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POR OSCAR WILDER
Otra Cuba es viable
La frase del título no es una mera expresión de deseos. Quizá no pueda ser realidad ahora pero lo será en un futuro no lejano. Para ello hace falta que un proyecto de poder personal que lleva más de cincuenta años de instalado, maquillado inicialmente como Revolución justiciera y antiimperialista pero que ha sumido a Cuba en el estado terminal en que se encuentra, ceda su lugar a un proyecto nacional debatido y consensuado por todos los cubanos, los de dentro y los de fuera. Deberá ser un proyecto que no abandone las banderas de la justicia social y procure asegurar alimentos, salud y educación para todos pero sin represión ni persecuciones por pensar distinto y que no sea un calco, en su vinculación con la potencia hegemónica, de lo que era en 1958.
Esa Cuba no es una quimera, es perfectamente posible. Además del concurso de todos los cubanos de buena voluntad y amantes de su patria, será necesaria la ayuda extranjera de más de un país, no sólo de Estados Unidos, pero decidida por los cubanos debidamente representados en los órganos de una democracia pluralista.
ESCENARIOS Y ARTIFICES DEL CAMBIO POSIBLE
El objeto de este artículo se dirige más bien a reflexionar sobre una Cuba viable y diferente del modelo actual y no tanto a determinar la manera y el momento en que ese cambio se llevará a cabo. Sin embargo, aunque no poseo la bola de cristal, es difícil resistirse a la tentación de imaginar los posibles modos y tiempos de esa transición anhelada por millones en silencio.
El cambio puede llegar, como algunos creen, de la mano del actual gobernante de jure, aunque se sostiene que difícilmente podría imponer cambios profundos quien ha tenido que ver de manera directa con la instalación del modelo actual. Puede ocurrir también, como piensan otros, que el cambio, aunque sea en sus inicios, sea liderado por una generación más nueva de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el verdadero poder en Cuba, aunque creo que sólo podría tomar las riendas del gobierno cuando la biología haga su trabajo con los más irreductibles. Y puede suceder, finalmente, algo que creo más instalado en el imaginario extranjero que en el del cubano de a pie: un levantamiento popular cuando la soga, que ya aprieta demasiado, esté a punto de cortar la respiración a la mayoría de los 11 millones de cubanos.
Esa última posibilidad me parece más remota, aunque nada puede descartarse. Algunos creyeron que había llegado hace 16 años con el “maleconazo”, aquella revuelta popular del 5 de agosto de 1994, que confluyó en el Malecón habanero, cuando las consecuencias de “la caída del campo socialista” hacía casi intolerable, para la mayoría de los cubanos, el llamado “período especial”. Era un período que para la población de a pie se traducía fundamentalmente en una severa escasez de combustibles y alimentos. Pero iniciada la revuelta ocurrió, como dice la canción de Carlos Puebla, que “llegó el comandante y mandó a parar”: Fidel Castro apareció en su jeep y terminó de apaciguar los ánimos exacerbados, aunque precedido por la eficaz labor de las fuerzas de la Seguridad del Estado. Estos sucesos pueden verse en YouTube.
La consecuencia más importante de esa revuelta no fue la de encarar las reformas de fondo que entonces, como ahora, hacían falta. Pensar, siquiera, en algo así, habría sido abrir las puertas al demonizado “capitalismo” y, como decía el líder de la Revolución, “antes la isla se hundiría en el mar”. Luego de silenciada la protesta, atribuida elementos “antisociales” pero nunca a los estragos de una realidad tangible y de un sistema inviable, el gobierno abrió las fronteras para quien quisiera abandonar la isla, por mar, como en el Mariel de 1980. Algo así como decir “los que se quieran ir, que se vayan, pero aquí no se cambia nada”.
Hace tiempo se dice que si surgiera una revuelta similar a la de 1994 –ya que las causas de fondo del descontento persisten y se agravan día a día—, el legendario líder ya no tiene la salud y las fuerzas necesarias para aparecer nuevamente en su jeep y calmar los ánimos con su antiguo carisma, aún cuando recientemente ha reaparecido en la escena pública y dice sentirse “totalmente restablecido”. Pero no debe olvidarse que las fuerzas de la represión siguen siendo las mismas que en 1994. El temor inoculado en sus habitantes durante cinco décadas, también y quizá sea, todavía, superior a la desesperación por la crisis económica.
