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Por
Lázaro González, Toronto (Canadá)
La
caja de Pandora del castrismo: la sucesión
"ME
INTERESA EL FUTURO PORQUE ES EL SITIO DONDE VOY A PASAR EL RESTO DE MI VIDA." (Woody
Allen)
"NO SOY NI SERÉ NUNCA JEFE DE FRACCIÓN O GRUPO. NO PUEDE DEDUCIRSE, POR TANTO,
QUE HAYA PUGNAS DENTRO DEL PARTIDO" (Fidel Castro Ruz)
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I
Hace unos años un periodista francés obtuvo las palmas por revelar
con rotunda precisión —según él y los analistas
de la ultima novedad— la clave de las relaciones de poder en Cuba. Con motivo
del desmayo sufrido por Fidel Castro el 23 de junio del 2001 durante un
discurso en el Cotorro, La Habana, el periodista centró su atención
en el comportamiento grupal de lo que él define como los tres grupos
de poder en Cuba [familia y amigos personales de Fidel Castro, talibanes e
históricos] y extrae sus conclusiones siguiendo la rutina seudo socio-sicológica
traída por los pelos de “¿Quién miró a quién? ¿Quién
ordenó y actuó? ¿Quién tomó la palabra en
la tribuna para substituir a Castro…?”
Bueno
para un thriller, pero no aplicable a la meca de la simulación. No
sé si el referido periodista estaba viendo la transmisión del
acto en
directo o vió retransmisiones de un video que ya no está disponible
en la red.
En
cualquier caso lo que ocurrió fue que el desconcierto reinó entre los
que él denomina los tres grupos de poder, y ninguna orden se emitió; y
si la situación estaba prevista en los planes operativos de contingencias,
los mismos no se ejecutaron. Durante varios segundos el país, los
grupos de poder y la nomenklatura experimentaron la paralización
que generan imponderables de esa naturaleza.
Felipe
Pérez Roque, el que mejor interpretaba el pensamiento del Comandante
en Jefe, desbordó a los históricos y a los escalones de mando
designados, e improvisó una arenga que forzó a los paralizados Comandantes
de la Revolución a hacerle un sumiso y silencioso coro.
Pérez Roque, auto-desempeñando el papel de delfín designado,
pudo haber dicho cualquier cosa aquella mañana en el Cotorro. Optó por tranquilizar
a la ciudadanía y al mundo que seguía los acontecimientos con
mirada incrédula y respiración entrecortada. Pudo incluso tomar
el control político del país y ordenar el movimiento de las
tropas. No lo hizo. Ya hoy no existe: lo imponderable es un factor sin
el cual la Historia no existiera como la conocemos ni sería tan
lineal y aburrida como la concibió Carlos Marx.
La
estrepitosa caída del Comandante en Santa Clara fue otra oportunidad
para calibrar la reacción de la nomenklatura y la eficiencia
de la respuesta operativa, donde la mejor reacción de los encargados
de poner en ejecución los planes de contingencias fue cortar la
transmisión televisiva hasta que el magullado, en silla de ruedas, retornara
para declarar que estaba entero.
Si en vez de un brazo y una pierna el anciano se quiebra la base del cráneo
en aquel paso al vacío, el terror provocaría todo género
de reacciones. El incidente donde un Pérez Roque les gana la arrancada
a los históricos no se repetirá en el caso de un Raúl
Castro desvanecido por cualquier razón. La cadena de mando adecuada
a cada momento respondería con eficacia meridiana.
Y no es porque la nomenklatura le
profese un sentimiento legitimo de afecto al líder, sino porque su propia supervivencia como grupo
social está condicionada en ese instante a él; hoy esas
lealtades están en franco proceso de reordenamiento en torno al
liderazgo gris del general y monitoreando las señales que irradia
el centro, en un macabro proceso de tanteo donde los errores se castigarán
brutalmente.
Cuando
un Carlos Valenciaga, promovido meteóricamente desde la FEU [Federación
de Estudiantes Universitarios] a jefe de la oficina de Fidel Castro, daba
lectura con voz trémula a la “Proclama del Comandante en Jefe
al Pueblo de Cuba” el 31 de julio del 2006, se hacia pública
la delegación de algunas funciones al primer nivel de la nomenklatura.
De los siete designados por la orden ejecutiva del Comandante en Jefe,
tres de ellos ya no forman parte del círculo de poder.
Carlos
Lage, quien como Pérez Roque y Valenciaga fue promovido a los primeros
niveles del partido por la vía expedita de las preferencias de Fidel
Castro, y quien creyó que el cumplimiento fiel de la ordenes recibidas
lo hacían miembro real del circulo intimo del poder y tercer hombre
en la cadena de mando, solo después de los hermanos Castro, y de
hecho segundo en la nomenklatura de cargos oficiales como Primer Vicepresidente
de los Consejos de Estado y de Ministros, puestos a los que se consideraba
merecedor; comprobó en la reunión del Buró Político convocada
expresamente para analizar su situación, junto a la de Pérez Roque,
Remírez de Estenoz y otros, con la sangre helada en sus venas, que
ni había hormonas para enfrentarse a la maquinaria del poder real, ni
había aprendido las claves de ese poder.
