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POR RICARDO MARTÍNEZ-CID, Miami
Isla en la Cuerda Floja
Nuestros hijos piensan como nosotros y los de nuestros adversarios, en su inmensa mayoría, también. Así va el desafío entre la dictadura totalitaria y la oposición democrática.
Es obvio como se decantará el futuro. Valdría citar la respuesta de un joven oficial español nacido en Placetas, con los años General D. Emilio Mola Vidal, a un mar de moros que lo conminaba a rendirse en la Guerra de Marruecos: “El único advenimiento posible es rendíos a discreción."
La dictadura juega por quedar tablas, con el tablero en ruinas y el pueblo harapiento. Al no saber perder, obliga a triunfar a la oposición. Las uvas no están verdes. Es cuestión de tiempo, más es inmoral esperar a que caigan solas. Sería entregar al vacío nuevas generaciones de niños que crecerían rodeados de consignas huecas, sacrificados a un sueño utópico devenido pesadilla. Por ellos hay que ponderar los estertores del régimen imperante. Seguir los pasos de sus valedores. Luchar con premura por un fin incruento. Por
la reconciliación nacional a corto plazo, y para ello es indispensable estudiar las últimas reacciones del aparato de propaganda y represión al servicio del gobierno cubano.
En las últimas semanas, la dictadura ha reaccionado a los errores cometidos
durante meses de letargo, entre ellos la muerte de Orlando Zapata Tamayo y la
burda represión a las Damas de Blanco. Entre tanto, intenta volver a empacar
indebidamente el pulso entre pueblo y gobierno en el marco del diferendo entre
el gobierno de Estados Unidos y el de Cuba. David contra Goliat. No Caín contra
un Abel indefenso y apabullado por más de cinco décadas de despotismo. De paso
y como guinda, entreteniendo y dividiendo a la oposición en un debate estéril
en torno a las sanciones impuestas por el coloso del norte.
Ha dejado de hostigar a las Damas de Blanco. Permite las marchas dominicales
en un marco previsto y controlable, desalentando, en lo posible, la
participación de Damas de Apoyo. Apuesta por dividirlas con prebendas
selectivas a unas, amenazas a otras, acercando a algunos de los presos a sus
hogares, permitiendo el regreso de lo que queda de Ariel Sigler Amaya al seno
de su familia, e involucrando a la Iglesia en el proceso de excarcelación de
rehenes. Todo esto sin permitir la entrada al territorio nacional del relator
de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos destinado a nuestra patria.
A Guillermo Fariñas Hernández intenta neutralizarlo. Lo hidrata, alimenta,
medica y cuida, con esmero, para no permitir otro mártir. Mientras, intenta
comprometer su bien ganado prestigio empañando la tenue frontera entre lo
sublime y lo ridículo. Negándose a ceder a las condiciones razonables planteadas
por Fariñas Hernández desde su trinchera de dignidad, lo obliga a prolongar su
huelga de sed y hambre más allá de lo fisiológicamente posible. Pretende el“knock out” a la lona del choteo vía intravenosa.
Al presidio político, compuesto por presos de conciencia, intenta compararlo a
la condena de cinco espías, conseguida con todas las garantías procesales
establecidas por la Ley. Pasea artistas de fama internacional por escenarios
norteamericanos recabando apoyo, e intentando provocar la reacción de los
iracundos de esta orilla a quienes tanto debe, ya bien por controlarlos a través
de agentes de influencia o explotando el dolor, el odio e intransigencia que los
caracteriza. Involucra a nuestro Cardenal y obispos, a altos diplomáticos del
Vaticano y a otros emisarios de la Santa Sede, para comprar tiempo a quienes
abogan, con la España socialista y el propio Canciller, por un cambio a la
posición común de la Unión Europea que la dictadura intenta socavar. Está, al
igual que las sanciones norteamericanas, supedita la normalidad al respeto de
los derechos humanos y civiles, demostrado con pasos concretos destinados a
democratizar el país.
Así de clara es la estrategia de la dictadura y la oposición en el exterior no
tiene porque cruzarse de brazos. Hay que seguir con la denuncia para encarecer
la represión y seguir buscando salidas cívicas entre cubanos a la crisis
institucional que enfrentamos desde el diez de Marzo de 1952. El reto es también
claro: ¿Cómo hacerlo?