En todo caso, de producirse esa revuelta popular, lo que hoy se duda es si Raúl Castro daría la orden de reprimir (y de disparar), como ocurrió en la Plaza de Tienanmen de Beijing en 1989.
Aunque pareciera ser la opción dominante en la pluma de muchos, cuesta imaginar la que concibe al actual gobernante transformado de la noche a la mañana en un Michail Gorbachov caribeño dispuesto a reestructurar y transparentar a diestra y siniestra un sistema que él ayudó decisivamente a establecer y consolidar. Suena antojadizo concebir una síntesis de Stalin y Gorbachov en la misma persona, aún en versión caribeña y cuando se está secundado por los veteranos compañeros de lucha en la Sierra que son, además, beneficiarios directos del statu quo. Sin embargo resultaba pasmosa la ingenuidad de muchos, en Cuba pero sobre todo en el extranjero, en los primeros meses de 2008, luego de instalado el actual Presidente en el poder de jure, cuando creían que “los cambios” habían llegado. Ningún cambio había llegado, a menos que permitir a los cubanos alojarse en los hoteles para turistas, algo vedado antes de abril de 2008, o que pudieran adquirir hornos de microondas o incluso computadoras (pero sin acceso a Internet) fueran los cambios sustantivos que la isla necesita.
Lo cierto es que pasaron más de dos años y todo sigue igual, aunque últimamente se ha ampliado el menú de cambios cosméticos iniciados en abril de 2008: se anunció hace fines de 2009 la posibilidad de acceder a Internet (censurado) en las oficinas de correos y con tasas en divisas pero no en los domicilios particulares. También hace pocos meses se anunció que los cubanos podrían
• adquirir los materiales y herramientas para construir sus propias viviendas,
• volver a ejercer libremente oficios como el de peluquero o zapatero remendón
• acceder a licencias para taxis
• solicitar tierras públicas para trabajarlas
Aún no se sabe cuándo y de qué manera podrían los cubanos adquirir lo necesario para sus viviendas, ya que escasea todo tipo de materiales y lo poco que hay se vende en divisas y en el mercado negro, o en qué condiciones podrán trabajar las tierras, esto es, si podrán elegir lo que produzcan y en qué condiciones venderán lo producido al Estado, único comprador. Mientras tanto, los cambios verdaderamente necesarios, los estructurales, aquellos que podrían derribar el “bloqueo interno” que representa el sistema, igual o más pernicioso que el bloqueo norteamericano, aún permanecen en la imaginación y en el deseo de los cubanos.
El periodista español Vicente Botín, que fuera corresponsal de la Televisión Española de 2005 a 2008, le da asidero a esa opción o, al menos, le concede cierto protagonismo. Botín pondera en el hermano menor de Fidel Castro a un estadista “pragmático” y dice en las páginas finales de su recomendable libro “Los funerales de Castro” (Ariel, Barcelona, 2009):
“Se ha especulado mucho sobre las intenciones de Raúl Castro de importar el modelo chino o vietnamita, un capitalismo de Estado bajo el control del Partido Comunista. El heredero es consciente de la grave situación económica del país y de las enormes dificultades del pueblo cubano para sobrevivir (…) no pierde de vista a China y Vietnam, pero su mirada es de más largo alcance. El heredero sabe que un capitalismo comunista, a 90 millas de Estados Unidos, es inviable. (…) Raúl Castro necesita la bendición de Estados Unidos, no su enemistad, y Washington probablemente no le hará ascos a una democracia surgida de las entrañas del sistema, como ocurrió en la Rusia poscomunista. Una cosa son las declaraciones grandilocuentes de cara a la galería de Miami, y otra muy distinta la razón de Estado, que pasa, inevitablemente, por la razón económica.”