Y
es que las claves de ese poder son múltiples y han sido examinadas siguiendo
el principio de la caja negra, donde son conocidos los inputs y outputs,
desconociéndose los procedimientos internos que transforman unos
en otros. Fuente de todo género de especulaciones, sensacionalismo,
y pronósticos no sustentados, voluntaristas y no verificados en
la praxis, de lo que se trata en un primer momento del análisis
es hacer abstracción de las entradas y las salidas para concentrarse
en los operadores de la caja blanca del castrismo en tanto
sistema que adopta las tendencias mas eficientes a los fines de su reproducción,
adaptación y perpetuación.
Así, los familiares y amigos gradualmente desplazados del centro, y sólo
unidos por el cordón umbilical que se adelgaza y tensa en la medida
que se apaga la salud de Fidel Castro y se esfuma su presencia, se reajustan
a las nuevas relaciones de poder en torno al sucesor designado en primera
instancia.
Los
talibanes han desaparecido más rápidamente que lo que ascendieron, y
los históricos, encabezados por los tres Comandantes de la Revolución,
también condenados por la implacable biología, establecen nuevas
alianzas tácticas para sobrevivir la desaparición del líder.
I
I
Uno de los más frecuentes errores conceptuales al abordar diversos autores
los posibles escenarios, es el carácter apriorístico y determinista
de las bases del análisis que conducen a conclusiones que no responden
a la dinámica castrista. En lugar de analizar la caja blanca del
castrismo, que como especie de caja de Pandora oculta de las miradas externas
las esencias del sistema, se suelen imponer total o parcialmente factores
ajenos a la singularidad histórica de este sistema político
de control y coerción social, que se reproduce sobre la base de
perpetuar la pobreza estructural social en un dinámico pero férreo
sistema piramidal de castas.
El
fenómeno Solidaridad en
Polonia o el enfant terrible de
Yeltsin no tienen paralelos en Cuba, y en ambos casos fueron condicionados
por procesos políticos y sociales con estabilidad temporal, que permitieron
su maduración como actores principales en las transiciones polaca
y soviético-rusa. Los Gorbachov de la Unión Soviética y
Hans Madrow de la ex–RDA, en la versión cubana, están
por aparecer, si es que en algún momento lo hacen.
Personalidades
relevantes provenientes de distintos estratos sociales, desempeñaron
papeles claves en la transición de los países de la Europa
del Este hacia sistemas democráticos. El político Mijail S. Gorbachov
en la Unión Soviética, el general polaco Wojciech W. Jaruzelski,
el intelectual Václav Havel en Checoslovaquia y una figura emergente
en la antigua RDA como Hans Madrow constituyeron entre otros, y de diversa
manera agentes facilitadores del cambio.
Figuras
con esa potencialidad no han surgido en los círculos de poder de
Cuba, lo que no es óbice para que existan. El régimen cubano ha trabajado
ardua y sistemáticamente para que no surjan las condiciones para
que personalidades de estas características se desarrollen y, cuanto
un Aníbal Escalante, o un Carlos Aldana o los recientemente defenestrados
Lage, Pérez Roque y Estenoz, comienzan a nombre de la salvaguardia
de la Revolución a tomar iniciativas propias, la demoledora maquinaria
represiva entra en función con una eficacia destacada.
La
academia cubana tampoco esta exenta de la inquisición y ahí están las
represalias brutales al Departamento de Filosofia de la Universidad de
la Habana y al Centro de Estudios de América por sólo mencionar
los mas de mayor impacto en la opinión publica.
León Trotsky, quien conocía bien de represiones y fue objeto violentamente
de ellas, explicó meridianamente el rol de la función terror-represión
en la regulación de la dinámica de la nomenklatura y su
lealtad al centro:
“El aparato gobernante adapta sistemáticamente el partido
y sus instituciones a este cambiante programa; es decir, al servicio de nuevas
capas sociales, cada vez más privilegiadas. Para efectuar esta adaptación,
el principal método es la purga dictatorial”.
Uno
de los mitos mas comúnmente aceptados se refiere a que las relaciones
de poder en Cuba se sustentan sobre el principio de la lealtad acrítica
al Líder; siendo ésta en su expresión esencial, una de
las formas de manifestación de una relación de convivencia mutuamente
conveniente en términos de supervivencia de los individuos, los
grupos y la sociedad y, no la lealtad per se. Y no lo es porque los valores
culturales sustentados en el reiterativo, impositivo y excluyente discurso
de más de medio siglo y expresados en normas de conducta y actitudes,
condicionan la supervivencia a la lealtad.