Hay múltiples maneras. Cada cual según su conciencia y posibilidades. Entre
ellas, instando a Fariñas Hernández a escapar de la trampa tendida para anular
su sacrificio, y hacer todo lo posible por evitar que el de Zapata Tamayo y el
sufrimiento de su señora madre, acorralada en Banes, sean en vano. Por
ejemplo, el pasado viernes, 4 de junio, un grupo de jóvenes cubanos se organizó
para proyectar la imagen de Zapata Tamayo en la fachada del Carnegie Hall,
mientras un Silvio Rodríguez viejo y machacón hacía la zafra con la nostalgia
de los ciegos que no quieren ver que del Silvio de los años mozos quedan, como
de la revolución, sólo el casco y la mala idea. Dice el Silvio que quiere
evolución y un camino de “luces, sin odios, ni olvidos”. Pues toma. Mientras
casi tres mil adoradores pagaban bien “carito” y en “fulas”, por cierto, por
oírle desde una tribuna donde en su día habló Martín Luther King camino al
martirio, otro negro, cubano este, con su rostro noble sobre la fachada del
concierto defendía nuestra bandera. Él, muerto. Ella hecha pedazos. Ambos por
redimir.
Apoyado en las nuevas tecnologías, una vez más sacó la cara por la libertad de
la patria y por los cubanos libres, y esa madrugada, hasta bien entrada la
noche, el alma del grupo, Geandy Pavón, Jorge Moya, Pedro Portal y otros
compatriotas trabajaron por que no olvidaran su sacrificio. Sin otro fin que
el deber cumplido al honrar a un héroe caído.
En la acera del Silvio, algarabía, la bandera del 26 de julio cargada del luto,
la sangre y opresión que representa, y un trovador, quien, cual pitonisa tardía
y acaudalada, condena, a estas alturas, la Ofensiva Final Contra la Empresa
Privada del 1968, pero no tiene nada, o casi nada negativo que decir de la
tiranía que apoya desde el ya lejano 1970. Entonces, se decantó por el apoyo
incondicional. Flautista, si no de Hamelín, de San Antonio de los Baños,
traicionando a los jóvenes que lo siguieron al Campamento Venceremos del central
azucarero Habana Libre. Terminando él encumbrado, y ellos tronados. Él en el
Grupo de Experimentación Sonora de ICAIC, en el Cuba Va de Paredón Records, y
ellos en un sálvese quienes puedan.
Así las cosas de Cuba en Nueva York, con los del Proyecto Némesis, que así
bautizaron los nuestros el operativo frente al Carnegie, un grupo de patriotas
que seguirán dando guerra por la transición a una Cuba libre.
Otra forma de contrarrestar la ofensiva gubernamental es apoyando a la oposición
dentro de Cuba, y muy en especial a las Damas de Blanco. Ellas, con tesón y
valor, han ganado un merecido primer lugar en la linea de fuego. Necesitan los
medios materiales y el apoyo moral para sobrevivir en la lucha, como también es
indispensable nuestra disposición, desde el exterior, a identificar a sus
verdugos si vuelven a atacarlas, y propiciar su organización como entidad
jurídica no gubernamental dentro de las normas imperantes. En esto se trabaja,
y a ello estamos comprometidos abogados acá y nuestros corresponsales dentro del
país.
También, hay que insistir que la lucha se desarrolla entre una camarilla negada
a ceder sus privilegios, y un pueblo reprimido que clama por recuperar su
soberanía. Aunque despierte opiniones encontradas entre la oposición, el tema,
llámesele al totí “bloqueo” o “embargo”, tanto como las condiciones impuestas
por la Unión Europea a la normalización de sus relaciones con la isla, son
problemas entre el estado cubano y otros estados. Dicho esto, ya que la
dictadura utiliza el llamado bloqueo como mascarón de proa cuando intenta
justificar su constante violación a los derechos humanos de nuestros
compatriotas, comodín para explicar todos sus fracasos y justificar la
represión, se impone tratar el tema desde diferentes prismas. Siempre con el
respeto escrupuloso al hermano discrepante, se tercia estudiar su incidencia en
la lucha por la libertad. Tomar posiciones, cada cual según su conciencia.
Siempre alertas al peligro de caer en una polémica propiciada, si no auspiciada
por los cuerpos de seguridad del estado, para sembrar la discordia entre la
oposición. La cuál, como es inevitable al enfrentase a una dictadura, opera
infiltrada y acosada por los cuerpos de seguridad que intentan pastorearla.