Para Botín, incluso, “una democracia ‘bien entendida’, como en Rusia, es la señal que Estados Unidos necesita para poner fin al bloqueo”. Botín deduce lo que en realidad teme y con razón: que los militares más cercanos al Presidente actual, que manejan un gran conglomerado de empresas de todo tipo, podrían reciclarse, cambiar el uniforme verde olivo por un traje ejecutivo y fundar un partido sólido “capaz de aplastar en las masas a cualquier rival”. Así seguirían manejando los resortes básicos del país, el turismo, el níquel y el petróleo. Según el periodista español, sucedería “todo ello bajo la guía de un Vladimir Putin tropical”. Por supuesto que no desea en absoluto este escenario y por eso apela, a continuación, con las palabras finales de su libro: “a los cubanos les toca impedir que eso ocurra”.
Aunque no se puede adivinar el futuro y toda previsión en este sentido es falible, creo difícil esa opción y me inclino más por el surgimiento de una conciencia de cambio en una generación más joven de las fuerzas armadas, que tome el poder como agentes de una transición efectiva (no como la actual, que no lo es) y que contaría con la adhesión inmediata de la mayoría. Luego debería ser la sociedad civil de Cuba la que elija a sus gobernantes libremente y entre varios candidatos, incluido el comunista, la que encare un cambio de sistema que permita a la isla transitar un camino de amplias posibilidades de progreso junto con las naciones democráticas y modernas de la región y del mundo.
NUEVAMENTE LA HISTORIA
En una serie anterior aparecida en tres partes en este mismo espacio digital, titulada “Una visión distinta sobre Cuba”, mostré muy someramente, con datos y estadísticas, que Cuba no era el 31 de diciembre de 1958 el país que pregona la propaganda oficial desde hace casi 52 años, sino que era un gran país a pesar de Batista, la mafia norteamericana y todos sus otros problemas y debilidades. Esa propaganda procuró destruir en las mentes de los cubanos y de muchos extranjeros casi toda alusión positiva de la Cuba republicana (1902-1958). Parece haberlo conseguido, en buena manera, con los extranjeros, sobre todo con personalidades relevantes de todo el mundo, aunque muchos intelectuales de izquierda, que adhirieron de inmediato a la Revolución, se retractaron después de la represión y las persecuciones.
Sin embargo con los cubanos de la isla el discurso único y repetido hasta el cansancio no fue tan eficaz, tan abarcador. No todos los cubanos algo mayores —y no hablo sólo de los disidentes— olvidaron cómo era Cuba en diciembre de 1958. Para comprobarlo basta con vivir algunos años en la isla y conversar con cubanos de a pie mayores de 60 años. Hay personas de 65 a 70 años que recuerdan no sólo al Batista dictador de entonces (distinto del Batista más joven que gobernó en los años 40 y le dio a Cuba una Constitución modelo), sino también cómo era La Habana, sus calles, su movimiento, cómo se vivía y sobre todo cómo se comía en los años 50. Las alusiones a la alimentación son constantes en las charlas con los mayores.
El periodista y escritor exiliado Carlos Alberto Montaner, presidente de la Unión Liberal Cubana y demonizado hasta niveles de fábula por el gobierno cubano como “gusano, mercenario del imperio, agente de la CIA” y demás lindezas por el estilo, nos dice en uno de sus libros que:
“en 1959 Cuba y Singapur tenían per cápitas parecidos, pero la potencialidad de desarrollo era mucho mayor en Cuba que en el pequeñísimo enclave asiático. No obstante, sin que nadie tratara de impedirlo, en 1998 los singapurenses poseen dieciocho veces el per cápita de los cubanos, han erradicado totalmente la pobreza extrema, y gozan de un alto nivel de desarrollo basado en la ciencia y la tecnología. Es una falsedad afirmar que si Cuba toma el camino de la democracia y la economía le aguarda ‘un destino haitiano’. Ningún poder económico le impone a país alguno la pobreza”. (“Cuba: un siglo de doloroso aprendizaje”, Instituto y Biblioteca de la Libertad, Miami, 2003).