Es
cierto que el sistema emplea el terror como factor correctivo y subyacente,
pero siempre ejercido, a diferencia de otras experiencias históricas
del mismo orden, en las magnitudes justas para mantenerlo en los marcos
de la supervivencia y de la gobernabilidad. Nada que celebrarle o agradecerle
al castrismo, e igualmente criticable por la sistemática violación
de los mas elementales derechos ciudadanos, pero que marca una diferencia
sustantiva. No importan los sacrificios que sean necesarios realizar en
lo personal y lo social en aras de preservar la supervivencia del sistema.
Valor socialmente entronizado que cobra especial relevancia para la nomenklatura
política, militar y administrativa.
El
individuo que con solo 14 años, en pleno proceso de formación
de la personalidad, enviaba una carta al presidente de los Estados Unidos, sin
distinción de jerarquías, solicitándole un billete de diez dólares,
y se ofrecía como dealer de Geoeconomia en plena II Guerra Mundial,
y cuyas lecturas formativas iban desde el Mein Kampf hasta La
simulación en la lucha por la vida, de José Ingenieros, no
podía dejar de imprimir sus características sicológicas
al sistema que ha conformado durante mas de medio siglo. Porque no ha sido
un acto de creación culminante, sino que el castrismo, sin renegar
de sus esencias, sobrevive, entre otros factores, por su capacidad de adaptación
y simulación.
El
futuro esta predeterminado solo en las concepciones mecanicistas y evolutivas,
y considerar que la situación cubana desembocaría en los escenarios
deseados es de una ingenuidad rayana en la estulticia.
Una
parte significativa de la nación cubana durante medio siglo ha vivido
cifrando sus esperanzas y anhelos en la muerte de Fidel Castro. Expectativas
renovadas luego de su crónica enfermedad de secreto de estado. La
comunidad cubana en la diáspora, y el exilio duro en particular,
la disidencia interna, gobiernos, agencias de inteligencia y los medios
de comunicación, viven en permanente estado de alerta a la menor
señal al respecto. Y el castrismo se burla una y otra vez de esos
estados de ansiedad, que son manipulados a conveniencia desde La Habana.
Una de las claves del poder castrista es ser proactivo, colocando a los
actores externos en posiciones reactivas, donde son más vulnerables a
la manipulación.
Y los outsiders al
poder castrista están convenientemente
estructurados. Actores externos son los gobiernos extranjeros y la comunidad
cubana en el exterior, y también el pueblo que reside en el archipiélago. Pero
el secretario del partido de una provincia es también un outsider respecto
al poder central, como igualmente lo es un ministro respecto al centro.
El nuevo ministro de economía y vicepresidente del Comité Ejecutivo
del Consejo de Ministros, Marino Alberto Murillo Jorge, a pesar de todos
sus cargos y de ser un hombre del equipo de Raúl Castro, es un outsider,
en tanto su rol en la política económica del país
se limita a la función normativa-controladora y no al trazado de estrategias
socioeconómicas, las que le son ordenadas. Murillo Jorge obedece e instrumenta,
no participa en su definición.
El
general de división Lucio Morales Abad, quien sustituyó al
general de cuerpo de ejército Leopoldo Cintras Frías como
jefe del Ejército Occidental, es en gran medida un outsider al
propio ejército que comanda, en tanto las misiones del mismo les
son predeterminadas por el Estado Mayor General y porque existen unidades
de importancia táctico-estratégica que no se le subordinan,
entre ellas las que defienden direcciones estratégicas donde se
micro-localiza el poder central.
Una
de las misiones de estas unidades es neutralizar en primera instancia
cualquier error de alguna de las unidades del propio ejército,
y cuenta con la misma prioridad que el desembarco de un comando enemigo:
no importa el origen o procedencia, todos son enemigos potenciales y son
tratados consecuentemente. Si Punto Cero y Punto Uno cuentan con sus propias
unidades de protección, también unidades del Ejército
Occidental, no subordinadas al mismo en la línea de mando, dan cobertura,
apoyan y están en capacidad de contrarrestar a las propias tropas de protección.
Me
extiendo en los ejemplos anteriores para evidenciar otra de las claves
del poder castrista, que consiste en excluir a todos los sujetos involucrados
de los procesos de la toma de decisiones estratégicas. Outsiders,
en tanto ejecutores de los objetivos estratégicos diseñados,
son entonces convenientemente ubicados en un sistema piramidal de castas
en que el poder estructura a todos los individuos del país, no importa
si alguien es miembro del Buró Político o un simple ciudadano
del barrio Chicharrones, en Santiago de Cuba.
