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Por Elías Amor Bravo, Valencia
El pueblo cubano tiene poco interés en la OEA

NO HACE FALTA MÁS que escuchar y analizar las opiniones de los distintos sectores que convergen sobre el régimen castrista para comprobar que a los cubanos, al pueblo cubano que vive en la Isla; si, esa población silenciosa que no tiene capacidad para expresarse libremente, ni para trasladar al mundo su opinión, le importa un bledo que la OEA abra las puertas a Cuba casi 50 años después de su expulsión, o que le entregue un salvoconducto a un Fidel Castro en fase terminal para reivindicar sus enloquecidas posiciones una y otra vez.

Los verdaderos perjudicados por el desastre económico, político y social de Cuba son los propios cubanos, los que malviven en condiciones pésimas de escasez, miseria y postración. Sobre todo, sin libertad, el bien más preciado que tienen los seres humanos, y que ellos no han podido ejercerla durante medio siglo.

Los cubanos saben que la OEA no va a resolver los problemas de la Isla, ni tampoco va a permitir que mejore la dieta alimenticia actual, que se consigan más y mejores productos y bienes básicos en los mercados libres, o que se pueda hacer frente a la nueva temporada ciclónica en condiciones de seguridad, cuando aún se está a medio reparar los daños del pasado ejercicio. La OEA no va a servir tampoco para que el régimen facilite la libertad de expresión o abra las puertas de sus cárceles para liberar a los presos políticos que cumplen injustas condenas por delitos como conspirar contra el jefe del estado y otras sandeces típicas de las dictaduras. Por último, la OEA no va a facilitar la creación de un necesario marco estable de respeto a los derechos de propiedad ni la transición de la economía cubana de la planificación soviética al mercado libre.

No creo que al pueblo de Cuba le preocupe lo más mínimo la OEA, la política regional o las eternas discusiones con el vecino del Norte. Lo que quieren es que Cuba salga del atolladero en que se encuentra, poder salir y entrar libremente en el país, utilizar Internet libremente para comunicarse con el exterior, acceder a una vivienda digna y con los servicios básicos, llegar a fin de mes, evitar los alimentos racionados y de pésima calidad, poner fin a los atropellos y planes de un régimen que convierte a la sociedad en un instrumento al servicio de sus fines políticos. Eso es lo que verdaderamente preocupa a los cubanos.

Ya son demasiados años. Es cierto que Cuba fue expulsada de la OEA hace casi medio siglo por abrazar el marxismo leninismo, y que nunca ha abandonado realmente tales principios, ahora que se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín.  Basta con echar un vistazo a la constitución cubana en vigor para comprobar qué poco han cambiado, incluso sin referentes a nivel internacional.

Pero es cierto que los tiempos cambian, y que el presidente Obama está empeñado en trasladar hacia América Latina una nueva forma de hacer política, aunque ello suponga ceder en sus posiciones. Si la Administración Obama, Clinton incluida, piensan que esta actuación favorable al régimen castrista va a suponer una mejora de las relaciones de Estados Unidos con sus vecinos de América Latina, está equivocado. Cualquier cesión con el régimen cubano termina siendo perjudicial, y si no que se lo pregunten a la Unión Europea, que no sabe cómo afrontar con un marco estable las complejas relaciones con el castrismo. El tiempo lo dirá, pero las correlaciones políticas que se están instaurando en la mayoría de países de América Latina cimentan sus cuotas de poder en el enfrentamiento y el conflicto permanente con el vecino del Norte. Es como si hubieran aprendido de memoria el catecismo castrista, y lo estuvieran repitiendo una y otra vez.

Si. Cuba puede volver a la OEA cuando quiera, pero al pueblo cubano, el que está esperando que Raúl Castro impulse de verdad alguna de las medidas anunciadas, le importa muy poco.

Mayo 6, 2009
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