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Por Elías Amor Bravo, Valencia
Cuba, otra vez bajo la jugada de Fidel Castro
Nadie ha pensado que detrás de la decisión de Fidel Castro de retirarse definitivamente del poder se esconde un ejercicio de cálculo directamente orientado a forzar la designación de Raúl el próximo domingo, cuando el nuevo parlamento cubano elegido en las denominadas “elecciones socialistas” entre en funciones.
Creo que los hermanos Castro no tienen tanto control de la situación interna en la Isla como se traslada al exterior, y que la política de represión indiscriminada a la disidencia no está dando los frutos que esperaban en su entorno más inmediato. Los sucesos vienen a confirmar que Fidel Castro ya sólo confía, ¡qué lástima!, en el pobre Randy Alonso, al que utiliza como correa de transmisión para trasladar a la opinión pública las informaciones que se le antojan. Vaya un futuro que le espera a este hombre cuando Cuba sea libre, y evolucione por los caminos de la democracia y el pluralismo informativo.
Sin embargo, el asunto empieza a ser preocupante para la cúpula castrista. Basta con echar un vistazo a las páginas webs que día a día nos refieren las noticias comunicadas por la prensa independiente del país (Presslingua, Encuentro, Unión Liberal, etc) para ver que la protesta, la disidencia y la defensa de las libertades y la democracia en Cuba ha experimentado un crecimiento significativo en los últimos meses.
La actuación de los grupos cívicos y de derechos humanos ha sido progresivamente apoyada por la aparición de organizaciones políticas que se inspiran en los referentes democráticos internacionales y que a duras penas, luchan por abrir espacios en la intrincada maraña de controles del régimen. La sensación de fin de ciclo que se ha instalado en amplios sectores de la sociedad cubana, empieza a tocar a la burocracia instalada en las prebendas y los beneficios del acceso al poder, incluso en algún que otro universitario y cantautor de conocida fama. Demasiados años creyendo en que algún día llegaría el “hombre nuevo” con el que soñaba el Che, pero eso ya sabemos que es la peor de las pesadillas, y que todos los días hay que comer, hay que resolver, y hay que gestionar las colas, las pesadas y largas colas, en las que una población desanimada y sin esperanzas, ya no cree en lo que se le dice.
El momento escogido para anunciar la marcha es acertado. Pienso que Fidel Castro, a pocos días de la renovación de cargos en la Isla, ha decidido jugar con ventaja y facilitar a su hermano la sucesión, que no la transición. Raúl Castro carece de la popularidad y el liderazgo “revolucionario” de su hermano. Su legitimidad se basa principalmente en favorecer determinadas posiciones de poder y de obtención de rentas. Su capacidad para dirigir la nación está ampliamente cuestionada. Necesita un apoyo, porque cualquier movimiento en una situación de inestabilidad, puede ser peor.
Renunciando a los cargos, apartándose del poder ejecutivo en el que ha permanecido 49 años, Fidel Castro apuesta por seguir fijando directrices desde una penumbra en la que nada podrá cambiar, porque todo seguirá estando bajo su control. En tales condiciones, cabe preguntarse qué sentido tiene darle tanta importancia a la renuncia de Fidel Castro al poder. Lo que sí que merece la pena es sentar las bases para la transición a la democracia en la Isla, hacia un sistema político e institucional como el que tenemos los españoles, franceses, italianos o canadienses.
Hay que romper con el fracaso histórico de medio siglo que ha retrasado políticamente a Cuba más de 100 años con respecto a los países de su entorno, y reavivar cuanto antes la llama de las fuerzas económicas del mercado y la propiedad privada, que convierten al hombre que está preso y sometido por el totalitarismo, en hombre libre con capacidad de elección. Esa es la verdadera noticia importante. La marcha de Castro sólo nos merece una palabra: Adiós.
Febrero 19, 2006
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