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Por Elías Amor Bravo, Valencia
Reflexiones en torno a las primarias de Estados Unidos

Las elecciones primarias en Estados Unidos son, ante todo, una prueba de resistencia para los candidatos. La disponibilidad de recursos, la capacidad para movilizar las redes sociales y partidistas de apoyo, la sintonía con la dirección de los principales partidos, la calidad de las propuestas y los discursos, la imagen que se traslada a la sociedad son, entre otros, los aspectos que van influyendo en la conformación del voto de los electores de los partidos que participan en esta primera fase en la que, el objetivo principal no es otro que la elección de los candidatos que han de enfrentarse en la convocatoria general de mediados del mes de noviembre, tras pasar previamente por las convenciones que se suelen realizar en los meses de verano.

Quizás por ello, los aspectos relativos al programa, lo que podríamos calificar como la oferta electoral, pasen a un segundo plano de relevancia en los discursos políticos. No cabe duda que los candidatos tienen en el espacio de las primarias una oportunidad formidable para comunicar al conjunto de la sociedad qué es lo que piensan hacer en caso de ser vencedores en sus respectivos partidos. Pero estas cuestiones, tradicionalmente, quedan en un segundo plano de relevancia, porque los ciudadanos estadounidenses tienen una idea bastante ajustada de lo que un republicano o un demócrata pueden hacer al llegar a la Casa Blanca.

Las elecciones primarias, en tales condiciones, se convierten en un enfrentamiento de “golpes de efecto” dirigidos a despertar la movilización de una militancia que tiene una misión fundamental, elegir a los mejores para conseguir la máxima aceptación de toda la sociedad. En definitiva, el votante demócrata o republicano que participa en las primarias, desde que comienzan en los caucus de Iowa, no tiene otro objetivo que seleccionar a aquel candidato que mayor simpatía le despierta, de acuerdo con sus ideas, creencias y valores; al mismo tiempo, que le supone una mayor capacidad para alcanzar la victoria ante el oponente republicano que surja de la otra campaña. Es decir, el elector de las primarias no sólo elige de acuerdo con sus preferencias partidistas, sino también pensando en el conjunto de la sociedad, en lo que piensa la amplia mayoría de ciudadanos.

Y si se analiza lo sucedido hasta la fecha, se debe concluir que los demócratas han ajustado mejor su estrategia de campaña, que los republicanos.

En Iowa y New Hampshire se ha comprobado cómo, los candidatos demócratas Obama y Clinton, se han convertido en líderes de sus campañas, al obtener un significativo porcentaje de los votos electorales. Las posibilidades de Edwards no se han visto limitadas en absoluto, si bien, las posiciones se van quedando definidas. Los continuos vaivenes de estas primeras fechas irán desapareciendo conforme la campaña avance hacia el oeste y el sur del país.  De lo que no cabe duda es que los demócratas han conseguido situar la atracción mediática en su espacio político. Objetivo cumplido.

La idea de cambio, que puede estar presente en amplios sectores de la sociedad norteamericana, parece ir asociada a la posible llegada de un candidato de color a la Casa Blanca, o de la elección de la primera mujer presidente del país. Golpes mediáticos de gran efecto que van a arrastrar a la opinión pública detrás del debate de las primarias demócratas.

La consecuencia táctica es que no parece que Clinton y Obama vayan a enfrentarse demasiado entre ellos, sino que vayan concentrando sus ataques sobre la gestión del presidente Bush, ofertando programas alternativos. Obama ha sido más arriesgado que Clinton en esta faceta, y quizás los resultados de Iowa le hayan recompensado. En cambio, la “maquinaria” ha demostrado su firmeza y vigor en New Hampshire, y Clinton ha sido capaz de aprovechar sus efectos positivos. No me cabe duda que la apuesta demócrata quizás puede suponer llegar a un ticket electoral conjunto, en un intento de derrotar a los republicanos. Aún es pronto, y la Convención demócrata queda lejos, pero no parece una estrategia desorientada. Además, a estas alturas, Edwards tiene mucho que decir.

Entre los republicanos, la campaña se encuentra con mayores dificultades. La elección del gobernador de Arkansas como candidato en Iowa y la vitoria de Mac Caine en New Hampshire, no permite, al menos de momento, identificar al único candidato con posibilidades de éxito para suceder a Bush,  Rudolph Giuliani, y por ello habrá que esperar a la elección en Florida o California, para estimar el potencial de este partido para continuar al frente de la Casa Blanca con un nuevo candidato. 

Las encuestas apuntan a que los republicanos pueden tener difícil esta tarea. No es fácil predecir la dirección de los vientos de cambio en la sociedad estadounidense actual. Bush tiene dificultades para manejar la economía, y la crisis hipotecaria puede suponer un duro revés en las elecciones de noviembre, sobre todo entre los electores más moderados. Además, organiza un viaje a Palestina en un momento especialmente complicado. De momento, los efectos “coattail”, que puede arrastrar George Bush sobre la campaña, no parece que estén siendo asumidos de forma positiva por ninguno de los candidatos republicanos.

Aunque estamos al inicio de la campaña, no cabe duda que va a ser apasionante. Como siempre.


Enero 9, 2008
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