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POR ELÍAS AMOR BRAVO, Valencia
Divide y vencerás
La creación de producción, riqueza, empleo en Cuba resulta fundamental para el futuro de la nación. Sin embargo, estos comunistas cubanos no tienen perdón. Ahora que la situación económica en la Isla es cada vez más difícil, y que las sombras de la crisis estructural tienden a agigantarse como consecuencia de la escasez de divisas, la ineficiencia del sistema productivo y la falta absoluta de cualquier tipo de incentivos para mejorar la productividad, no se les ocurre otra cosa que crear una provincia más y dividir La Habana en dos.
Las históricas provincias de Cuba, Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Las Villas, Camagüey y Oriente, fueron transformadas en una nueva organización administrativa formada por 14 unidades territoriales en 1976. En aquel momento, de aproximación rigurosa del régimen castrista al modelo institucional soviético, esta decisión se interpretó como un paso más en la transformación de la República en una delegación caribeña del bloque soviético, arrojando por la borda la tradición cultural y administrativa de la Isla, en un intento de realizar una transformación revolucionaria en profundidad de la historia.
Ahora, en medio de la crisis más grave que ha experimentado la economía cubana, mucho más profunda y sin salida que la desatada durante el período especial, las autoridades deciden aumentar en una provincia más la relación de las 14 existentes. La actuación se produce en La Habana, donde se concentra la mayor cantidad de población, actividad económica y producción de la Isla. Según Granma, esta decisión se debe a la busca de mayor eficiencia, ahorro y racionalidad. Mucho me temo que no lo van a conseguir.
El problema radica en que en Cuba hace falta tomar, e insisto cuanto antes mejor, una decisión fundamental con respecto a las dimensiones que deben tener en la economía lo público estatal, y lo privado y mercantil.
No tiene sentido, porque la experiencia histórica lo confirma, continuar atados a un modelo intervencionista, estalinista, de diseño bolchevique y artificial, en el que se prohíbe la existencia de la libre empresa, donde la propiedad privada se encuentra sometida al poder del Estado planificador, y donde los mercados, como instrumento de asignación de recursos, se consideran prácticamente un delito. Una economía en la que el afán de lucro, el logro de beneficios se considera una actividad criminal, por la que muchos cubanos durante más de medio siglo han sufrido graves penas de prisión, es un modelo que no va a dar ningún resultado ni en términos de eficiencia, ni de ahorro ni de racionalidad.
Por lo tanto, antes de empezar a tomar decisiones administrativas de descentralización o de aumento de unidades de gestión burocráticas, el régimen tiene que decidir qué parte del PIB cubano se va a producir como hasta ahora, por un sistema público, ineficiente, de corte estalinista, improductivo y despilfarrador, y qué proporción se va a destinar a la iniciativa privada.
No hay otra solución. No existe otro modelo de gestión de lo público y privado. La experiencia confirma que el intervencionismo soviético murió definitivamente con la caída del muro de Berlín hace más de 20 años, y ni siquiera los comunistas chinos dudan de la eficacia del mercado como instrumento de asignación de recursos.
¿Por qué entonces los castristas se muestran ciegos ante la evidencia de la realidad? Jugando a la “descentralización y reorganización institucional” el gobierno de Raúl Castro sigue otorgando a los poderes públicos todo el peso de la conducción de los asuntos económicos, especialmente en la agricultura, donde la escasez de alimentos empieza a plantear problemas de abastecimientos a la población. No es éste el camino. Si no tiene valor para apostar por la libre empresa mercantil, en Cuba ya existen cooperativas agrícolas formadas por pequeños agricultores que se unen para la defensa de sus intereses, y que, salvando distancias, pueden y de hecho, lo son, generar más producción y con más eficiencia que el estado intervencionista. La política de entrega de tierras a los nuevos agricultores está generando incrementos marginales en la producción que serían imposibles de obtener en las explotaciones estatales burocráticas y abandonadas al marabú.
Si la solución es tan evidente, qué impide al castrismo despojarse de esa obsesión con la empresa, el emprendedor, el innovador, el creador de empleo y riqueza, pieza clave del engranaje económico de un país. Restos de una ideología trasnochada que clama por su desaparición y sustitución por un modelo de economía de mercado, libre y con derechos de propiedad reconocidos. La riqueza está a las puertas de la economía cubana. Sólo hay que saber cómo crearla.
Junio 10, 2010
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