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Por Oswaldo Alfonso, Estocolmo *
Raúl, esperan por tus gestos

EL TEMA DE CUBA ha acaparado los titulares de las noticias sobre la V Cumbre de las Américas. Era previsible, pues todo indicaba que la ofensiva diplomática de Hugo Chávez y Lula da Silva en las semanas previas, estaba preparando las condiciones para ejercer presión sobre Obama en esta reunión para que cambie la política norteamericana hacia la Isla.

Ya conocemos como una decena de mandatarios latinoamericanos han estado viajando a La Habana en los últimos meses en un, pudiera decirse, maratónico peregrinaje a hacerse la foto con Fidel Castro y dar legitimidad a la sucesión dictatorial. Nadie más que la dictadura ha ganado con este estrechamiento de relaciones con los gobiernos latinoamericanos. Ninguno ha dicho una palabra en cuanto a la necesidad de cambios democráticos en la Isla. Eso dice suficientemente sobre la moralidad de la clase política que hoy gobierna la mayor parte de los países del continente.

Ahí vimos a un Chávez que no ha dejado de insultar a Obama y llamarlo hasta ignorante y ahora cuando lo ve en Puerto España muy risueño le dice “I want to be your friend."  Un amigo mío venezolano ilustró ese episodio con una frase picante: “El ALBA bajándose los pantalones frente al ALCA”.

Por cierto, que hasta regalo hubo de parte del coronel de Miraflores. Obsequió al presidente Obama un ejemplar de “Las venas abiertas de América Latina”, esa Biblia de cierta izquierda latinoamericana en la que se culpa de todos los males precisamente a Estados Unidos. Ojalá alguien le haga llegar a Chávez “Las raíces torcidas de América Latina,” que aborda la historia, la cultura y la política del continente, así se comprenderá mejor el panorama que hoy vemos en nuestra América y por que tenemos uno como él, y un Evo, un Correa, o una Cristina.

¿Y qué hay con Cuba en la Cumbre de las Américas? Por un lado, la complicidad de los gobiernos  latinoamericanos con la dictadura. Todos sin excepción piden el levantamiento del embargo, pero ninguno dice una palabra de las violaciones a los derechos humanos que ya duran 5 décadas.

Todos han hablado de que es la hora de nuevas políticas. Eso claro está, se le dice a Obama. Pero ¿y a Raúl Castro?, ¿no merecen nuevas políticas internas los cubanos? ¿y las libertades, no son una aspiración de quienes viven en la Isla? Todos quieren ver que los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos sean amigos, pero ¿quien ha expresado que quiere una Cuba libre y democrática donde se respeten las libertades y los cubanos tengan una vida mejor? Solo lo ha dicho el presidente de los Estados Unidos Barack Obama.

Pero por otra parte, mientras esos gobiernos reclaman el regreso de Cuba a la OEA, Fidel Castro llama a este organismo regional “infame” y Raúl Castro declara que ese organismo debe desaparecer. Al mismo tiempo el dictador asegura que está dispuesto a discutir de todos los temas con los Estados Unidos, pero eso si “sin la más remota sombra a nuestra soberanía y al derecho a la autodeterminación del pueblo cubano”. Quienes conocen la retórica castrista, comprende muy bien a que ellos llaman “la autodeterminación del pueblo cubano”. En pocas palabras, seguir con la tiranía y con el minucioso disparate comunista infringiendo más y más sufrimiento al pueblo de Cuba.

De cualquier modo, no puede negarse que con el gobierno de Obama se ha puesto a un lado el discurso de confrontación y se ha pasado a un lenguaje conciliador. Sin embargo, han dejado muy claro que el fin sigue siendo el mismo, y es que se inicie un proceso de democratización en la Isla. Los gestos que ha hecho el gobierno de Estados Unidos van dirigido para beneficio del pueblo. Incluso, en cuanto a las remesas se refiere, se le ha pedido al gobierno castrista que deje de gravar, como lo hace ahora, con un 20% los envíos de dinero que hacen los exiliados. Se está diciendo claramente que lo que se quiere es ayudar a los ciudadanos, no a la dictadura.

Ahora la pelota está en el terreno del régimen castrista. Raúl dice que está dispuesto a conversar. Pues que lo demuestre con hechos. Del mismo modo que Barack Obama no tuvo necesidad de sentarte a conversar con él para tomar las medidas de flexibilización que recién promulgó, no necesita Raúl Castro tampoco hacerlo para por ejemplo liberar los presos políticos y dar pasos hacia las libertades. Las leyes que mantiene a los cubanos sin derechos y sin libertad no se promulgaron en Washington si no en La Habana, y es allí donde deben derogarse.

La gran publicidad que han tenido en estos días las declaraciones en torno a un deshielo en las relaciones entre ambos gobiernos es parte de la errónea idea de que el problema cubano es ese diferendo. No pocos en el mundo se sentirían satisfechos de ver buenas relaciones entre el gobierno norteamericano y el de Cuba aunque no existieran cambios democráticos en la Isla. Pero Barack Obama no es José Luis Rodríguez Zapatero. Por suerte, ante todo, para los propios norteamericanos.

Durante todas estas décadas el régimen de la Isla ha empleado la confrontación con Estados Unidos como una coartada para justificar su atrincheramiento y las violaciones de derechos humanos. Esa confrontación también le ha dado en buena medida las simpatías que la dictadura ha tenido en el mundo. Esa simpatía ha sido directamente proporcional a la antipatía que ha inspirado Norteamérica. Ha sido una manera perversa de razonar pero ha sido así. Hoy hay una situación diferente. Quien gobierna en la Casa Blanca es ahora más popular que el barbudo de La Habana.

¿Qué se puede esperar de Raúl Castro y de su sombra, Fidel? Palabras, retórica, demagogia. Eso ha sido siempre, ¿por que habrá de ser diferente ahora? En Washington ha habido un cambio pero en La Habana son los mismos de siempre. Tal vez Raúl Castro esté pensando que de haberlo sabido, no se habría apurado tanto en permitir el uso de los móviles y el derecho a comprar computadoras. Ahora, pensará, le habrían servido esas “medidas”, para hacer “gestos de respuesta” sin que nada, como de hecho ha sucedido, cambie en lo que debe cambiar.

Luego de que en Puerto España el tráfico regrese a la normalidad y los jefes de estado vuelvan a sus capitales, con los días se seguirá tratando en la prensa sobre el deshielo entre Estados Unidos y Cuba. ¿Y buena nueva leerán en los periódicos los maltratados habitantes de la mayor de las Antillas? Dejémoslo al tiempo, aunque ya es demasiado el que ha trascurrido para seguir esperando. Lo más probable es que lo “nuevo” sea otra reflexión del tirano escondido pero omnipresente y perturbador.
Veremos si algo mueven para que haya cambios hacia la libertad en Cuba los que allí tienen el poder.¿Cuanto más?

* Uno de los 75, presos en la Primavera Negra de 2003.  Excarcelado en 2004, emigró a Suecia, donde vive desde 2005 / Abril 20, 2009
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