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POR RAFAEL GUEVARA, Miami
Sobre la correspondencia entre Silvio y Carlos Alberto

Estimado Sr. Carlos Alberto Montaner:

Estuve leyendo las cartas entre ud. y Silvio y decidi escribir lo que copio a continuacion. Si tiene a bien divulgarlo como la opinión de un cubano más, puede hacerlo. Muchas gracias por su atención...


Para Silvio y Para Carlos Alberto Montaner:
Como muchas personas he leído el intercambio epistolar entre Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner. Debo admitir que admiro profundamente a ambos. Ha Silvio lo oí cantar desde que nací. A Carlos Alberto Montaner lo leía (a escondidas) desde que vivía en Cuba. Quiero reconocer, además que sigo escuchando a Silvio y mi admiración por su poesía no ha cambiando. En Cuba lo oía con la misma constancia con que NO iba a sus conciertos. En la sala de mi casa, en ese exilio interno que muchos vivimos dentro de Cuba, admiraba a Silvio el poeta. Cuando faltaba a sus conciertos, no aprobaba al político. Y eso intento hacer ahora.

Entonces le oía cantar: Hoy mi deber era cantarle a la patria/Alzar la bandera, sumarme a la plaza..../ Pero tú me faltas hace tantos días/Que quiero y no puedo tener alegrías.... Hoy mi deber era cantarle a la patria/Alzar la bandera, sumarme a la plaza/Y creo que, acaso, al fin lo he logrado/Soñando tu abrazo/volando a tu lado. Y otro día: El que tenga una canción tendrá tormenta/el que tenga compañía soledad/el que siga buen camino tendrá sillas/peligrosas que lo inviten a parar/pero vale la canción buena tormenta/y la compañía vale soledad/siempre vale la agonía de la prisa/aunque se llene de sillas la verdad. Y al día siguiente: La cobardía es asunto/De los hombres, no de los amantes/Los amores cobardes no llegan a amores,/Ni a historias, se quedan allí./Ni el recuerdo los puede salvar,/Ni el mejor orador conjugar.

Sus canciones forjaron mi personalidad y mi carácter en muchos sentidos .

Un día alguien tocó a mi puerta. Ante mi rostro enmudecido, del otro lado del umbral, con una sencillez casi más sorprendente que verlo allí parado, Silvio Rodríguez dijo: Si, soy Silvio. Y era Silvio, el mismo de Ojalá, Te doy una canción, El sol no da de beber, Canción de Invierno y otras tantas. Allí estaba, equivocado, por supuesto, pero era él. Había ido a visitar a un vecino y se confundió de casa. Otro día el vecino nos presento y, ante mi vergüenza y timidez, le dijo que mi hermana y yo lo oíamos todo el día. Y no era verdad. También oíamos a Serrat, a Ana Belén, a Sabina, y también a Willy Chirino, a Gloria Estefan y a Celia Cruz (más bajo, por supuesto, así es en Cuba). Pero Silvio, a ti, lo reconozco y no me arrepiento, te oíamos mucho.

Inconscientemente he cambiado y paso a escribirte directamente. Quizás tenga la esperanza, que algún día, por error, igual que llegaste hasta mi casa, leas estas líneas. A ti te oíamos y te seguimos oyendo y admirando cuando escribiste "El Necio". Quiero que sepas  que, si algún día, cuando la revolución AL FIN se acabe de venir abajo, alguien quisiera machacar tus manos y tu boca, arrancarte los ojos y el badajo, yo no estaré entre los que lo hagan, sino entre los que intenten impedirlo. Quizás me equivoque, pero creo que tu poesía merece tu defensa y debe estar por encima de pasiones políticas aun cuando hagas todo lo posible por demostrar lo contrario. Por todo esto Silvio, me resulta tan triste leer tus patéticas respuestas a Carlos Alberto Montaner. Convengamos que Carlos Alberto Montaner es un intelectual de prestigio, una persona preclara, con un proverbial dominio de la palabra, pero ni siquiera se necesita todo eso para que te haga "pebre". Sé que amas al pueblo chileno y admiras a Violeta Parra, casi tanto como yo, así que comprenderás el alcance de la frase. Decir en Chile hacerte pebre, significa en buen cubano, hacerte talco, polvo, nada....¿Cómo alguien como tú, capaz de componer la Historia de las sillas, puede quedar hecho pebre en un intercambio epistolar y apelar a frases tan manoseadas como "Viví en el monstruo y conozco sus entrañas"? La respuesta es sencilla Silvio, porque no tienes la razón. No pretendo demostrarte que no la tienes, pero quiero, como cubano que vive fuera de Cuba, en Miami, para ser más precisos, recalcar tres cosas:

1. Aquí puedo escucharte, es cierto que algunos pueden mirarme mal, pero nadie me ha expulsado de mi trabajo como me harían en Cuba si oyera a Willy Chirino o a Gloria Estefan. Es más, estoy seguro que si soy víctima del odio irracional, de un acto de repudio por cubanos exiliados indignados hasta el punto de comértelos o victima de nuestro karma, como tú dices es nuestra intolerancia como pueblo, la justicia estará de mi lado. Esto es muy diferente a lo que pasa en Cuba.

2. Me alegra que reconozcas que necesitas te ilustren sobre Martí. Creo que todos los que hemos sido educados bajo la Revolución lo necesitamos. Durante mucho tiempo el Ministerio de la Verdad ha dejado lo que quiere que de Martí sepamos y, por cierto, la manoseada frase de "Viví en el monstro y conozco sus entrañas". Aparte de eso, solo sabemos lo que tuvimos el valor de investigar o leer a escondidas.

3. Dices que "No me molesta un gobierno de ancianos. En muchas culturas antiguas tener edad, por la sensatez inmanente, era un requisito para gobernar".  A mí tampoco me molesta un gobierno de ancianos, lo que me molesta es que se hayan vuelto ancianos en el gobierno. Estoy además de acuerdo con que la sabiduría aumenta con la edad. Fueron mis abuelos lo que me enseñaron a pensar libremente, aun en medio de la dictadura. Tienes razón la sabiduría aumenta con los años, pero la locura no tiene edad.

Silvio, con la esperanza de que algún día leas estas letras, me despido. Sea cual sea tu reacción, te seguiré admirando como poeta. Carlos Alberto Montaner, gracias por su obra. Todos los cubanos, ambos lados del estrecho de la Florida deberíamos agradecerle.

Abril 14, 2010
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