Desde Washington, el tema pasa por la Ley Contra Comerciar con el Enemigo de
1917, la Proclama de Kennedy de 1962 instituyendo el embargo, las Regulaciones
de los Activos Cubanos de 1963, le Ley de Medidas Económicas Internacionales de
Emergencia de 1977, la Ley Pro Libertad Cubana y Solidaridad Democrática de
1996, más conocida por “Helms Burton”, y por un nuevo proyecto de ley ante el
Congreso. Un grupo de quienes llevan el peso de la lucha dentro de Cuba se ha
pronunciado sobre ese proyecto de ley, entre ellos Yoani Sánchez Cordero,
Dagoverto Valdés Hernández, José Conrado Rodríguez Alegre, Guillermo Fariñas
Hernández y Elizardo Sánchez Santa Cruz, instan a congresistas de Estados Unidos
a apoyar este proyecto de ley que levantaría las restricciones de viajes a Cuba
para todos los estadounidenses, y facilitaría el intercambio comercial. Por el
probado valor de quienes la suscriben, y por el peso de sus argumentos, su
declaración del 31 de mayo pasado es digna de respeto y obliga a replantear el
tema visto desde el prisma de sus afines exilados.
Opinan los firmantes de la declaración que “el aislamiento del pueblo de Cuba
beneficia a los intereses más inmovilistas del gobierno, mientras que la
apertura sirve para informar y empoderar a los cubanos y ayudar a un mayor
fortalecimiento de nuestra sociedad civil”, citan al Santo Padre para que Cuba
se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba, y estiman que “si los ciudadanos
de los Estados Unidos, como los del resto del mundo, aumentaran su presencia en
nuestras calles y pudieran visitar a los familiares de los presos políticos y
otros miembros de la incipiente sociedad civil cubana, podrían: en primer lugar,
ser testigos presenciales de los sufrimientos del pueblo cubano; en segundo,
sensibilizarse aun más con la necesidad de los cambios en Cuba; y en tercer
lugar, ser puentes solidarios y cercanos para favorecer la transición que
deseamos muchos cubanos”. Y reconocen que el levantamiento del embargo podría
verse como una concesión al régimen cubano, e incrementar los ingresos en
divisas para reprimir al pueblo.
Al margen de las supuestas victoria y legitimidad que supondría para el régimen
la normalización entre las dos orillas, y del mal uso de los recursos
resultantes en las arcas de la dictadura, ningunear el efecto de las sanciones
norteamericanas contra Cuba, como se oye a diario en Miami, no resiste un
análisis profundo, como tercera justificación para apoyar el status quo en
Washington.
Hay quienes alegan que la isla puede comerciar con los casi otros doscientos
países del planeta, que representan 6,700,000,000 de sus 7,000,000,000 de
habitantes, que su comercio actual con los 300,000,000 de norteamericanos es
substancial en áreas cruciales como los productos alimenticios, sin contar las
remesas de divisas de la comunidad cubana en el exterior, y que las 20,000 visas
anuales y la Ley de Ajuste Cubano, sirven de válvula de escape al régimen.
Visto así, el debate ignora lo que representa el peso del producto nacional
bruto de los Estados Unidos en la economía mundial, lo que, por ejemplo,
significa para China el mercado americano y el status de nación más favorecida,
y lo que podría representar el turismo masivo para nuestra economía.
A más de un cubano de a pié, al menos desde esta orilla, nos impresiona que
quienes se oponen a un cambio en la política norteamericana de los últimos
cincuenta años y el gobierno de Cuba coincidan en postular que la derogación del
embargo afectaría de forma determinante la situación del país. Nos parece que
el embargo no evita que la isla se valga por si misma y prospere. De esto se
encargan quienes despilfarran el patrimonio nacional y ahogan la iniciativa
privada. Ni nos parece que derogarlo afianzaría a un régimen que, en última y
primera instancia, se apoya en la represión, para la cual nunca le han faltado
ni escatimado medios. Resulta curioso que muchos en la oposición acepten la
posición de un gobierno mitómano. Sólo deja de mentir cuando se desmiente, y
de paso, después de justificar la usurpación de la sociedad civil, en todas sus
manifestaciones, y de todas las libertades en aras de la soberanía nacional
frente al imperio, alega que, después de cincuenta años de gobierno absoluto,
el destino del país depende de las decisiones que tomen en Washington.