En
tanto pirámide flexible, es un sistema dinámico que se modifica bajo
la influencia de factores externos e internos y por la vertiente temporal,
y en la cual las migraciones de un estrato social a otro son oportunamente
estimuladas, reprimidas, condicionadas o provocadas, según la conveniencia.
Al menos dos elementos esenciales cualifican al sistema de castas:
Nadie
es inamovible en la pirámide. Los movimientos laterales y ascendentes
y descendentes son posibles. Incluso los tres Comandantes de la Revolución,
sin hasta el momento perder su status de tales, han sido desplazados en
todas direcciones.
Tema
de interés en las correlaciones de poder seria analizar la posibilidad
que alguno de ellos perdiera esa condición honorífica. Aún más
interesante seria examinar la posibilidad que Raúl Castro enfermara
gravemente, perdiera el favoritismo del Big Brother, o que un
golpe de mano lo sacara de su actual posición.
Las
diversas castas son recompensadas formalmente de acuerdo a la posición
que ocupen en la estructura, aunque ello no conlleva el igualitarismo grosero.
Analistas extranjeros o expertos cubanos que han vivido largos periodos
fuera del país, suelen considerar la recompensa como dádivas
materiales. Y efectivamente existen, pero cada vez más restringidas,
en la medida que la situación económica obliga a la austeridad,
pero, en cualquier caso, son equivalentes en los altos niveles de la estructura
a las que cualquier ciudadano común del primer mundo disfruta. Y
aunque en lo interno marcan una gran diferencia respecto al resto de la
población, a nivel de secretarios de partido municipales, provinciales
y ministros, las asignaciones extra, en razón de los cargos,
no los distancian mucho del ciudadano común, a pesar de la creencia popular
al respecto.
Las ayudas comprometedoras
por parte de los tenedores de recursos –empresarios-
son inevitables y, a la vez, fuente de corrupción crónica. Entonces,
las claves de la retribución no están básicamente en los aspectos
materiales, sino en la subjetividad de unos individuos que se sienten parte
integrante de una nomenklatura, en tanto han sido involucrados
en compartir el valor que privilegia la supervivencia e integridad del
sistema por encima de la del individuo, por lo que la lealtad comprometida
se convierte en el factor decisivo para permanecer en ella y sobrevivir.
No
hay vida posible fuera de ella, si no se quiere compartir la vida de
un joven y dinámico ex ministro de relaciones exteriores, que luego de
gerenciar por un buen tiempo la limpieza de los detritus del Parque Almendares,
ahora responde a todas las llamadas telefónicas diciendo que él
es pintor y solo habla de pintura. Otros no han sido tan afortunados.
Juan
Almeida y Guillermo García vegetan en sus cortes propias, entre música
y gallos finos respectivamente, mientras tienen la obligación de
asistir a los eventos en que es requerida su presencia.
Pero
el caso de Ramiro Valdés es distinto. El dos veces ultra-poderoso Ministro
del Interior de Cuba, segundo al mando de la columna invasora que comandaba
Che Guevara mientras Raúl Castro y Juan Almeida estaban distantes
de las primeras líneas de fuego, realizando ensayos de administración
local y escaramuzas sin ningún valor militar, se ha mantenido muy activo,
independientemente de su posición funcional en el sistema de castas.
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Casi todas las personas —profesionales, neófitos o absolutos ignorantes— que tienen la posibilidad de acceder a un medio de comunicación,
se sienten obligados a brindar sus pronósticos sobre lo que pasará en
Cuba después del Día Cero. Y el primer error radica precisamente
en que no hay un Día Cero, entendido por la fecha en que Fidel
Castro fallezca.
Lo que ha estado ocurriendo hasta ahora, y que convencionalmente pudiéramos
fijar como el momento de despliegue, se marca cuando Fidel pronuncia el
discurso en el Aula Magna de la Universidad de la Habana el 17 de noviembre
del 2005, donde alerta sobre el carácter reversible de la Revolución
que podía autodestruirse.
Aunque
el proceso haya venido discurriendo desde mucho tiempo atrás
y se estructure en lo que se ha denominado Operación Caguairán,
que erróneamente se encasilla como una operación militar
en el sentido estrecho de la acepción, cuando es en realidad un
proceso
multidimensional y multifuncional, cuidadosamente planeado y ejecutado en
lo político, militar, ideológico, social, económico y cultural,
con vistas a concretar la sucesión a Raúl Castro, reforzada
por los históricos de confianza disponibles en una primera etapa
intermedia, a la que seguirá la sucesión generacional castrista
a los verdaderos herederos designados.
En
el campo de la modelación de escenarios futuros de Cuba por personas
que residen en otros países, se pueden encontrar infinitud de aproximaciones,
la mayor parte de ellas surgidas sin seguir un procedimiento metodológico
consecuente, y resultado muchas de ellos de entusiastas brainstormings,
en ocasiones en solitario.
