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Por Jaime Valdivieso Bustamante, Puerto de Santa María
La insoportable levedad de ZP
RESOLVER LOS PROBLEMAS de los ciudadanos es la responsabilidad de los gobernantes. Si no lo hacen cuando hay soluciones es por incompetencia, y cuando sistemáticamente los agravan podemos calificarlos de malhechores, pues el costo de mantenerlos con todo su séquito de ministros, secretarios, subsecretarios, vicepresidentes, asesores, ayudantes, coches, chóferes, adulones y una infinitud de cargos inútiles y pagos de favores representa una carga insoportable para los ciudadanos obligados a financiarlos.
Gravísimo es el problema que deben resolver. Según cifras oficiales (siempre amañadas a menos), en España hay tres millones y medio de parados y un millón de ellos sin ninguna ayuda. Como las cifras van a peor, no cabe duda de que estamos sobre un volcán a punto de erupción cuyos síntomas ya se perciben: se han duplicado los robos de alimentos y ropa en supermercados, sus contenedores son asaltados de noche y los comedores de caridad no dan abasto... ¡Es sólo el comienzo!
¿Respuesta de ZP? Un maquillaje ministerial "para afrontar la crisis". Entre los nuevos redentores hay nada menos que un profesor de metafísica y un rey del paro (subió 42% durante su reinado andaluz). En Cultura (del pelotazo), una cineasta que ha trincado 10 millones en subvenciones para su cultísimo arte (La puta y la ballena), pero sus escasos espectadores no dejan ni la mitad de eso en las taquillas. Al menos se van Solbes de Economía "contento de haber hecho todo lo que debía" y Soria de Salud, candidato al Nobel por retocar las tallas de la ropa... y no sigo por depresión.
El elemento más grave de esta compleja crisis es el paro descontrolado, sus trágicas consecuencias y su crecimiento previsto. Ante esta situación lo que ha hecho el Gobierno es básicamente prestar dinero a la banca y endeudarse metiendo mucha pasta en los Ayuntamientos para adornar jardines y otras bagatelas que no crean riqueza y que sólo absorben paro mientras dura el parné (es la fórmula keynesiana que prolongó diez años la crisis del ´29), y de paso invitan al público a que no se amedrente y siga consumiendo para mantener la demanda. Por su parte, desde la oposición el PP critica con razón el despilfarro (que ellos también han practicado a destajo) y propone rebajas de impuestos a sus protegidos favoritos, las empresas, en especial a las pymes.
Si observamos panorámicamente lo esencial del actual proceso económico veremos que plantea una compleja disyuntiva: la banca restringe créditos a empresas y particulares porque la mayoría son calificados de alto riesgo, unas porque sus acreedores (en buena medida los Ayuntamientos) no les pagan, los otros porque viven de un contrato precario o de un subsidio. A su vez la empresa despide o no contrata por falta crédito y de demanda debido a que el consumidor gasta menos porque tampoco tiene crédito a causa de su precariedad laboral o por paro y también por eso deja de pagar su hipoteca, que a su vez merma los recursos de la banca. En esta pescadilla que se muerde la cola, el Gobierno suministra placebos a los parados creando así la ilusión de que absorbe paro y de paso aumenta el déficit presupuestario que obliga a subir los impuestos que a su vez agravan la situación de las empresas y los particulares, etcétera, etcétera.
Entonces la cuestión es saber dónde comenzar a romper el círculo vicioso. Técnicamente la recesión es una reducción persistente del PIB, el conjunto de actividades económicas. Teniendo en cuenta que el consumo privado representa el 60% del PIB y una parte de éste es consumo familiar, resulta como menos razonable y factible empezar por ahí a fomentar el crecimiento. Comenzar precisamente ayudando a los sectores más desfavorecidos, los parados y las rentas más bajas, no con contratos precarios, sino abaratándoles la vida. Esto es, reduciendo los impuestos en los bienes y servicios de primera necesidad como luz, agua, teléfono, y combustibles domésticos y de automoción, todos gravados con un IVA del 16% (excepto el butano, con el 6%) y con increíbles impuestos y exacciones adicionales.
El agua, la primerísima necesidad humana, es sólo el 22% de su factura, el 78% restante son accisas. De lo que pagamos en la gasolinera, el 68% son impuestos. La electricidad, gravada con dos impuestos, ha subido más de 30% desde fines de 2008 por autorización del Gobierno, que anuncia nuevas subidas dentro de poco a pesar de la bajada espectacular de las materias primas. El impacto de estas medidas, también aplicables a las pymes que generan el 89% del empleo, supondría un importante avance del PIB.
Hay algunos escollos para estas medidas, no se pueden implantar sin autorización de la Comisión Europea, pero hay antecedentes de cuando permitió rebajar el IVA del butano y se les puede convencer ante la tragedia que vivimos. El otro problema es la insoportable levedad de ZP, que no renunciará a esos ingresos si significa dejar de gastar en las chorradas habituales.
Abril 18, 2009
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