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Por Camilo López Darias, MIAMI
¿Un diálogo futuro?

Durante casi medio siglo Fidel Castro Ruz ha sido la representación del conser-vatismo político cubano en su más pura esencia. A lo largo de su prolongado mandato desechó numerosas posibilidades de tender puentes de entendimiento con el gobierno de los Estados Unidos, su enemigo más acérrimo. Tal pareciera, incluso, que mientras Castro viva, las posibilidades para el establecimiento de un diálogo real y constructivo con la dirigencia de Washington son altamente improbables. Y la gran interrogante que muchos se plantean es si tras la muerte del dictador podrían darse las condiciones para el inicio de negociaciones “salvadoras” entre la Casa Blanca y un gobierno sucesor.

Cuando le pregunté al conocido intelectual Carlos Alberto Montaner acerca de la viabilidad de dichas negociaciones en un período post Castro, respondió:

“Tan pronto desaparezca Fidel surge una buena oportunidad para iniciar ese diálogo entre Washington y La Habana. A los dos gobiernos les conviene. Al de Cuba, para no quedar atrapado en el eje delirante con Venezuela e Irán como socios de una aventura que no tiene forma de salir bien. A los Estados Unidos, porque cualquier cambio en Cuba probablemente desemboque, a mediano plazo, en una democracia con un sistema económico razonable dentro del mundo moderno. Los dos países, simultáneamente, sin gran alharaca, pueden dar pasos en esa dirección”.

Según Montaner, se necesitarían de gestos definitorios por parte de ambos interlocutores:

“Cuba, poniendo en libertad a los presos de conciencia y USA revocando algunas restricciones y prohibiciones como, por ejemplo, las que impiden que los exiliados viajen a la Isla. Así comenzaría el deshielo”.

Para el filósofo Emilio Ichikawa el tema se supedita a la defensa de los intereses nacionales y es el gobierno cubano quien debe dar el primer paso:

“La posición del gobierno norteamericano está expuesta en dos documentos muy voluminosos. Yo prologué el primero en español. Se les conoce como "Informe de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre", o "Informe de la Comisión Powell" y "Rice", respectivamente. Es la misma cosa. Hay mucha ayuda, mucha, desde los controles de vuelo, control de especies invasoras, níquel, etc. Pero hay formalidades que son necesarias cumplir, como ocurrió en New Orleans y el asunto del Huracán Katrina. Formalmente, para que la ayuda federal se canalice realmente (la ayuda puede estar dada y no moverse si ciertas cosas no se hacen), es el gobierno de La Habana quien debe solicitarla. Si lees el documento, hay unas palabras que abren casi todas las propuestas: "Si un gobierno solicitara..." Después que eso sucede, el gobierno norteamericano debe responder. Pero lo primero es que el gobierno interesado, en este caso Cuba, solicite la ayuda. Castro no lo hizo. ¿Lo hará otro? Ese es el punto. Como comprenderás, quien presta no debe ir tocando a las puertas del que necesita diciendo: "Oye, quiero darte..." Existen esa y otras formalidades. Y una cuestión de fondo: el Informe demuestra que los americanos saben lo que quieren, manejan sus intereses. Habría que ver si el gobierno cubano en cuestión tiene al menos una idea de lo que es un interés nacional".

Hay visiones ausentes de optimismo, como la del escritor y periodista cubano Bernardo Marques-Ravelo, quien no avizora una conducta más flexible por parte del régimen de La Habana:

“Un diálogo entre los sucesores de Castro y el gobierno de USA creo que no va a tener lugar, por el momento. Los dirigentes cubanos tienen demasiados billetes en sus arcas, y no imagino que sean posibles unas conversaciones serias”.

El caricaturista Alfredo Pong, por su parte, sitúa una futura negociación entre Cuba y el gobierno de Washington en marcos estrictamente ejecutivos:

“El nudo que define el posible desenlace pasa por la salud y supervivencia de su sucesor Raúl Castro, los grupos que rodean el poder, no saben aún cuando realmente tendrá el hermanísimo el control sin restricciones, ahora con un país gobernado por un líder virtual que limita su presencia a panfletos apurados para marcar la asistencia en un proceso que no va a ninguna parte, y la administración del aparato estatal y represivo esta en manos de un segundón que ordena mirando de reojo al anciano en su cubil”. Y precisa:

“Un diálogo de los EEUU con quienes estén en el poder implica que primero se aclare y defina el programa de futuro para Cuba, un gobierno de sucesión seria el resultado de un acuerdo nacional que contenga todos los estratos que sobrevivan la hecatombe del fin del Castrismo, y para ello no pueden quedar rastros del fascismo de izquierda que por medio siglo ha regido los destinos de la república cubana. El diálogo, como yo lo veo, se daría por parte de los EEUU bajo las condiciones establecidas en la Ley Helms-Burton y el paquete de medidas al respecto, y por la parte cubana sería sólo posible con una presencia plural representativa de todas las tendencias del espectro ideológico nacional, incluyendo el exilio con todos sus componentes”.

Tania Quintero, periodista exiliada que radica actualmente en Suiza, ve la posibilidad de que desde ya se inicien conversaciones constructivas:

“Pienso que no hay que esperar a la muerte de Fidel Castro para establecer un diálogo entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos. Ya debería haberse iniciado, con dos condiciones mínimas: que Washington levante el embargo y que La Habana libere a todos los presos políticos”. Y recalca la importancia de un entendimiento entre las diferentes tendencias del movimiento opositor:

“También ya deberían comenzar a conversar y entenderse los disidentes de la Isla y los exiliados en distintos países, como paso previo y necesario a esa gran reunión que un día habrá de celebrarse entre los opositores de todas las tendencias, los de adentro y los de afuera, con un gobierno de transición o sucesión -y que ojalá sus bases se encuentren en los segmentos civiles y militares más tolerantes y racionales y que callados y sin destaque deben existir en las actuales estructuras de poder. España, Chile, Alemania, Checoslovaquia y Sudáfrica son cinco de las lecciones que, en mi opinión, los cubanos debemos tener presente a la hora de reconstruir física y moralmente nuestra patria”.

Lo primero que tendría que tenerse en cuenta es si un gobierno de sucesión, dirigido por Raúl Castro, o uno de sus generales, o un cuadro partidista al estilo de Lage o Alarcón estaría dispuesto a ceder cuotas de poder en aras de una transición democrática en la isla. De sacrificarse el poder absoluto, el sistema en sí fenecería en Cuba, pues las libertades básicas se contraponen con la mal llamada dictadura del proletariado. Los “ofrecimientos” del general de ejército Raúl Castro han estado plagados de la habitual soberbia, y se antojan más como ejercicios proselitistas que otra cosa.

¿Diálogo o mantenimiento del actual status quo? Sin dudas, una tarea a  debatir para quienes desean una Cuba diferente en el futuro.

Julio 3, 2007
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