Otro ejemplo que da Montaner es el del ingeniero cubano Roberto Goizueta, quien en la década del sesenta se exilió en los Estados Unidos y trabajó para la Coca-Cola. Cuando murió, en 1997, era presidente de la compañía y bajo su orientación “el valor de las acciones de esa empresa había alcanzado un nivel más alto que el valor de toda la producción de Cuba bajo el gobierno comunista. El mismo murió con una fortuna personal calculada en mil trescientos millones de dólares –el cubano más rico de todos los tiempos”. Montaner señala, incluso, que no se le puede endilgar a Goizueta que su enriquecimiento personal o el de los accionistas de su empresa fuera a costa de privar a alguien de sus bienes, como suele insistir siempre la doctrina comunista. “Por el contrario –sigue Montaner— favoreció a decenas de miles de personas”.
En la citada primera parte de mi artículo “Una visión distinta sobre Cuba” mencioné el caso del ejecutivo cubano Goar Mestre, que emigró a la Argentina y fundó Canal 13 en 1960. Mestre era en Cuba un exitoso empresario que, además de propietario allí de tres emisoras de radio y dos de TV, tenía una publicitaria, una importadora de alimentos, una de jugos en conserva, una agencia de autos, un comercio de electrodomésticos, dos cines y dos farmacias, entre otros intereses. Entonces se puede.
Los casos de Goizueta, Mestre y tantos otros cubanos emprendedores pueblan la historia del empresariado independiente de Cuba, que demostraron que uno podía enriquecerse legalmente y dar trabajo a mucha gente. También cité el libro “Los propietarios de Cuba 1958”, de Guillermo Jiménez, editado en 2007 por la Editorial de Ciencias Sociales de La Habana, que reseña brevemente la biografía de 551 empresarios privados cubanos, no todos ligados necesaria o mayoritariamente “al capital del imperio”. Otro libro del mismo autor, “Las empresas de Cuba 1958”, editado por el mismo sello en 2004, brinda 1.384 fichas de empresas privadas cubanas. Téngase presente que a pesar de lo que podría sugerir el tema de ambos libros, su autor no es un disidente exiliado sino un combatiente revolucionario, periodista, y economista que llegó a ser Vicepresidente del Banco Nacional de Cuba interesado en registrar estos datos,
Pido disculpas al lector por agregar datos sobre el “pasado” cubano, que de todos modos no incluí en mi trabajo anterior, pero es necesario. Según datos del Dr. Manuel Cereijo, profesor universitario cubano en la Florida International University y autor de varios libros, más de las 2/5 partes de la extensión total de las estancias de Cuba se destinaba en 1958 a la cría de ganado vacuno, con 6.000.000 de cabezas, es decir, casi una cabeza por habitante (0.83 era la cifra exacta de entonces, que casi triplicaba el per cápita mundial, que era de 0.32). La provincia cubana de Camagüey se podía comparar, salvando las distancias climáticas, con nuestra pampa húmeda. Recorrer hoy en auto esa provincia da lástima.
La infraestructura de comunicaciones también posee bases anteriores a la Revolución. Siempre según Cereijo y sólo por citar un ejemplo, Cuba era, en 1958, el país de este hemisferio que poseía mayor longitud de vías férreas, 1 km por cada 8 Km cuadrados de superficie, un total de 18.059 km de vías, y fue el segundo país americano en tener ferrocarril, en 1834, luego de EE.UU. y bastante antes que la Argentina, que tuvo su primer ferrocarril en 1857. Hoy en día, si bien cuenta con algo más de 9.300 km y sigue siendo la única isla del Caribe con ferrocarril, éste sufrió un estancamiento en su desarrollo que lo ha distanciado considerablemente de los estándares europeos o norteamericanos, ya que por ejemplo, las vías electrificadas no llegan a los 200 km de longitud.
Es decir que como ya señalé en “Una visión distinta sobre Cuba”, en diciembre de 1958 existía un país muy distinto del que se pretende hacernos conocer, con todas sus imperfecciones y las asignaturas entonces pendientes.
Aunque considero que la fuente de primera mano y el testimonio personal son irreemplazables, el interesado en comprobar lo que dicen estas líneas no tiene necesidad de viajar a Cuba y hablar con cubanos a los que, además, es preciso conocer y “ablandar” para que cuenten a un extranjero lo que recuerdan de aquella Cuba. No debe olvidarse que la desconfianza al visitante foráneo, inoculada durante décadas, dejó su huella y pocos se atreven a hablar con turistas y periodistas extranjeros. Pero hay bibliotecas y hemerotecas y hoy el investigador o el curioso cuentan con Internet y YouTube, que recomiendo.
