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Por Elías Amor Bravo, Valencia
A vueltas con la política europea hacia Cuba
LA UNIÓN EUROPEA ha decidido finalmente dejar sin efecto la política que venía manteniendo hacia la dictadura castrista desde el año 2003 (suspendida en 2005) cuando se produjo la detención masiva de disidentes y varias ejecuciones sumarias de personas que trataban de huir hacia Estados Unidos. No es una buena noticia para los demócratas cubanos.
La respuesta es evidente: de un total de 75 presos políticos aún permanecen sin libertad 55. No es tanto la magnitud de la cifra en términos absolutos, como su significado. Un solo preso político en las cárceles cubanas sería motivo más que suficiente para mantener la presión sobre la dictadura castrista. Pero no es ésta la apuesta de la Unión. De hecho, no sería difícil encontrar personas que opinen, y seguro con acierto, que la cárcel cubana no sólo se encuentra limitada por los barrotes, las palizas y los cubículos de apenas tres metros cuadrados donde han sido condenados a malvivir algunos de los personajes más interesantes de la sociedad civil, sino que se extiende, por desgracia, sobre los poco más de 100.000 kilómetros cuadrados de la Isla.
Tuve la oportunidad de comentar algunos de estos pormenores con destacados dirigentes de la oposición que habían sido encarcelados de forma injusta, como Héctor Palacios durante su estancia corta en Madrid. Héctor, un personaje de elevada estatura y corpulento, fue obligado a permanecer recluido en la cárcel en una especie de zulo que acabó por deteriorar su salud. Óscar Espinosa, un brillante economista que es capaz de presentar la realidad cubana con rigor técnico, fue condenado a prisión y sus problemas de salud se vieron considerablemente deteriorados hasta la licencia extrapenal, un subterfugio que la dictadura emplea para mantener la presión sobre aquellos presos liberados, tratando de evitar que ejerciten su derecho a expresarse con libertad.
Y así, otros tantos, cuyos nombres lamento omitir, como Marta Beatriz Roque, el legendario Antúnez, y muchos más que todavía, por desgracia, no han podido abandonar la prisión.
Cabe preguntarse entonces, ¿por qué la Unión Europea ha cambiado ahora su política hacia el régimen castrista y se levantan unilateralmente las sanciones para “iniciar una nueva etapa de diálogo”?. La respuesta a esta pregunta es rotunda: porque le interesa a la Unión Europea pero, en ningún modo, ni a los demócratas cubanos, ni a los disidentes que luchan por la libertad.
El régimen de sanciones establecido por la Unión Europea a la dictadura castrista tenía su referencia en la denominada Posición Común que defendió el expresidente José María Aznar como una política inteligente, de nuevo cuño, que venía a proponer una estrategia de acción muy concreta hacia el régimen de Fidel Castro. En la medida que éste evolucione hacia los derechos humanos, las libertades y el pluralismo, la acción europea de cooperación e inversión se irá abriendo progresivamente. Si Castro no mueve ficha, la Unión Europea debe responder con dignidad.
¿Qué ha sucedido? En España Zapatero continua empeñado en enterrar las políticas de la etapa del PP. Y la última que permanecía en vigor era la común europea hacia Cuba, por lo que ha aprovechado la ocasión para lanzar el órdago. Conocido es que en el seno de la UE la posición española hacia los temas latinoamericanos suele imponer un cierto nivel de certidumbre y adhesión. Los cancilleres europeos han apostado por la posición española, y ahora vamos a ver qué sucede. De momento, se apuesta por una revisión de lo acordado en el horizonte de un año si el régimen castrista no da muestras de respeto a los derechos humanos y diálogo político, pero la suerte parece estar echada. En los últimos años se ha ido consolidando una posición que aglutina intereses económicos y políticos de amplio espectro, según la cuál es muy importante para la Unión Europea acercarse al régimen castrista en esta fase de “transición” a la democracia bajo los tímidos cambios económicos que impulsa Raúl Castro, bajo el supuesto de que ello servirá para consolidar las posiciones de la Unión en la Isla una vez se recupere un régimen de libertades.
Supuesto erróneo que el futuro se encargará de despejar. Nada hace pensar que actuar en colaboración con una dictadura que presiona a los ciudadanos que demandan libertad va a servir para reforzar el marco de las relaciones con los perseguidos, cuando éstos pasen definitivamente a ocupar el poder. Tampoco parece que la colaboración sirva de mucho cuando el régimen castrista se vale de presos políticos para negociar y obtener determinadas prebendas. Los resultados están a la vista. Lo único que hay que hacer es esperar y ver.
Junio 20, 2008
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