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Por Elías Amor Bravo, Valencia
En Venezuela, ¿ahora qué?
El resultado principal de las elecciones del domingo 2 de diciembre en Venezuela es que Chávez no es imbatible, que sus pretensiones de eternizarse en el poder se han quedado sólo en eso, y que aparece ahora un nuevo escenario sociopolítico en el que este caudillo tendrá que empezar a afrontar los costes que se derivan de un ejercicio erróneo de la política. La cuestión es si Chávez ha entendido la lección que le han dado los ciudadanos, y si será capaz de encauzar las condiciones necesarias para mantenerse en el poder sin dilapidar el escaso capital político que todavía atesora.
No sólo ha elegido la vía inadecuada y los socios menos recomendables para su proyecto, sino que, además, si no es capaz de realizar un análisis del mensaje que el pueblo de Venezuela le ha hecho llegar con absoluta nitidez, es posible que el desenlace de su etapa al frente del gobierno sea muy distinto del que él mismo hubiera deseado.
Dicho de otro modo, la democracia ha vuelto a funcionar, y ahora el electorado de Venezuela puede empezar a pensar en el cambio. Estoy convencido de que la oposición a Chávez tiene ahora un formidable trabajo por delante: se tiene que organizar sobre bases más sólidas y elaborar un programa de ilusión que siente las condiciones para una nueva era en el país, poniendo fin a esta sórdida experiencia de despilfarro y mala gestión. Hay que construir programa, liderazgo y mensaje para acercarse a los sectores de la sociedad que están demandando un cambio. Y hay que hacerlo cuanto antes, pero sobre todo, hay que hacerlo bien.
Se acabó estar pensando en aquello que podría ser y que no fue. El país atraviesa una coyuntura económica muy favorable que es preciso aprovechar para sentar las bases de un desarrollo sostenido de cara al futuro. Los ciudadanos de Venezuela, emprendedores y abiertos, no han deseado que el país se convierta en otra Cuba sin futuro, sino que buscan soluciones compatibles con sus valores, creencias y actitudes, sin duda plenamente coherentes con la sociedad occidental. Es posible que hayan otorgado la confianza a Chávez en varias consultas consecutivas, pero el precio que éste ha pagado por su osadía de convertirse en un nuevo Fidel Castro, es muy elevado, y es de suponer que esa confianza haya llegado a su fin. Chávez lo sabe, por lo que la huida hacia delante, que ha sido su primera táctica, no parece que vaya a servirle de mucho.
Sin duda, el pueblo de Venezuela apuesta por otro modelo de organización política y social y quiere utilizar los beneficios del petróleo para hacer crecer sus infraestructuras, su capital humano y sus capacidades de desarrollo, y reconoce que para ello necesita abrirse al mundo occidental, a Europa y Estados Unidos, a aquellos mercados que le puedan facilitar los recursos necesarios para su modernización, y olvidarse, para siempre, de los insoportables espías cubanos y la metodología de control social, comités de defensa de la revolución, brigadas de respuesta rápida, comunismo en las empresas, etc, inspirada en el castrismo que tan malos resultados da en las urnas.
La globalización es una ventaja y una oportunidad para aquellos países que cuentan con recursos naturales que tienen un alto precio coyuntural en los mercados, pero esta situación no se va a mantener de forma ininterrumpida y el saldo positivo de las cuentas se puede ver invertido en cualquier momento. Es necesario acometer reformas estructurales que contribuyan a dinamizar el tejido social del país y favorecer la movilidad. Hay que aprovechar los contactos abiertos por la diáspora reciente para estrechar lazos comerciales con el vecino del norte y con Europa. En suma, se hace necesario abandonar cuanto antes esas experiencias chavistas basadas en la compra de voluntades a partir del regalo de petróleo para obtener ventajas de las posiciones de una relación real de intercambio positiva y creciente. Como ha dicho Montaner recientemente, el socialismo del siglo XXI ha tocado a su fin.
Venezuela está en las mejores condiciones para aplicar las recetas de un cambio que sólo puede ir en beneficio de todos los ciudadanos del país. Abriendo su economía a la libre competencia, fijando las condiciones para que los negocios se desarrollen en un entorno positivo y estable, ajeno a cualquier excentricidad populista. Aprovechando el tesón y el esfuerzo de todos, y promoviendo las iniciativas que se pueden acometer gracias a la disponibilidad de recursos financieros en aumento.
La sociedad ha hablado y posiblemente una nueva generación de líderes políticos vinculados al mundo estudiantil y a las nuevas capas medias de la sociedad que se han enfrentado abiertamente a los intentos totalitarios de Chávez está en el origen del liderazgo de esa etapa que ahora comienza. Seguiremos con atención los acontecimientos.
Diciembre 4, 2007
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