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POR ROLAND BEHAR, Miami *
Hitler envalentonado

Entre mayo y junio de 1939 alrededor de 1,124 judíos llegaron a La Habana procedentes de la Alemania nazi y de Europa y se vieron impedidos de desembarcar, pese a que contaban con permiso por el que pagaron un mínimo de 150 dólares. Casi todos ellos habían solicitado visa para Estados Unidos y pensaban permanecer en la isla sólo hasta que pudieran entrar en dicho país.  Ninguno podía imaginar que incluso días antes de que el St. Louis zarpara desde el puerto de Hamburgo, el presidente cubano, Federico Laredo Bru, invalidaría los permisos. Todos sabían lo que les esperaba si tenían que regresar a Alemania luego de presenciar en 1938 la "noche de los cristales rotos.''

Los buques Caribia y Koenigstein, también partieron de Hamburgo, asimismo se encontraron con la negativa a su desembarco tanto en Trinidad-Tobago como en Barbados, donde sus pasajeros judíos tenían visas expedidas de antemano. Este rechazo provocó un largo peregrinaje por el Caribe, terminando con el feliz desembarco en Venezuela.

En los casos del St. Louis, el Orduña, el Flanders y el Orinoco, los pasajeros desconocían que, antes de que partieran de Europa, el gobierno nazi había enviado agitadores tanto a los Estados Unidos como a Cuba y, posiblemente, a Trinidad Tobago y Barbados para exacerbar el sentimiento antisemita latente, a más de sembrar la idea de que vendrían nazis infiltrados.

Se sabe que el aparato de propaganda nazi había implementado una campaña con el fin de demostrar que los judíos no eran bienvenidos en ningún sitio y que, en definitiva, el Tercer Reich le estaba haciendo un favor a la humanidad. Existe información de que se emplearon nazis locales y, en el caso de Cuba, importantes periódicos para provocar rechazo. Se llegó hasta concebir legislación para expulsar "extranjeros indeseables''. Téngase en cuenta que en 1938 se había constituido en La Habana el Partido Nazi a la par que el Partido Fascista Nacional, ambos autorizados por el Registro Especial de Asociaciones del gobierno provincial.

En América Latina, funcionaba la Ausland Organization, que utilizaba colectividades alemanas para la propaganda pronazi. En el caso de Cuba, la comunidad alemana era pequeña, y a los agentes nazis se les hizo difícil reclutar cubanos. Pero tenían a Juan Prohías, fundador del Partido Nazi Cubano, quien por dinero difundía dicha ideología a través de la radio y la prensa. La propaganda antisemita en Cuba estaba respaldada por la Gestapo y el responsable de financiar dicha campaña era Louis Clasing, director de la compañía Hapag-Hamburg Amerika Linie en La Habana.

Durante la guerra civil española, los españoles en Cuba se dividieron. Pese a que los nacionalistas no eran la mayoría, contaban con mayores recursos económicos. José Ignacio Pepín Rivero, director del Diario de la Marina, empleó una buena parte de sus recursos en apoyo del fascismo español y sus aliados europeos. Rivero puso su red periodística al servicio de la campaña antijudía.

De los barcos rechazados en Cuba se sabe que se salvaron del St. Louis los 23 judíos que lograron desembarcar en La Habana y 288 que desembarcaron en Inglaterra. Los 590 pasajeros restantes desembarcaron en Amberes el 17 de junio de 1939 y se asume que sólo un poco más de 200 lograron sobrevivir las persecuciones, los maltratos y los campos de concentración.

El buque inglés Orduña llegó a La Habana el mismo día que el St. Louis con 120 judíos austriacos, checos y alemanes. Inexplicablemente cuarenta y ocho de esos pasajeros con el "invalidado'' permiso de desembarco pudieron bajar a tierra. Los 72 restantes peregrinaron por varios puertos centroamericanos. Atravesaron el Canal de Panamá, con escalas en Colombia, Ecuador y Perú por la costa del Pacífico. En Perú pudieron desembarcar cuatro pasajeros y los otros 68 volvieron al Canal a bordo de otro barco inglés. En la ciudad panameña de Balboa, siete de ellos obtuvieron visas para Chile y los otros quedaron en el Fuerte Amador hasta que, en 1940, fueron admitidos en EE.UU.

Coincidentemente, en mayo del 1939 llega a La Habana el Flanders, con 104 judíos a bordo, tambien con visas. Pese a ello son rechazados y enviados de vuelta a Francia, y caerían más tarde en manos de los nazis. Se sabe sólo de un par de sobrevivientes. Entre ellos una señora que emigró de vuelta a Cuba.

Sólo unos días después de ser rechazado el St. Louis, el Orduña y el Flanders en La Habana, el 27 de mayo, el Orinoco, gemelo del St. Louis, parte de Hamburgo con 200 pasajeros a Cuba. Luego de lo sucedido en La Habana el capitán del Orinoco sacó la embarcación hacia aguas francesas, donde permaneció durante días. Se dice que a pesar de que las autoridades estadounidenses no aceptaron a los refugiados, algunos diplomáticos en Londres hicieron gestiones con el objetivo de conseguir garantías de que no perseguirían a los refugiados del Orinoco tras su regreso a Alemania. Los 200 refugiados regresaron a Alemania en junio de 1939, pero su destino sigue siendo una incógnita.

Algunos sostienen que la razón por la cual Franklin D. Roosvelt no permitió el desembarco del St. Louis, el Orinoco y el Flanders en los Estados Unidos se debió a la amenaza por parte de de Joseph Kennedy (entonces embajador en Inglaterra) de retirarle el apoyo de los demócratas sureños, quienes compartían con él sentimientos antisemitas. Dicha actitud por parte del presidente americano envalentonó a Hitler en su impunidad en contra de los judíos.

* Para El Nuevo Herald, Miami / Diciembre 25, 2009
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