Estimamos que, para el gobierno cubano, el tema del embargo no es más que una
justificación a su terrible gestión financiera. El comodín al fracaso total en
la que han sumido el país y esclavizado a sus gentes. La forma de evitar
enfrentarse con los reclamos justos de un pueblo cansado de sus mentiras y
cadenas. Para la oposición tradicional en el exterior, es como un paliativo
inmovilista a cincuenta años de fracaso, con una dosis de triunfalismo y
entretenimiento, mientras esperamos acomodados a que otros carguen con el peso
del cambio que nos compromete a todos. Contentos con ni siquiera plantear un
ajuste para adecuar la política norteamericana a la europea, limitando las
visitas de ciudadanos americanos a países que extiendan a sus súbditos y
visitantes garantías y derechos básicos, y el crédito a quienes lo merezcan.
Con la corrupción e ineficiencia de la economía cubana es hasta concebible que
a más turismo más pérdidas, y que el cubano más rentable en la isla es el
desempleado, en un desastre que vive de limosnas, dádivas y remesas de los
expatriados. Y conscientes de que los créditos blandos al gobierno cubano no
parecen posibles. Sin país no hay azúcar y acaban de cosechar la peor zafra
desde el 1900 y, según cifras publicadas el pasado cinco de mayo en el Nuevo
Herald, Cuba ocupa el segundo lugar de los deudores del Club de París, grupo de
países ricos que reúne a los principales acreedores públicos. Los once millones
de cubanos están endeudados algo menos que los doscientos treinta millones de
indonesios, y más endeudados, hipotecados por casi un 125% de la deuda de los
más de mil trecientos millones de chinos, y bastante más que los mil ciento
ochenta millones de indios, casi un tercio más. Saliendo mal parados comparados
aún con los treinta y tantos millones de argentinos, el país iberoamericano más
endeudado después del nuestro, con aproximadamente el 14% de la deuda cubana.
Esto es sin contar nuestra deuda a fondo perdido con la difunta Unión Soviética.
Ni los inodoros y caramelos por pagar a España por las confiscaciones a sus
nacionales. Ni la bolivariana cuenta abierta con Venezuela. Ni lo debido a
otros acreedores.
Para los políticos americanos el apoyo a sanciones que no han dado los frutos
pretendidos durante los gobiernos de once presidentes de la unión es una forma
fácil de recabar votos entre los cubanos exilados. Asegurando una basa que ha
probado ser importante, sin tener que intentar incidir en un problema que
consideran ajeno. Para el pueblo cubano, en una medida a discutir, las
sanciones representan más penuria. Para el mundo, una razón para rechazar y
despreciar a la oposición exterior que no atina a otra cosa que a preguntarse
por qué es tan mal entendida. Para la historia patria constituye un capítulo
más de injerencia extranjera, en el marco de la Guerra Civil del ‘98, la
Enmienda Platt, las múltiples intervenciones del pasado siglo, Radio Swan, Bahía
de Cochinos, la Operación Mangosta, el Pacto Kennedy-Krushov, Radio y TV Martí,
entre supuestos patriotas que no dejan, del todo ser o comportarse como
separatistas, autonomistas y anexionistas, siempre buscando en el extraño la
solución de los problemas patrios.
Sin reclamar representatividad, ni convocatoria alguna, quien escribe, considera
alucinante insistir en el embargo. Me obliga a esta posición el compromiso con
la independencia patria, quimera que se remonta a Jimaguayú y la Yaya, la verdad
de Perogrullo, que el fin no justifica los medios, y considerar que el daño
colateral, para utilizar un eufemismo de moda, causado a la población civil.
Sólo es lícito sitiar una plaza cuando se está dispuesto a asaltar sus murallas.
Es así, aunque entienda que la economía cubana, por llamarle de alguna forma,
puede perder la limosna bolivariana, en cualquier momento, como perdió la
soviética, y el temor de que la policía política disponga de más perseguidoras
con la entrada de divisas a los cofres del estado, cuando, inevitablemente,
transitarían también más automóviles particulares.
El apoyo que recibió el pueblo de Sudáfrica en su lucha contra el Apartheid es
impensable, y apoyar las sanciones sin afinar el tiro, condicionando, de forma
razonable, como carta de negociación, el turismo yanqui y supuestos créditos
blandos a una apertura democrática “a la europea”, es como aplaudir un combate
de lucha libre entre le Amenaza Roja y el Tío Sam, pagando un pueblo indefenso.
Por algo Sun Tzu, quinientos años antes de nuestra era, quien de estos
menesteres y del arte de la guerra sabía mucho, sentenció que asediar, acorralar
a una plaza sólo se lleva a cabo como último recurso. Es preferible y hora de
optar, como el Cid, por los panes con los que la leyenda dice conquistó el Reino
de Valencia. Digo yo, con todo el respeto que merece quien, de buena fe, opine lo contrario.
Junio 18, 2010
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