Y
en la planeación prospectiva el castrismo, como en todo lo que compromete
su supervivencia, marcha bien adelantado frente al común empirismo
de las conclusiones apriorísticas, aunque no sean capaces de producir
ni siquiera calabazas y boniatos.
Por
cuanto el futuro no esta predeterminado en su integridad, es posible
imaginar, diseñar, planificar y concretar futuros más convenientes,
factibles, viables, y deseables. El futuro no es en modo alguno un destino
inexorable, sino que es potencialmente múltiple, flexible y alternativo;
por tanto, es cognoscible y manipulable. Y el castrismo, hoy mas que nunca,
sabe que se juega su supervivencia en ello; y los que de una forma u otra
pensamos diferente a un régimen de oprobio, debiéramos actuar
en consecuencia: el instrumental metodológico-conceptual existe y el talento
y la voluntad también.
Es
igualmente posible y necesaria la evaluación concreto-conceptual
de los mismos, brindando margen a lo fortuito, a aquellos factores imponderables
que no han sido considerados o satisfactoriamente evaluados. El acriticismo
en los resultados de una investigación puede ser tan desventajoso
como el propio empirismo. Sorprende leer que en ocasiones reconocidos especialistas
en asuntos cubanos se refieran al tema en los siguientes términos:
De
poco sirve la insistencia oficial que la institucionalidad tramitará la
sucesión. Puede que así sea temporalmente, pero a dicha institucionalidad
hay que entrecomillarla por su precariedad y por no haberse enfrentado
aún con su prueba de fuego —más candente y delicada si
el deterioro del comandante se acelera sin un rápido devenir del velorio.
La
transición debe conjurar que se restaure el castrismo…Si
la correlación de fuerzas torna inviable que la vieja guardia retenga
su poder, podrían subastarse las propiedades estatales... El cálculo
político es simple: semejante privatización despojaría enseguida
a la élite comunista de su poder omnímodo. Tampoco se descarta
que la restauración del castrismo venga con otro régimen
represivo, pero anticastrista.
Sin
pretender ofrecer una descripción de los mínimos imprescindibles para
ubicar conceptualmente el tema de los escenarios posibles -por demás
innecesaria a nivel académico- se requiere, no obstante, acotar algunos
términos cardinales.
¿Cuenta el grupo de poder que en Cuba prepara la sucesión definitiva con
una visión a largo plazo? ¿Tiene un entendimiento holístico
del proceso sucesorio? ¿Están debidamente consensuadas las interrogantes
estratégicas de “hacia dónde ir y por que caminos?”,
y las consiguientes concreciones tácticas de “¿cómo,
cuándo, con qué y con quién?”.
No
tengo dudas de ninguna índole que el castrismo se ha aplicado diligentemente
a estas cruciales tareas, en medio de la administración del caos,
que es la situación operativa del país. En ello les va lo que
mas aprecian.
La
consulta popular a través de asambleas, efectuada en el 2007, que recogió más
de un millón y medio de planteamientos, aunque no publicada, ha
sido metódicamente tabulada, evaluada por expertos y simulada.
Poderosos
instrumentos como las técnicas Delphi, la Matriz de Impactos Cruzados,
análisis FODA, Mapeo Contextual, Estadísticas de Bayes, MACTOR,
Incasting o pronósticos deductivos, Backcasting o pronósticos retroactivos
se utilizan.
Igualmente
emplean el Análisis Estructural, Matrices y Árboles
de Decisiones, el enfoque Delfos para la toma de decisiones, Escenarios Retrospectivos
y Coyunturales, entre otras, que forman parte del arsenal técnico
para garantizar la sucesión.
De
hecho, el proceso asambleario realizado, y el que se organiza, constituyen
un gigantesco brainstorming, que puede apoyar y soportar el consenso de
una visión castrista a largo plazo.
El denominado Visioning ha
sido ejecutado en tiempo real e impunemente
a la vista de todos, y será próximamente perfilado en la consulta
que Raúl Castro ha denominado el socialismo que queremos construir,
y que cuenta en lo público con dos grandes eventos: la convocada
Conferencia del Partido y la consulta popular vinculada al eventual VI
Congreso del partido, pospuesto indefinidamente.
Mientras
opositores políticos y academias en latitudes no insulares,
en el más satisfactorio de los casos, contribuyen con una visión limitada
a la transición deseable, el castrismo, en su fase raulista, construye
una visión en proceso de consensuar con el declarado propósito
de eternizarse.
No
albergo la más mínima duda de que mientras se ejecuta una despiadada
represión contra la oposición interna por múltiples vías, con
el deliberado propósito de impedir que se erija en un factor político
alternativo, los think-tanks del castrismo han elaborado meticulosamente
las diferentes alternativas de los escenarios posibles de la sucesión:
• Tendencial:
Extrapolación
sustentada en la situación actual. ¿Qué pasaría
si no hacemos ningún cambio?