LA VIABILIDAD DE UN MODELO DISTINTO
Para la Cuba que necesariamente seguirá, el trabajo por hacer es colosal y aunque no puede describirse en estas escasas líneas, se puede intentar una síntesis.
En tren de comparación con países que hayan atravesado por una situación similar, la que volverá a ser Perla del Caribe no se halla en un ámbito geográfico, político y económico como la Unión Europea. Tampoco cuenta Cuba, quizá, con un grado de desarrollo equivalente al que ya tenían Polonia o Checoeslovaquia, aún dentro del sistema comunista, en 1990.
Pero para recorrer el camino que le espera, la isla tiene importantes recursos iniciales. Además de la infraestructura mejorable, de la que apenas se ha mencionado una ínfima parte, Cuba posee valiosos recursos naturales como el níquel, el turismo y el petróleo, sobre todo su explotación offshore. A ello podríamos sumar la agricultura y la ganadería que, luego de una necesaria reconversión, del uso de modernas maquinarias y del incentivo de la ganancia privada luego de cincuenta años de estancamiento y utopía comunista, podrían resurgir con creces y hasta producir márgenes para la exportación.
Para ello y para cualquier otro emprendimiento necesario para la modernización de un país, Cuba necesita contar, además de la voluntad y la capacidad de su pueblo, con dos presupuestos esenciales:
• el crédito y las inversiones extranjeras, hoy severamente restringidos por las consecuencias financieras del bloqueo norteamericano pero también por la pertinacia de un sistema que ha llevado al país a la bancarrota, a un severo endeudamiento y al congelamiento de las transferencias de utilidades al exterior por falta de divisas.
• el manejo libre e intensivo de las modernas tecnologías de la información y la comunicación, sin controles ni censuras de ningún tipo y a precios internacionales.
DIGRESION FUERA DE CONTEXTO PERO INELUDIBLE: LOS DERECHOS HUMANOS
Aunque el tema de los derechos humanos no formaba parte del proyecto de este artículo, es necesario hacer aquí una digresión. Si bien es verdad que el bloqueo norteamericano limita considerablemente la disponibilidad de aquellos dos presupuestos y de otros recursos que Cuba necesita para salir del pozo en que se encuentra, también es cierto que ese bloqueo podría comenzar a caerse si el Gobierno cubano produjera consistentes muestras de apertura (liberación de presos políticos, cese de la represión y persecución a los ciudadanos que piensan distinto que el Gobierno, etc.) Pero mientras Cuba sigue cayendo por una pendiente pronunciada, se prefiere “que la isla se hunda en el mar” antes que cualquier apertura sustancial. Sigue siendo importante, para mostrar a seguidores internos y externos, agitar la misma bandera de hace casi 52 años: la del orgulloso pero castigado David frente a la omnipotencia y voracidad de un Goliat ubicado a 90 millas.
Desde fines del año 2008 varios presidentes latinoamericanos visitaron La Habana y produjeron documentos en diferentes cumbres para mostrar a Estados Unidos un frente contra el bloqueo. Pero ya van a hacer dos años de esa “movida”, las visitas a Cuba le significaron un alto costo político a mandatarios cuyos países no comulgan mayoritariamente con el modelo cubano y mientras tanto el bloqueo norteamericano no se movió. Eso debe significar que aquellos gestos no alcanzan, aunque la mayoría de los presidentes de nuestra región parecen no querer verlo y hacen silencio. Europa, en cambio, aparte de la controvertida cruzada española, que últimamente está logrando deportaciones forzadas de presos políticos y no liberaciones, a secas, sigue esperando resultados más tangibles en derechos humanos para cambiar una Posición Común hacia Cuba de 1996. Un cambio de esa Posición podría influir para que la isla reciba fondos frescos indispensables. Cuba tiene la palabra, no Europa.
