Por Armando Ribas, Buenos Aires *
Estados Unidos en el camino de América Latina
SE TERMINÓ LA LUCHA en el partido Demócrata por la candidatura a la presidencia, y comienza la lucha extrapartidaria por la presidencia de los Estados Unidos. Contra todas las predicciones ganó Barack Obama la nominación demócrata, superando la aparentemente invencible maquinaria política de los Clinton. Por primera vez se presentó una alternativa desconocida en Estados Unidos a la candidatura presidencial: Un negro y una mujer. La raza primó sobre el sexo y hoy supuestamente Estados Unidos enfrenta la posibilidad de tener un primer presidente negro.
Al respecto la revista The Economist presentó en su portada este hecho aparentemente insólito de la historia de Estados Unidos, con un título sobresaliente: “America at its best” (América en lo mejor). En su presentación hace el siguiente comentario laudatorio al respecto de Estados Unidos, conteste con el título citado y dice: “La historia de América de reinventarse y perfeccionarse a si misma ha adquirido una nueva página”. No puedo menos que discrepar a priori con este juicio. La historia de Estados Unidos no es la de reinventarse a sí mismo por más que haya sido posible el perfeccionamiento de algunos aspectos negativos de su historia tal como fue la esclavitud a contrapelo de los postulados de su propia Constitución. La historia de Estados Unidos, puedo decir sin eufemismo de ninguna clase, es la de haber reinventado al mundo y otorgarle el privilegio de la libertad ignorada tradicionalmente por Europa.
Como bien dice Ira Glasser en su obra Visions of Liberty: “Los primeros americanos realmente inventaron una nueva forma de gobierno. Pero hicieron algo más que eso: declararon un nuevo propósito del gobierno. Ese nuevo propósito fue la defensa de los derechos individuales. Ningún otro gobierno antes se había creado con ese propósito.” Este cambio fundamental que inclusive modificó el concepto de soberanía, que pasó a ser la soberanía del individuó, fue determinante en la transformación que tuvo el mundo, y que permitió que evitaran que conforme a la filosofía totalitaria europea, el mundo fuese nazi o comunista.
Lamentablemente la exaltación de la política o la historia americana que hace The Economist se limita a reconocer el avance en la eliminación de la discriminación racial, en tanto que olvida el subliminal proceso ideológico que implica la filosofía de Obama y que ignora los principios liminares de los Founding Fathers. No voy a negar el paso positivo que significa la eliminación política de la discriminación racial, por más que subsistan los sentimientos racistas que no son sólo de los blancos. Lo que me preocupa es que ese avance implique un retroceso en la ideología que permitió la libertad en el mundo y que se funda en el reconocimiento del derecho del hombre (y la mujer) a la búsqueda de su propia felicidad. No fue otro que Thomas Sowell, un afroamericano brillante que al referirse a Obama dijo que "no es que diga mentiras, él es la mentira."
Insisto pues en que mi mayor preocupación es que en las próximas elecciones americanas se plantearía quizás por primera vez una alternativa al sistema que le dio la libertad al mundo, en nombre de la pretensión de igualdad. No fue otro que John Kennedy quien también intentara un proceso similar de reversión del propósito del gobierno de defender los derechos individuales cuando manifestó: “No preguntes a tu país que puede hacer por ti, sino que puedes hacer tu por tu país.” En esta reversión se traduce la diferencia ética entre la libertad y la opresión.
Hace ya más de 150 años que el gran Sarmiento tomó conciencia del significado trascendente del proceso político iniciado en Estados Unidos y al respecto escribió en sus Comentarios a la Constitución Argentina: "Los americanos se han puesto de acuerdo en todo aquello que en el resto de los países ha sido la causa de las revoluciones y la opresión." Y en ese sentido hasta el propio Nikita Khruschev se percató de este hecho cuando dijera que los partidos políticos americanos se diferenciaban tanto como la Coca Cola y la Pepsicola. Las próximas elecciones americanas plantean una alternativa ideológica por más que los americanos hayan tomado su sistema político por dado, y hasta lleguen a creer que la ideología son problemas de otros países.
Estados Unidos es el país liberal por antonomasia por más que su nomenklatura política haya calificado de liberales las tendencias socialistas. Ese liberalismo es el denominado “Rule of Law” que implica precisamente la limitación del poder político, que se hace imposible cuando el gobierno se apropia de la eticidad de la sociedad, al descalificar éticamente los intereses particulares como contrarios al interés general. Ese es el carácter fundamental de la filosofía política latinoamericana en su versión de farsa de la europea, de la que surgieron los totalitarismos que azotaron al mundo durante el siglo XX y de los que nos libraron los americanos en la Segunda Guerra Mundial.
A diferencia de Reagan que rescató a Estados Unidos de la decadencia en la que lo había sumido el Sr. Carter y su asesor marxista el Sr. Zbigniew Brzezinski, Obama cree que el gobierno es la solución y no el problema. No es casual que ambos hoy son sus asesores, así como el remanente dolorido de La Nueva Frontera, a la que le debemos la extensión de la frontera soviética al Caribe y la subversión terrorista en el continente. No podemos olvidar que cuando las necesidades crean derechos, se violan los derechos de los que satisfacen las necesidades.
Las próximas elecciones americanas enfrentan una alternativa ideológica profunda, por más que es mi criterio que se va a definir por la razón equivocada que es la raza. Ya veremos cuantos americanos más que en otras oportunidades concurrirán a las urnas, y por ello me atrevo a predecir contra todas las encuestas que Mc Cain será el próximo presidente de Estados Unidos. Afortunadamente así espero que sea pues si bien Obama dijo que Chávez era una amenaza y así yo también lo creo, la mayor amenaza es él. Su proyecto político implica la latinoamericanización política, no hispana, de Estados Unidos. Casi podría decir que resolverían el problema de la inmigración ilegal pues ¿quién querría emigrar a otro país latinoamericano y además tener que hablar en inglés?
Por último recuerden que el socialismo, como bien dijera Tocqueville, y la concentración de poder son frutos del mismo suelo. Y asimismo me cabe decir y repetir que el socialismo es la denominación que le dio el Iluminismo a la demagogia tal como fuera descrita por Aristóteles, que al respecto escribió: “Tan pronto como el pueblo es monarca, pretende obrar como tal, porque sacude el yugo de la ley y se hace déspota, y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido.” Es en esos términos que percibo el éxito relativo de Obama hasta la fecha, y espero que no se prolongue después de noviembre.
* Para El Diario de Las Américas, Miami / Junio 27, 2008
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