• Utópico:
Lo máximo deseable a partir de reestructurar el sistema. ¿Qué pasaría
si todo nos sale bien?
• Catastrófico:
Lo máximo indeseable. ¿Qué pasaría si todo nos sale
mal?
• Futurible:
Escenario escogido en tanto se ubica entre lo deseable y lo posible, pero
se verifica factible y viable. Es el futuro que real y efectivamente podemos
construir.
Mientras
los valerosos opositores al castrismo sobreviven en medio del acoso
y la represión sistemática que les impide vertebrarse en una alternativa
política, el enfermo de Secreto de Estado, el General Presidente,
los Escogidos y los think tanks trabajan tranquila, pero metódicamente,
en su realización.
Y
con la excepción del delirio irracional y criminal que es el castrismo
en sí, el resto del proceso transcurre dentro de los rigurosos marcos
conceptuales-metodológicos de la prospectiva:
Reconstrucción histórica
Diagnóstico Situacional
Grandes Escenarios
Escenarios Futuros
Grandes Estrategias
Decisiones Estratégicas
Y,
tácticos por excelencia, concretan en planes operativos los objetivos
planteados en la Planificación Estratégica: El “cómo”,
el “cuándo”, el “con qué” y “con
quién”, pasan a constituir la hoja de ruta de la sucesión
castrista.
En
uno de los primeros y más serios trabajos de aproximación
a la dinámica de las transformaciones en Cuba, Mesa-Lago y Fabian
[1993] proponían cinco escenarios alternativos, mientras el impacto
de la desaparición del campo socialista hacia sentir sus efectos devastadores
en un sistema castrista, parasitario por antonomasia:
1. Continuación
del status quo
2.
Creciente militarización y represión
cada vez mayor sin transformación económica
3.
Cambio hacia el modelo chino-vietnamita de autoritarismo político y socialismo de mercado
4. Democratización
y reforma económica
orientada hacia el mercado
5. Ruptura del régimen por medios
electorales legítimos, por un golpe militar, o por una insurrección
de masas
Transcurridos 16 años de aquel análisis, ninguno de los
escenarios sugeridos se verificó, como tampoco ninguno de los propuestos
por decenas de trabajos de otros igualmente prestigiosos autores. Y es
muy importante para la praxis y la investigación científica
determinar los factores que conspiraron contra ello:
• En
la mayor parte de los trabajos e investigaciones no se aplicaron las técnicas
de modelación de escenarios o se hizo de manera limitada
• Se
toma como referencia solamente la experiencia histórica de transformaciones
anteriores, no contemplando la aparición de nuevas vías,
incluyendo la singularidad de la vía castrista
• Se
tiende a jerarquizar factores en detrimento de otros, sin percibir que
la sociedad cubana y el castrismo son sistemas integrales, multi-funcionales
e interdependientes. Diferentes autores priorizan unos sobre otros: interno-externo,
política-economía, represión-gobernabilidad,
etc.
• Se
formulan enfoques
apriorísticos
donde se sustituye lo real por lo deseable
• Se
analizan las formas de manifestación de las esencias del Castrismo
y no de las mismas, lo que hemos denominado sus cajas negras y cajas
blancas
• Se
occidentalizan los criterios, en el sentido que se aplican mecánicamente
instrumentos de análisis sin adecuarlos a las realidades cubanas
• Se
produce una alta
sensibilidad emocional y política que obnubila la reflexión
serena
• Se
tiende a subvalorar la elevada capacidad de adaptación del castrismo
a diferentes macro y micro entornos, sin hacer concesiones significativas
a los objetivos centrales establecidos
• El
enfoque
reactivo fácilmente manipulable por la proactividad del régimen
• Se
generan exámenes
forenses de la realidad cubana a partir de información oficial manipulada,
o de fuentes no verificables, o de cuestionable credibilidad. Escasez de
propuestas fundamentadas sobre la hoja de ruta de la transición
• En
ocasiones se observa pesimismo académico e indigencia conceptual
concreta
I
V
Cuando
el 30 de noviembre del 2006 Ramiro Valdés hablaba en Santiago de
Cuba en el acto central conmemorativo por el cincuentenario del levantamiento
armado en esa ciudad, ejecutado como maniobra diversionista en apoyo al
desembarco de los expedicionarios del yate Granma, se estaba sellando formalmente
hacia lo interno y externo la alianza de los históricos en torno
a Raúl Castro, en los inciertos momentos que toda Cuba y el mundo
estaban a la expectativa de si Fidel Castro reaparecería públicamente
en el acto central en la Plaza de la Revolución el 2 de diciembre.
