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Por Ezequiel Pérez Martín, Miami
La mentira maldita
Tomo el nombre de una famosa película de 1957, interpretada por dos grandes del cine, Tony Curtis y Burt Lancaster, para describir el alcance de lo que está sucediendo en Venezuela, donde se quiere hacer ver a una parte de la población lo que no es.
Por suerte, hay otra parte que está alerta y en guardia.
Tome usted cualquier mentira (echar a rodar una bola, como se dice en lenguaje popular) y hágala circular. Por ejemplo, que la reforma constitucional significa el éxito para ese país, que Jesucristo y Bolívar hubieran sido fieles partidarios de Hugo Chávez, que la pobreza se ha disminuido tras el triunfo del chavismo o que Chávez no escuchó al rey Juan Carlos de Borbón cuando le dijo “¿Por qué no te callas?”
Ya lo dijo el ideólogo del nazismo Joseph Goebles: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad".
Escoja cualquiera de las mentiras que propaga a los cuatro vientos la maquinaria propagandística del chavismo (excelente clon de la del castrismo) y échela a rodar.
Supongamos que sólo el dos por ciento la admita como verdad. Veamos lo que sucede, para ver las consecuencias de las falsedades y por qué muchos regímenes totalitarios se valen de ellas para sobrevivir.
Se escogen 100 personas y se les dice la mentira. sólo dos la creen (para ser extremadamente conservadores).
Al día siguiente cada una de esas dos personas la repiten a otras 100 personas y vamos a respetar el mismo patrón de credibilidad, o sea, sólo el dos por ciento. Pero ya en sólo dos días hay seis personas que dan por cierto lo que es falso.
Al tercer día esas seis personas siguen repitiendo la mentira y confunden a otras 12, con lo cual ya suman 18.
De esta forma, al cabo de una semana habrá 1,458 engañados expandiendo la mentira.
Un mes después los confundidos ya se cuentan por miles.
Claro, la mentira tiene que tener visos de supuesta realidad, estar sustentada en algún argumento que oportunamente sirva para nutrirla.
Un ejemplo podría ser que el “imperialismo” norteamericano es el principal culpable de todos los males del mundo.
Ya se sabe que Estados Unidos ha cometido y comete errores en política internacional (a mi entender, el peor de ellos es haber descuidado sus vínculos con América Latina). Y esta circunstancia es terreno fértil para que se propague esa mentira de que el llamado “Socialismo del siglo XXI” es la salvación del planeta.
Y así navega la mentira, de ciudad en ciudad, de país en país, de continente en continente. Por eso encontramos gente en los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo defendiendo a personajes tan siniestros como Fidel Castro y Hugo Chávez.
Si, para colmo, una de esas mentiras tiene pavimentado el camino con unos cuantos dólares, la velocidad de traslación y su posible impacto se multiplican.
Y llega el momento en que hay millones de víctimas del engaño, gente con poca o ninguna información que le permita comparar, personas que se dejan llevar por el populismo, que se enredan en la nefasta centrífuga del fanatismo y terminan en la oscuridad del razonamiento humano.
La historia ha demostrado que la verdad siempre sale a flote, aunque a veces bajo penosas y sangrientas circunstancias.
Y la historia ha estremecido a millones de seres humanos tras conocer los horrores padecidos por comunidades enteras bajo la bota del nazismo, el fascismo o el comunismo.
Pero a veces es posible adelantarse a la historia y evitar desgracias colectivas, como la que podrían experimentar los venezolanos, si el país, como quiere su presidente Hugo Chávez, “navega hacia el mar de la felicidad como Cuba”.
sólo dos letras: las del prefijo negativo “in”, marcan la diferencia entre la verdad y la mentira, en esa frase, enarbolada por el mandatario venezolano hace años. Cuba realmente lo que ha hecho es navegar hacia el oscuro mar de la infelicidad.
A veces dos letras bastan para marcar el destino de una nación y de sus hijos.
Venezuela está ahora ante el dilema de decidir entre dos palabras de dos letras cada una: Sí o No.
Los que se han dejado engañar con los cantos de sirena del chavismo elegirán la primera.
Esos son lo que cayeron de rodillas ante la mentira maldita.
Pero los venezolanos responsables tienen ahora la oportunidad de escudriñar la luminosidad de la verdad y de salvar su país, sus familias y su futuro.
Noviembre 29, 2007
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