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Por José Gabriel Ramón Castillo
Por el bien de la Libertad
Los cubanos de la Isla, en medio de las penurias que están pasando por los devastadores huracanes Gustav y Ike, en estos momentos enfrentan dos cuestiones graves: la espantosa represión policial y una arremetida propagandística sin paragón alguno en los cincuenta años de castrismo.
Cuando nadie en Cuba conoce los acuerdos Bretton Woods ni los índices Ibex 35 y Daw Jones ni mucho menos las entidades Freddie Mac y Fannie Mae ni sabe cuáles han sido los factores incidentales en la crisis financiera internacional, se le está diciendo que se acabó el capitalismo, que los propios capitalistas no quieren saber de ese sistema porque han acudido a recetas socialistas para resolver los problemas de la humanidad y que la “Revolución” seguirá su indefectible camino trazado por su líder histórico.
Me abstraje por un instante y la cabeza estuvo a punto de estallar. Me imaginé a la gente haciendo mil conjeturas sobre la situación actual y me hice una serie de interrogantes como si estuviera allá: ¿Dios mío cuál es el futuro que nos espera? ¿Nacimos para vivir en infinita agonía? Recordé las palabras de mi amigo Tito Torralba, primo del ex ministro de transporte defenestrado en el caso Abrante en 1989, muerto hace unos años sin ni siquiera haber visto las novedades del momento, él siempre decía: “a los cubanos nos persigue la mala suerte cuando estamos cerca de la libertad ocurre algo y la cosa se va a bolina”. Ponía de ejemplo como el régimen castrista se salió con la suya cuando la crisis de los misiles y cuando desapareció la Unión Soviética. Sería interesante saber su criterio sobre la acuciosa actualidad generativa de tantas y tantas especulaciones sobre la que la isla se encuentra en el centro de la noticia.
La intervención estatal no puede ser la solución de los problemas y los cubanos lo saben muy bien. La confiscación de sus vidas condenadas a la perpetua miseria constituye el mejor ejemplo para demostrar la inviabilidad de las recetas intervencionistas.
Que en Occidente se apliquen paliativos de estado para superar la crisis no quiere decir que sean remedios probados del socialismo. El Estado liberal siempre ha intervenido la economía regulando el valor de la moneda, autorizando la creación de bancos hasta la promulgación de las entidades centrales nacionales constituidas en fiadoras de las políticas fiscales de los gobiernos.
Cuando el poder se descarna de la montura ideológica queda sencillamente el poder. Poder de izquierda o poder de derecha son poder y su instinto de conservación es el mismo. En estos momentos los poderes van en la misma dirección y si no por qué tanto despotricamiento de algunos gobiernos para estar presente en la Cumbre de Los 20. Allí no se va a refundir el capitalismo ni se va a salvar al mundo: allí se va a discutir la supervivencia del poder.
Ante el flagelo de la corrupción de las malas políticas gubernamentales no queda otra alternativa que anteponer la responsabilidad con plena libertad. Hay que defender la libertad. La libertad no es sencillamente un estado de ánimo sino la concreción de derechos inalienables. Privarse de esos derechos es privarse de la vida y seguir en los brazos de la muerte.
Ahora no me acuerdo donde leí por primera vez la palabra libertad pero estoy casi seguro que no fue en los manuales marxistas.
Octubre 26, 2008
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