En
un discurso que muchos consideran como propio, pero que indudablemente
tuvo que previamente ser consensuado al máximo nivel, Valdés
ponía públicamente a un lado sus diferencias con Raúl Castro
y declaraba: "En sus méritos, sus atributos, firmeza, su
lealtad, en su internacionalismo, reconocemos a Raúl como firme
cancerbero de la revolución cubana."
Hoy
Ramiro Valdés ocupa un asiento pleno en todos los organismos del máximo
nivel del país: miembro del Buró Político, del Consejo de Estado,
Vicepresidente del Consejo de Ministros, y mantiene su cartera al frente
del poderoso y estratégico Ministerio de la Informática y las
Comunicaciones. En Valdés, de 77 años, solo uno menor que Raúl Castro,
aunque con una salud mucho más sólida, no están depositadas las
llaves de la caja de Pandora, al menos oficialmente: él lo sabe, y eso
lo hace aun más peligroso.
Durante 56 años solo se ha subordinado a Fidel Castro independientemente
de la posición oficial que haya ocupado. Organizador de los órganos
de inteligencia y contrainteligencia y del Ministerio del Interior; cuenta
también con amplia y exitosa experiencia en el management moderno
y los negocios internacionales. Aunque no se le subordinan tropas militares
regulares, cuenta con más de ocho mil ciber-espías, organizados
paramilitarmente, que trabajan intensamente las 24 horas del día
en los objetivos de interés. El sistema de comunicaciones del país
está bajo su control y disfruta de la capacidad técnica de
bloquear cualquier comunicación interna y externa, incluyendo las
de los ejércitos cubanos y la tropas especiales y de seguridad personal.
Es hoy en día el segundo hombre más poderoso del país.
¿Por qué Fidel Castro por una parte ordena y/o permite el reagrupamiento
y promoción de los hombres de Raúl Castro para reforzar su
liderazgo, mientras que por otra sienta a la siniestra de su trono a Ramiro Valdés?
Las
verdaderas razones probablemente desaparezcan con el Comandante, pero
me aventuro, siguiendo la lógica enrevesada de un pensamiento manipulador,
dual y extremadamente desconfiado y simulador, en que Ramiro Valdés
es el único hombre en quien él confía para rectificar cualquier
desvío de Raúl Castro en términos de la estrategia trazada, aún
si tuviera que ponerle una pistola en la frente en medio de una reunión
del Buró Político, y retomar el rumbo.
Al
frente del país el general-presidente tiene en estos momentos tres prioridades
fundamentales. mutuamente interdependientes:
1. En
la administración diaria
del caos que es Cuba, el gobierno que preside no puede permitir a ningún
costo el creciente deterioro de los ya depauperados niveles de vida de
la población, so pena de encarar crisis locales de inestabilidad
social que pueden ralentizar o dar al traste con la ejecución de
la prospectiva sucesoria trazada.
2. Continuar
el desarrollo de los planes de acción táctico-estratégicos
de la sucesión
a la segunda generación castrista. Culminación de la preparación
de los herederos designados y su nombramiento.
3.
Concretar en un plazo de 1-2 años,
si no el levantamiento de todas las prohibiciones comerciales de los Estados
Unidos, al menos abrir importantes brechas que permitan el flujo de recursos financieros
en forma de turistas, créditos comerciales e inversiones; y en un
segundo momento transferencia tecnológica, equipamiento y know how.
Cuba
vive en crisis permanente, y en nada se desenvuelve mejor el castrismo
que administrándolas. Los escenarios de colapso del régimen por
los denominados efectos dominó, resonancia sincronizada y otros pronosticados,
son menos probables, pues no existen las condiciones para ello, a pesar
de la crisis socioeconómica y la desesperanza reinante, y porque,
en última instancia, las inestabilidades sociales en Cuba son convenientemente
gerenciadas para evitar que se transformen en crisis de gobernabilidad,
no importan los costos asociados.
La
amplitud de las aperturas imprescindibles estará en dependencia
de la fortaleza del régimen para administrarlas, sin correr los
riesgos que otros corrieron y que dieron al traste con el socialismo
real.
La
tesis ampliamente empleada que presenta a un Raúl Castro partidario de
reformas liberadoras y a un ultra-conservador Fidel Castro bloqueándolas
o limitándolas, no se corresponde con una realidad que surge en
el remoto Birán hace ya más de 70 años, y que se extiende
hasta nuestros días.
Cuba
le importa a los Castro en tanto feudo, no como nación; lo que habría
que hacer para retornar a Cuba al sendero del progreso y la prosperidad
en un periodo de 3-5 años les es tan conocido como incompatible
con su razón de ser.
La
fábula de antaño del Fidel bueno y comprensivo y el Raúl
malo y duro, aparentemente se ha trocado en lo opuesto, y creer que los papeles
ahora se han invertido es confiar en la naturaleza manipuladora del régimen.
Seguir esa creencia es seguir pensando que la muerte de Fidel Castro es
la solución del problema. Craso error.
