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Por Elías Amor Bravo, Valencia
Los disidentes cubanos, el presidente Bush y la política acertada
NO CABE LA MENOR DUDA QUE EL presidente Bush ha sido un gran valedor de la causa democrática en Cuba durante su mandato presidencial. Con motivo de la celebración el pasado 21 del día de solidaridad con Cuba, el presidente de Estados Unidos ha vuelto a manifestar su compromiso con la democracia, el pluralismo político y las libertades en Cuba. Ya lo hizo el pasado año en la Cumbre de Praga, junto a Havel y Aznar, y ahora vuelve a testimoniar su solidaridad con los oprimidos.
Su posición en defensa de los derechos de los opositores, para ejercer libremente sus actividades en un sistema político que frena, reprime y destruye cualquier opción alternativa, merece todo nuestro reconocimiento.
Soy de los que piensan que los disidentes cubanos son héroes de nuestro tiempo: luchadores infatigables que han descubierto la luz al final de la oscuridad del castrismo. Personas que se sienten libres en la cárcel comunista cubana, y que desean lo mejor para sus conciudadanos, desde la red de bibliotecas independientes, las asociaciones de cooperativas, o los colegios profesionales independientes, las damas de blanco, y las organizaciones de derechos humanos y religiosas.
Frente a este liderazgo social, el régimen comunista no ha sido capaz de entender el mensaje. Los trata simplemente como enemigos, cierra cualquier espacio a la libre expresión de ideas, inventa falsas conspiraciones internacionales que luego se demuestra que no existen, y utiliza las fuerzas del orden público, las masas obedientes y los batallones de respuesta rápida para reprimir cualquier manifestación alternativa.
Nunca habremos hecho lo suficiente desde el exterior por estos disidentes cubanos. Siempre habrá algo más que hacer. Trasladarles nuestro apoyo y solidaridad, expresarles que los demócratas siempre estaremos a su lado, que ellos son los interlocutores para un futuro de libertad y democracia en la Isla, y el ánimo para que perseveren y continúen su labor, porque la sociedad terminará reconociendo ese esfuerzo que realizan, poniendo en grave peligro la vida de sus familiares y allegados, y la suya propia.
No hay palabras para expresar al presidente Bush el agradecimiento por su solidaridad, apoyo y estímulo a los disidentes. Ojalá otros gobiernos democráticos siguieran la misma política. España, durante el mandato presidencial de José María Aznar lo hizo, y la Posición Común europea fue la mejor opción estratégica para luchar contra la tiranía comunista cubana. Por desgracia, otros han preferido apostar por la clase dirigente del régimen, y cerrar las puertas de las embajadas a los disidentes para evitar conflictos diplomáticos. ¿Qué conflictos, cuando el régimen comunista sabemos que tiene sus días contados y que desaparecerá con su creador?
Todo ello viene a poner de manifiesto cuál es la política más acertada para luchar contra un régimen que trata por todos los medios de ganar tiempo y perpetuarse en el poder. El apoyo a las actividades internas opositoras resulta fundamental para que la democracia vuelva a abrirse camino en la sociedad cubana. Cualquier iniciativa desde el exterior dirigida a fortalecer a la sociedad civil y sus estructuras, a financiar y dar apoyo a las iniciativas de los grupos disidentes, a proponer y defender un nuevo marco político compatible con el existente en otros países democráticos occidentales, debe ser bienvenida. La Unión Europea, Canadá, Japón, Australia, España en particular, con su gobierno socialista, tienen mucho que aprender del compromiso del presidente Bush con la causa democrática de los cubanos. Los que luchan por la libertad en la Isla necesitan apoyo económico. Esto es más que evidente. Muchos han sido expulsados de sus empleos, perseguidos y acosados: incluso enviados a prisión. Necesitan recursos financieros para mantenerse y sobrevivir. Otros países que han sufrido dictaduras, como España en tiempos de Franco, saben lo importante que es obtener apoyos económicos internacionales para desarrollar actividades políticas opositoras. El régimen comunista podrá decir lo que quiera de doña Marta Roque, pero ella es pieza clave para el futuro democrático de la Isla, y por eso nos merece toda consideración. Mientras que la escasez, la baja productividad, el desánimo, se extienden en la sociedad cubana, la dictadura comunista no escatima esfuerzos en investigar, perseguir y delatar a sus “enemigos”, con cazas de brujas que justifican plenamente la actividad de quiénes son los perseguidos.
¡Qué torpes son! En vez de aprovechar las oportunidades para orientar el país por la única vía posible, se empeñan el volver la vista atrás. Esta es la etapa de Raúl Castro, y por eso nos preguntamos, ¿Cuánto va a durar?
Mayo 22, 2008
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