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Por Elías Amor Bravo, Valencia
La percepción de Cuba en la sociedad de Estados Unidos: ¿motivos para el cambio de política?
Los expertos en gestión pública admiten que el proceso de elaboración de políticas tiene que contar con un sólido respaldo social para que las actuaciones contenidas en esas actuaciones alcancen resultados positivos. Es decir, el buen gobierno tiene como uno de sus postulados principales escuchar atentamente a la sociedad. Ese proceso de atención continua a las demandas sociales se ejecuta por medio de encuestas y estudios de investigación social que tratan de tomar el pulso a la sociedad en cada momento del tiempo. Un reciente estudio de la multinacional de investigación social Gallup realizado entre los días 11 y 14 de febrero, a una muestra representativa de 1.007 adultos residentes en Estados Unidos, proporciona una interesante información relativa a la percepción que tienen los nacionales de este país hacia los que pertenecen a otros países.
Los resultados de la encuesta vienen a confirmar algunas ideas que, en principio, parecen evidentes, y en particular, aportan indicadores relevantes para entender por qué la política que se realiza en Estados Unidos mantiene las sanciones hacia el régimen castrista durante todos estos años, sin que se haya producido cambios.
En el primer caso, los países que tienen una mejor percepción social en Estados Unidos son, por este orden, Canadá, Reino Unido, Alemania y Japón. Nada que objetar. Se trata de aliados coherentes en lo comercial, político, tecnológico que comparten numerosos valores en torno a la defensa de las libertades y la democracia. Las imágenes que de estos países se proyectan en Estados Unidos son coherentes y firmes. No deja de sorprender que incluso dos de ellos, Alemania y Japón fueran enemigos en la segunda guerra mundial; pero el paso del tiempo, contribuye a cambiar las ideas, y nada tienen que ver los japoneses o alemanes actuales con aquellos de mediados de siglo XX, por lo que la sociedad estadounidense lo percibe positivamente.
En el extremo opuesto de la escala, otros cuatro países se perciben de forma muy negativa por la opinión pública de Estados Unidos, a saber, Irak, la autoridad Palestina, Corea del Norte y, en el último puesto, Irán. Lo que también parece lógico. Se trata de países insertos en graves crisis políticas e institucionales, que carecen de bases económicas sólidas y que no acaban de definir un proyecto coherente para sus ciudadanos. Sobre todo, que continuamente culpan a Estados Unidos de sus problemas, sin percatarse de que al hacerlo así, contribuyen a corroer su percepción entre los ciudadanos de este país. En cualquier caso, la sociedad estadounidense tiene una percepción muy negativa de estos países.
Si nos atenemos a los datos relativos a Cuba, la situación viene a confirmar por qué la política hacia este país se ha mantenido sin cambios en las últimas décadas. La realidad social es que en Estados Unidos la percepción social de Cuba, sin alcanzar los datos tan negativos de los cuatro países anteriores, no se puede calificar de positiva, sino todo lo contrario. Solamente, un 27% de los ciudadanos tiene una percepción favorable, mientras que otro 67%, casi las tres cuartas partes, opina lo contrario. A partir de esta diferencia, el saldo negativo, -40 puntos porcentuales sitúa a Cuba en el tramo más bajo de la escala, a poco más de diez puntos de Pakistán y Afganistán, que superan en apenas 7 puntos de margen al primero de los cuatro antes referidos.
Es más, la percepción social hacia Cuba tiene otros aspectos preocupantes, ya que es más baja en los tramos de edades intermedias de 35 a 54 años, y los mayores de esta edad, donde sólo un 27% y un 20% respectivamente poseen una imagen positiva del país. Entre los republicanos, solo un 16% declara tener una valoración positiva, y aunque este porcentaje aumenta hasta el 29% entre los demócratas, en cualquier caso, porcentajes muy bajos que no estimulan a la acción política un cambio hacia las directrices estratégicas que se han venido impulsando desde que Castro llegó al poder en 1959.
El resultado principal que arroja este estudio es que un país, Cuba, que se encuentra a 180 kilómetros al sur y que históricamente ha compartido valores e ideales con su vecino del norte, es percibido de forma muy negativa por los residentes en Estados Unidos. Mala base de partida para un escenario futuro de relaciones comerciales, tecnológicas, sociales entre ambos. Dos vecinos que deben entenderse y corregir esta situación perversa cuyo creador e instigador ha sido Fidel Castro, tras casi medio siglo de concentrar toda su animadversión en Estados Unidos. Quizás Raúl Castro, al que todo el mundo quiere otorgar un perfil más pragmático que su hermano pero que, hasta el momento, no ha hecho nada que permita contrastar su carácter diverso, debería estudiar con detalle estos resultados y tratar de corregir la situación en estos años de transición indefinida en los que va a ejercer el poder en Cuba. Posiblemente sería la mejor herencia que podría dejar al final de su mandato.
Marzo 18. 2008
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