La
división entre pragmáticos o reformadores y ortodoxos en
un contexto político de dirección unipersonal no tiene sentido,
y sólo puede resultar de interés para las agencias de inteligencia,
si es que alguien olvida los recientes acontecimientos en torno a los agentes
españoles.
Los
sistemas de alarmas reaccionaron vigorosamente cuando Fidel Castro desautorizó de
hecho las declaraciones de Pérez Roque respecto a que el levantamiento
de las sanciones por parte de la Unión Europea era un paso en
la dirección correcta. Inmediatamente volvió a la carga, y en
un artículo en Cuba Debate, que los medios cubanos no reprodujeron para
estimular el morbo, arremete con aquello que "no soy ni seré nunca
jefe de fracción o grupo. No puede deducirse, por tanto,
que haya pugnas dentro del partido."
No es éste ahora el lugar apropiado para examinar con detenimiento
la estructura lógico-formal de la anterior aseveración, pero
aquella no cumple con los requerimientos de la Lógica de Proposiciones:
que alguien no sea jefe de una fracción no es condición necesaria
ni suficiente para que no haya pugnas en el seno del partido, del estado
o de las fuerzas armadas. Lenguaje manipulador que, por un lado, promueve la
idea de que no
tolera tales pugnas, y que por otro estimula el sensacionalismo y la confusión.
Con
un Buró Político ampliado a 22 miembros en el VI Pleno de
abril del 2008, hay siete militares de carrera en activo, pero ninguno
con mando directo de tropas, aunque estén los casos de los generales
Colomé Ibarra, Casas Regueiro, Cintras Frías, Ramón
Espinosa y Álvaro López Miera, que ocupan puestos de ministros,
viceministros y jefe de estado mayor respectivamente: aunque por jerarquía
se le subordinan tropas, no tienen el control directo sobre ellas. Más
interesante aun, todos los jefes tradicionales de los ejércitos
cubanos, héroes de las contiendas africanas, fueron oportunamente promovidos a
viceministros.
Al
margen de los Almeida, Machado Ventura, Alarcón y Balaguer, que
han constituido el núcleo central de la estabilidad, y en el caso particular
de Machado también a cargo del trabajo operativo diario, se destaca
una nueva promoción de políticos con firmes experiencias de dirección
en las bases, como Pedro Sáez, Misael Enamorado, Miguel Díaz-Canel
y Jorge Luis Sierra.
Del
primer grupo, algunos tal vez no serían renovados en la Conferencia
Nacional, mientras que el segundo está siendo sometido a todo tipo
de pruebas para validar su continuidad como miembros de la siguiente generación
de sucesores.
La
sustitución de Pedro Ross será sólo formal, pues desde
hace tiempo no es miembro real. Salvador Mesa tiene un asiento reservado
siempre y cuando no sea relevado como Secretario General de la Central
de Trabajadores de Cuba. Concepción de la Campa igualmente ni aporta ni
representa, y su status se deriva simbólicamente de los tiempos
dorados de la biotecnología. Yadira García, a cargo de la
industria básica, no logra concretar los proyectos de explotación
petrolera en la Zona Económica Exclusiva de Cuba, en tanto Abel
Prieto también vió pasar sus mejores momentos políticos.
¿Qué general agraviado al punto de que temerariamente salte
los limites de la lealtad controlada por la supervivencia, y sin mando
de tropas, puede dar un golpe de mano sin que el poder no esté previamente
sobre aviso y lo neutralice convenientemente? ¿Qué oficial superior
se negaría a reprimir un disturbio, sabiendo que el segundo escalón
de la defensa está esperando la oportunidad para ganarse la confianza
de los superiores?
¿Quién seguiría a un secretario provincial del partido
o presidente de gobierno local en una revuelta a lo Yeltsin, declarando
ilegal a la dirección suprema del partido comunista, autorizando
el multipartidismo en el territorio, o convocando a elecciones al margen
del partido?
Entonces, la hipótesis conspirativa de reformistas versus ortodoxos carece
de fundamentación probatoria ¿Quién de los nombrados levantaría su
voz para exponer un tímido programa de reformas que no le fuera previamente orientado, o
se apartaría de la prospectiva realizada?
Al
menos no es el momento.
Evidentemente, no están todos los son ni son todos los que están
para garantizar la sucesión a la segunda generación, y nuevos
nombres ascenderán meteóricamente al estrellato castrista
en breve. Alejandro y Mariela Castro podrían estar entre ellos,
antes del retiro de Raúl Castro en el VI Congreso del Partido. O
tal vez no. Entonces verificaremos si la prospectiva castrista fue viable
y si ningún imponderable no evaluado oportunamente dió al
traste con sus intenciones de perpetuidad.
Nada más
deseable.
Agosto
28, 2009
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