POR ELÍAS AMOR BRAVO, Valencia
En torno a la Posición Común Europea hacia Cuba
La alta representante para la Política Exterior y vicepresidenta de la Unión Europea, la británica Catherine Lady Ashton, ha pasado su examen ante la Eurocámara y, como no podría ser de otro modo, se ha referido a las relaciones de la Unión con el régimen castrista, un asunto que parece no querer escapar de la agenda política, después del reciente encontronazo entre Zapatero y Moratinos sobre esta cuestión.
Con sorpresa para los asistentes a la sesión, sobre todo por el desconocimiento de buena parte de los asuntos externos de la agenda europea y el escaso tiempo que ha tenido para obtener documentación y preparación sobre los mismos, la nueva responsable de la diplomacia europea se ha permitido cuestionar la eficacia de la Posición Común, empleando argumentos muy parecidos a los que repite de forma continua el ministro Moratinos.
La británica Lady Ashton cree que después de 13 años en vigor, “los problemas existen y hay que afrontarlos”. En su opinión, “se hace necesario evaluar los resultados de esta política y estudiar qué cambios conviene hacer”.
Las relaciones de la Unión Europea con el régimen comunista de La Habana no siempre han sido fáciles.
Durante el denominado “período especial”, empresarios europeos, españoles, italianos, franceses, se apuntaron a la onda de inversiones autorizadas por el régimen comunista para cubrir sus urgentes necesidades de divisas, al haber perdido el apoyo del sistema soviético tras el derrumbe del muro de Berlín. Fueron años en los que el turismo hacia Cuba se convirtió en una plataforma importante para el desarrollo del sector, con la aparición en la actividad de la Isla de importantes grupos hoteleros españoles. La extracción de níquel y otras actividades relacionadas con el sector primario, también pasaron a manos de empresas extranjeras.
Cuando la urgencia de la necesidad pasó a un segundo plano, el maltrecho régimen de Fidel Castro volvió a las de siempre y anunció que ponía fin al proceso de liberalización económica propiciado por el “período especial”. Una nueva ola de recentralización económica y la puesta en marcha de iniciativas ideológicas en los medios de difusión, así como la detención y el envío a prisión de los principales disidentes y opositores, confirmaban que el desprecio a los derechos humanos por la dictadura comunista de Fidel Castro, volvía a situarse en el centro de la agenda política.
La Posición Común de la Unión Europea surge como necesaria respuesta a un régimen que practica la violencia y la intimidación a sus ciudadanos, que restringe y prohíbe la libre expresión y que no siente el más mínimo respeto hacia los derechos humanos y las libertades democráticas. El gobierno del PP encabezado por José María Aznar convenció a los socios europeos de la necesidad de mantener una actitud ética, cívica y activa hacia el régimen castrista y exigir pasos claros hacia la democracia antes de continuar apoyando su existencia.
Se podría afirmar que la Posición Común define un antes y un después en la política europea hacia el régimen castrista, convertido en el pasado en un sueño ideológico de la izquierda, para terminar convirtiéndose en una pesadilla carcelaria que cuenta con muy pocos apoyos en los países de la Unión.
La Posición Común supone además un esfuerzo diplomático de coordinación entre Estados Unidos y la Unión Europea en sus relaciones con un régimen que desprecia los valores compartidos por los dos grandes bloques atlánticos, en los que la democracia y la libertad son la referencia fundamental.
Por todo ello, dudar de la Posición Común como hace Ashton porque “los problemas existen y hay que afrontarlos” no es otra cosa que reconocer que el problema está en La Habana, en el régimen de Fidel Castro, en su negativa a aceptar que su tiempo ha terminado y que debe poner en marcha cuanto antes un proceso de transformación y cambio hacia la democracia y la libertad. En efecto, el problema existe y es Fidel Castro, no la Posición Común que está principalmente orientada a marcar la diferencia entre los que persiguen, delatan y encarcelan a los demócratas, y aquellos que los defienden y reivindican.
Por supuesto que hay que “evaluar la Posición Común”. En esto también podemos estar de acuerdo con la alta representante. Todas las políticas europeas son susceptibles de evaluación. Pero cualquier evaluación de esta estrategia debe realizarse teniendo muy en cuenta lo que podría haber sucedido en las relaciones con el castrismo si no se hubiera apoyado esta estrategia coordinada hace 13 años por los gobiernos de la Unión Europea.
No es extraño que Moratinos siga insistiendo en la bilateralidad para las relaciones con el castrismo. Desde su fundación en 1959, ese régimen no ha hecho otra cosa que apoyar su supervivencia por medio de tratos de favor a nivel bilateral con otros países, evitando así mostrarse cuál es ante la opinión pública mundial. El régimen comunista de La Habana ha sabido dividir a sus rivales ideológicos y convertirlos en malditos a los que se debe perseguir y acosar. Su propia terminología política ha sido ridícula pero muy efectiva a la hora de referirse a los que defienden la democracia y las libertades, mafias, gusanos, fascistas, etc, etc.
Ahora no es el momento de cambiar la Posición Común sino de implementarla plenamente y hasta sus últimas consecuencias. De exigir al castrismo que abra sus puertas y se muestre ante el mundo como lo que realmente es. Sin el juego de la propaganda, el engaño o la distracción. Lady Ashton, Moratinos y demás, deben tener en cuenta que lo más importante, lo único que verdaderamente importa, es el futuro en paz y libertad de todos los cubanos. La Posición Común ha servido para avanzar en estos 13 años y debe seguir siendo la referencia a perseguir.
Enero 12, 2010
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