S E C C I O N E S
Nosotros
About us
Contáctanos
Enlaces - Links
Suscríbete
Buscar - Search

POR ELÍAS AMOR BRAVO, Valencia
Lo que representa el derrumbe del muro de Berlín

EN SU LIBRO “La última batalla de la guerra fría” Carlos Alberto Montaner presenta las características fundamentales de las sociedades en los sistemas comunistas y concluye que, las mismas, simplemente, son contrarias a la naturaleza humana utilizando las palabras que le trasladó un alto dirigente de la URSS, mentor político de Gorbachov, el impulsor de los cambios que permitieron la transformación del Pacto de Varsovia en un conjunto de sociedades democráticas, libres y de economía de mercado.

Cuando hace 20 años los ciudadanos del este de Berlín descubrieron que era posible viajar libremente al oeste, su primera intención fue derribar el muro, destruir aquella valla gigante que se había construido por un ejército de ocupación extranjero para evitar fugas y el lógico despoblamiento que se iba a producir al cambiar el sistema político y económico existente.

La destrucción del muro es equivalente a los derribos de estatuas de los líderes en las principales ciudades de los países que fueron quedando liberados de la dominación soviética poco después. Esos símbolos personales, edificados en honor de aquellos a los que pequeñas cúpulas dirigentes debían sus privilegios y condiciones de vida muy favorables en detrimento de una amplia mayoría social gris, no podían permanecer más tiempo en pie.

Los países que recuperaron las libertades y los derechos humanos a partir del derrumbe del muro de Berlín se despojaron de su pesada carga tan rápido como les resultó posible, y en ningún momento experimentaron la más mínima tristeza o remordimiento del pasado. Tal era la tensión acumulada durante décadas en las que ni siquiera la propaganda oficial que les atenazaba les impedía comprobar que los ciudadanos de occidente vivían en condiciones de bienestar y calidad mucho mejores.

Tal vez por ello, las bases de sus procesos de transición han sido tan desiguales y distintas que no resulta posible identificar modelos comunes. Cada país ha realizado su propia experiencia para superar el atraso, la ineficiencia y la opresión política.

Cambiaron sus planes de estudios, las bases económicas y sociales, las leyes, los códigos comerciales, la práctica totalidad de las normas sociales. Y todo ello, en el menor tiempo posible quizá con el temor de que pudiera producirse una inesperada vuelta atrás. Tal vez por ello, cuando Yeltsin se puso al frente de la rebelión en las calles de Moscú, su popularidad alcanzó niveles estratosféricos y pasó a convertirse en el máximo líder e impulsor de los cambios. Otros dirigentes del este también recibieron un estímulo similar por su apoyo decidido a los cambios y la ruptura con el pasado.

Toda la clase política nacida y desarrollada bajo el dominio continental de la URSS desapareció y no fue capaz de adaptarse a los nuevos tiempos de modernidad, democracia y libertades. La emersión de nuevas élites políticas ha ido aparejada a los cambios económicos profundos registrados en estos países. Tal vez la sensación que se traslada en algunas ocasiones no sea la más positiva, pero no cabe duda que la amplia mayoría de los ciudadanos no desean volver al pasado, y no sienten la más mínima añoranza de los tiempos de los soviets.

El derrumbe del muro de Berlín, la participación masiva de ciudadanos utilizando cualquier tipo de instrumento para producir grietas en la pared de la vergüenza no sólo ha sido un hito de nuestra historia reciente, es una gran operación simbólica que para los europeos, en general, representa una clara apuesta por el modelo de organización democrática y social.

Han transcurrido 20 años desde entonces y el mundo es mucho mejor. Es verdad que la desaparición de la “guerra fría” ha instalado un clima de diálogo, entendimiento y cooperación este oeste que ha permitido a Europa, la Unión Europea extender sus fronteras y alcanzar la cifra de 27 estados. Otros países son candidatos a la adhesión. Las generaciones de europeos que han nacido después de 1989 todavía se encuentran iniciando los estudios universitarios o en la mitad de su etapa formativa. Han nacido en un mundo en el que la ideología no divide, en el que las potencias no se reparten el mundo de acuerdo con sus prioridades políticas. Nuevos retos aparecen a los que habrá que prestar especial atención. Pero siempre habrá un antes y un después de 1989.

Noviembre 6, 2009
...................................................................................................................

Imprimir este artículo