POR ELÍAS AMOR BRAVO, Valencia
En torno a la votación de la ONU contra el embargo
Cada vez que las Naciones Unidas votan en contra del embargo a la economía cubana por EEUU, el régimen comunista de La Habana recibe una nueva bomba de oxígeno que le permite ganar tiempo. No nos engañemos. Mientras que el infinito volumen de recursos económicos que cada año la propaganda castrista gasta en divulgar al mundo los efectos perniciosos de la pretendida lucha de un pequeño David, Cuba, contra el gigante Goliath, EEUU, cada vez será mayor el número de países que secunden cualquier propuesta en contra del mantenimiento de ese statu quo.
Este año, la aplastante mayoría 187 a 3, sitúa la posición defendida por el régimen castrista en lo más alto de su historia reciente, siendo sólo Israel y las Islas del Pacífico junto a Estados Unidos los que han secundado la política. Ni Micronesia ni las Islas Marshall han vuelto a adherirse a este núcleo inquebrantable, y han ejercido la abstención.
El castrismo es tan longevo y delirante que ya son 18 años consecutivos los que Estados Unidos pierde la votación, convirtiéndose dicho acto en un elemento simbólico para el castrismo, y sus escasos apoyos, que se encuentra así reforzado en sus posiciones demagógicas y propagandistas. Porque siempre que se habla del embargo o del bloqueo hay que situar el análisis en los términos justos para evitar cualquier error o equivocación. Si se hace referencia al comercio y las relaciones económicas entre Estados Unidos y Cuba, se puede hablar de un statu quo dominado por la ausencia de un marco de intercambio estable desde los sucesos ocurridos al poco tiempo de la llegada de los “revolucionarios” a La Habana y la confiscación masiva de propiedades y haciendas. Sin embargo, es cierto que La Habana ha venido comprando, eso sí pagando al contado, granos y carne de ave a los granjeros de EEUU en los últimos años cada vez que los primeros síntomas de hambrunas se han hecho visibles con sus correspondientes alteraciones del orden público.
Pero nada impide a Cuba comerciar libremente con el resto del mundo. Cualquier turista que viaje a la Isla se encuentra en las tiendas en divisas y moneda convertible con los mismos productos y puede realizar los mismos servicios que en España, Italia, Canadá o Francia. Las marcas de EEUU han conquistado el corazón de los cubanos.
¿Dónde está el embargo entonces?
Desde hace algunos años, los ministros cubanos de asuntos exteriores han venido agitando, de forma demagógica, en todas las cancillerías de los distintos países del mundo, un dossier que contiene un listado de los agravios provocados por los 47 años de embargo, e incluso se han arriesgado a calcular en cerca de decenas de millones de millones de dólares el coste en términos de asistencia social a los colectivos más damnificados, niños o ancianos. Aquí una vez más no se comprende cómo uno de los “logros” más importantes de la revolución, la sanidad, depende del embargo. Tal vez deberían explicarlo mejor.
También, en ese mismo dossier, se hace referencia a lo poco ético que es el embargo y a lo que representa de agresión cruel, anacrónica y dañina al pueblo cubano.
Habría que preguntarse qué puede ser más ético y cruel. Mantener a centenares de personas en la cárcel por el sólo hecho de reclamar libertad y democracia, no es algo que preocupe a Naciones Unidas. Tampoco parece preocuparles la ausencia de libertades de prensa, expresión, el poco respeto a los derechos humanos que existe en Cuba hacia las organizaciones disidentes que solo aspiran a ejercer sus actividades. Tampoco les preocupa demasiado que más del 20% de la población haya tenido que exiliarse o emigrar a otros países como consecuencia de la violencia y el acoso de un régimen que ejerce continuamente la presión y la fuerza sobre todos los sectores de la sociedad, buscando su adoctrinamiento y servilismo.
Es evidente que en el concierto internacional de naciones, EEUU tiene todas las de perder contra la demagogia y la propaganda del castrismo. Es cierto que la administración Obama ha empezado a suavizar algunas restricciones a los viajes o el envío de dinero. También se han enviado mensajes a las autoriodades para establecer vías de diálogo.
Pero Washington no puede tirar por la borda, y tampoco debe, una política que se ha mantenido durante casi medio siglo. Con frecuencia, se observa que en materia de asuntos exteriores, los dos grandes partidos de EEUU suelen diferir muy poco en sus estrategias de actuación. Cuba no debe ser un caso aparte. Sobre todo, si no se hace el más mínimo gesto por mejorar la situación de presos políticos, disidentes, opositores y sociedad en general.
Mientras La Habana se enroca en un lenguaje más propio de la Guerra fría del pasado siglo, y sus representantes buscan continuamente abrir fisuras en la posición de las democracias hacia la dictadura comunista de Cuba, como pretende el ministro Moratinos, los cubanos malviven, atraviesan la peor crisis económica de su historia y se preparan para más de lo mismo: miseria, escasez y represión.
Naciones Unidas puede votar contra el embargo cuantas veces quiera. Está en su derecho, y los demócratas siempre respetaremos las decisiones de los otros. Pero también deberían escuchar la voz de los oprimidos, de los perseguidos, de los que no tienen posibilidad de entrar y salir libremente de su país, de los que todos los días reciben consignas que deben cumplir porque así lo dice el partido único, el sindicato único, el único medio de comunicación y el único dirigente político. Ciertamente el régimen de Cuba, último reducto de la guerra fría y del telón de acero derrumbado hace 20 años, no se sostiene y va a buscar cualquier medio para morir haciendo daño. Los demócratas de todo el mundo deben estar juntos en esta última fase del castrismo y sentar las bases de un acuerdo de futuro. Esa sí que debería ser la posición más inteligente.
Octubre 30, 2009
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