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Por Elías Amor Bravo, Valencia
Necesarias y urgentes reformas en sistema educativo cubano

COMIENZA EL NUEVO CURSO ESCOLAR en Cuba. No sin dificultades.

Primero, el ciclón “Gustavo”, que no ha conseguido posponer la vuelta a las aulas de los escolares, con sus uniformes obligatorios de pioneros y sus pañoletas de jóvenes comunistas. Parece que el ciclón ha provocado una importante destrucción material en zonas muy concretas de la Isla, cuyas consecuencias se tendrán que evaluar a medio plazo, e incluso algunos observadores apuntan a graves carestías de alimentos y hambrunas, en una Isla donde la penuria es lo habitual.

Segundo, el retorno masivo de maestros ya jubilados, aproximadamente unos 4.000, a las aulas para dar respuesta inmediata a la escasez de docentes. Ismael Drullet, secretario general del Sindicato de Trabajadores del ramo, ha presentado este hecho como “la respuesta masiva al llamado de Raúl Castro”, según informa la edición de Granma Internacional.

En repetidas ocasiones, se ha venido constatando como uno de los grandes logros de la “revolución” castrista, la educación, ha entrado en una grave crisis estructural, cuyas consecuencias son imprevisibles.

Varias informaciones procedentes de la Isla han venido apuntando en la misma dirección de crisis del sector educativo.

En primer lugar, los jóvenes ya no consideran que el acceso a la educación superior signifique ventaja alguna para el desarrollo de sus vidas personales y profesionales, ya que resulta más rentable ocuparse en las actividades directamente relacionadas con el área del dólar, como el turismo, por su mejor retribución y capacidad de consumo. Mal futuro tiene un país cuando el esfuerzo, el mérito, el aprendizaje y la capita-lización de conocimientos no son apreciados por los sectores más jóvenes de la población.

Cabe también preguntarse qué papel ha desempeñado el régimen castrista, sobre todo en los últimos años, para destruir las legítimas aspiraciones de una sociedad bien formada y entrenada. En cualquier caso, los indicadores manejados por el régimen en materia de educación han tenido, desde siempre, una orientación propagandística más que otra cosa. La evidencia reciente se ha encargado de mostrar que la educación castrista era un gigante, con pies de arcilla.

Por otra parte, no menos importante, la salida masiva de educadores a Venezuela, Bolivia, y en menor medida, Nicaragua, como pago por la donación de petróleo chavista, había dejado a las escuelas cubanas semivacías, descapitalizadas, gestionadas las aulas por estudiantes de los últimos cursos, o en el peor de los casos, personas sin la adecuada cualificación educativa. Las protestas, al igual que en la sanidad, no hacían más que ir en aumento.

Dado que en Cuba no está permitido otro sistema de provisión en la educación que el que se financia con cargo al presupuesto público, la posibilidad a corto plazo de salir de una crisis de estas dimensiones, sólo puede venir de medidas de “parcheo”, como la movilización de los jubilados, cuyo derecho al descanso parece que la “revolución socialista” no quiere reconocer. Habría que ver qué tipo de repercusiones podría tener en España, Francia o Italia, por ejemplo, esta medida de reincorporar a los docentes jubilados a las aulas. No le auguro mucho éxito. Lo más llamativo es que en Cuba el representante sindical de estos trabajadores aplauda y defienda la medida, y que los docentes vuelvan al trabajo, después de toda una vida laboral de sacrificio y con escasa recompensa.

La situación del sistema educativo en Cuba ya no es viable, y va a tocar fondo muy pronto. No se puede mantener con unos recursos escasos y limitados una provisión monopólica de un servicio fundamental para el desarrollo económico y social del país. Mucho menos sostener el argumento de que la educación debe ser pública para evitar desigualdades. La experiencia “revolucionaria” de casi medio siglo lleva justo en la dirección contraria: una educación pública genera y potencia desigualdades. No hace falta más que viajar a Cuba.

Raúl Castro tiene que reconocer que el “logro revolucionario” de la educación es otra de las causas perdidas que necesitan una reflexión en profundidad y una profunda reforma. No tiene sentido que el gobierno cubano tenga que asumir la totalidad del coste de la educación con cargo al presupuesto estatal, cuando es sabido que los hijos y nietos de la jerarquía económica, militar y política marchan al exterior a seguir sus estudios, como una de las aspiraciones más solicitadas. Los universitarios cubanos no desperdician la oportunidad de acceder a becas y pasantías en otros centros internacionales.

La solución al problema pasa por empezar a pensar, desde ya mismo, en el futuro de una sociedad cubana democrática y libre, e ir abriendo espacios a la educación privada, financiada por el mercado, con capacidad para gestionar recursos y medios en condiciones de ventaja con respecto a la burocracia estalinista.

Para conseguir este objetivo, el gobierno debe cambiar el modelo y abrir puertas a la iniciativa empresarial internacional, a la Iglesia, a las cooperativas y a las distintas entidades que con capacidad y visión puedan ir desarrollando un nuevo mercado de futuro en el país. No creo que el problema de la educación en Cuba se resuelva haciendo volver a las aulas a los jubilados.

El principal error de los comunistas cubanos, en materia de política económica, es no entender que la tarta social crece continuamente, y que no sólo hay que repartirla sino hacerla crecer y aumentar de tamaño para que todos puedan participar.


Septiembre 3, 2008
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