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Por Elías Amor Bravo, Valencia
A vueltas con el embajador de España en La Habana
El embajador de España en Cuba ha afirmado que “la situación de los derechos humanos en Cuba ha mejorado”, y lo hace al finalizar la recepción que se realiza tradicionalmente el 12 de octubre en la sede de la embajada en La Habana.
Por supuesto que cada uno puede hacerse la idea que quiera sobre los asuntos más disparatados. La psique humana, y todo lo que lleva asociado, ejerce una influencia tan destacada en la forma que percibimos las cosas que, en ocasiones, tiende a deformar los sucesos objetivos y reales. No me extraña que el embajador español en La Habana vea las cosas en Cuba mejor que antes. Desde luego, si nos situamos en su posición política de antiguo militante comunista, para el que el modelo cubano es ese universo idílico que todavía resiste a la contundencia de los hechos y la realidad de algo que no funciona.
Creo que el embajador español tiene derecho a pensar lo que quiera, y a dejarse engañar por los aduladores castristas con los que está acostumbrado a tratar. Ellos seguro se encargarán de decirle que el sistema no va a cambiar y que al final, los que ahora dirigen el país, son los que cortarán el bacalao después. Puede incluso pensar que la política que actualmente impulsa el gobierno socialista español de Zapatero hacia la dictadura es la más adecuada, y desde luego, porque ha conseguido romper las bases de la Posición Común de la Unión Europea defendidas por José María Aznar durante su presidencia y que fue la primera estrategia coordinada de la Unión hacia la dictadura castrista; puede incluso dormir tranquilo con su conciencia bien despejada de conflicto, si se cree a ciegas lo que le dicen: que en Cuba la situación de los derechos humanos ha mejorado, a pesar de que en las cárceles sigue habiendo personas que sufren enfermedades y malos tratos, y las familias destrozadas no encuentran consuelo ni apoyo en las autoridades.
En efecto, la realidad es así. Nada ha cambiado en Cuba desde que Raúl Castro heredase los poderes de su hermano en este interinato que no parece tener fin. En todo este tiempo, de reflexiones y discusiones que no han servido para nada, las cárceles cubanas se han vuelto a llenar de presos políticos cuyo único delito es querer para Cuba un régimen similar al español, basado en la democracia, las libertades y el pluralismo político. Nada ha cambiado en Cuba con Raúl Castro. Se mantienen las mismas prohibiciones y restricciones al ejercicio de la economía privada, se siguen produciendo las mismas ineficiencias en el tejido productivo empresarial, y la corrupción vinculada al ejercicio del poder no sólo no se persigue, sino que avanza inexorablemente.
Los cubanos se quejan de la pérdida de calidad de la educación o la sanidad, porque buena parte de los efectivos humanos se han trasladado a Venezuela, Ecuador o a otros países de América Latina para compensar la generosa donación de los petrodólares. El resto, no tienen otra salida que obtener alguna de las visas que Estados Unidos concede hacia la libertad o recuperar la nacionalidad española recurriendo a los antepasados. Mientras tanto, Cuba se llena de ancianos con pensiones míseras, que apenas permiten alcanzar un mínimo de bienes y servicios de consumo, y que se van a convertir en el sector social más perjudicado si no cambian rápidamente las cosas.
El embajador español en La Habana debería preguntarse de qué derechos humanos está hablando, cuando solo acuden a la recepción del 12 de octubre los altos dirigentes del partido único, y se quedan fuera los opositores y disidentes.
Y sobre todo, debería pensar qué opinan los españoles de todo ello. Si, los españoles, porque lo que es evidente es que ha perdido contacto con la realidad social de nuestro país. En España nadie se cree que en Cuba se respeten los derechos humanos actualmente, nadie otorga la más mínima expectativa de futuro al castrismo, la mayoría de la población quiere para Cuba lo mismo que los disidentes a los que el embajador menosprecia: la libertad y la democracia. Vaya pensando en ello, Sr. Embajador. En el mejor de los casos en 2008, usted se vuelve para España y entonces, le aseguro, la política española hacia Cuba será mucho mejor.
Octubre 13, 2007
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