignidad frente al chantaje y la opresión, la reivindicación democrática frente al continuo pisoteo de las libertades, la igualdad de todos los cubanos ante la ley y la libertad de presos políticos. Esas sí que son unas bases sobre las que iniciar un diálogo hacia la democracia en Cuba: el único diálogo posible, el único que el gobierno socialista español no va a impulsar.
Mayo 30, 2007
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