FUENTES PARA LA INVESTIGACION ECONOMICA
Regreso a la situación económica y social de Cuba y sugiero al lector interesado que, del inmenso caudal de información sobre el tema, en especial en Internet, consulte los artículos de Oscar Espinosa Chepe. Se trata de un economista independiente de la isla encarcelado durante la Primavera Negra de 2003 pero liberado poco después por sus serias enfermedades crónicas. Escribe regularmente en el sitio digital Cubanet de Miami, aunque algunos artículos suyos suelen aparecer en El País de Madrid y en El Nuevo Herald de Miami. En febrero de 2007 publicó un compendio de artículos suyos de 600 páginas titulado “Cuba, revolución o involución”, editado por Aduana Vieja de Madrid, con prólogo de Carmelo Mesa Lago, profesor emérito de la Universidad de Pittsburg.
Si bien Espinosa Chepe es cuestionado por los disidentes más intransigentes del exilio cubano, que le critican por ser muy moderado y hasta “raulista”, al igual que su mujer, la ex diplomática y periodista Miriam Leiva, destaco imparcialmente su versación económica y la seriedad de sus artículos sobre la situación de Cuba. Hace duras críticas a un sistema que ha llevado a la nación a la bancarrota y, basado en el potencial económico del país, realiza propuestas para salir de la crisis y la reconstrucción. Por supuesto que hay otros profesores e investigadores cubanos de gran seriedad, residentes en la isla y plenamente conscientes de la realidad económica de su país, cuya identidad, por obvias razones, no puedo revelar.
¿QUÉ HACER?
Este título le resultará conocido a los formados en ciencias políticas, sociología y economía, y quizá incomode a las mentes más liberales: “¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento” fue un libro escrito por Vladimir Ulianov, Lenin, entre fines de 1901 y comienzos de 1902 y desempeñó un relevante papel en la lucha por la creación del partido marxista revolucionario de la clase obrera de Rusia. No tiene nada que ver, obviamente, con este trabajo pero la pregunta que da título al libro es muy pertinente para el futuro de Cuba. Porque en la isla hay que cambiar casi todo, aunque en sentido inverso a lo que quería Lenin, cuyo resultado en Rusia conocimos a fines de los 80.
¿Qué hacer en Cuba cuando lleguen la transición y el cambio? Lo primero es sincerar todo, también la economía. Una vez realizados in situ, en libertad y con seriedad técnica no partidista, los diagnósticos necesarios, posiblemente se arribe a una verdad sobreentendida: algunas cosas podrán hacerse primero, otras después y seguramente habrá cosas cuya resolución sea muy compleja.
No soy economista; poseo, apenas, algo de sentido común, además de haber vivido en Cuba, por eso esbozaré algunos problemas:
1. La doble moneda. Hoy es difícil unificarla, mañana también lo será. Esa doble moneda, una de las causas que en Cuba atenta palmariamente contra el pretendido “igualitarismo” comunista, se integra con el peso cubano (24 pesos compran un dólar), utilizado para pagar sueldos y realizar muchas transacciones entre los nacionales cubanos, y el peso cubano convertible, conocido como CUC o “chavito”, equivalente casi a un dólar salvo la penalidad impuesta a esa divisa, que termina dando al CUC más valor que a la moneda de EE.UU., 1,08 dólar en la cuenta corriente de un banco y 1,20 dólar si se cambia los billetes verdes en la casa de cambio (CADECA). Es la moneda que cuenta, la que realmente importa. Es la que utilizan los extranjeros para pagar casi todo (salvo las frutas y verduras en el mercado), desde los taxis y billetes de aviones hasta los servicios públicos, desde la atención médica y las medicinas hasta sus comidas en restaurantes y supermercados, desde el combustible de sus vehículos hasta el alquiler de sus casas. Algunas cosas deben pagarla en CUC los nacionales cubanos, cuyo sueldo promedio mensual, recuérdese, es de 20 dólares: los alimentos que no proporciona la libreta de abastecimiento, más caros que en Argentina, el combustible (poco más de 1 CUC el litro de nafta especial) , los hoteles para turistas, la “tarjeta blanca” para salir de Cuba (150 CUC), el pasaporte cubano (100 CUC) la hora de Internet (de 6 a 12 CUC, según el establecimiento) y la ropa, entre tantos otros artículos.
2. La libreta de abastecimiento. Asegura cantidades exiguas e insuficientes de los alimentos esenciales subvencionados; la describí sintéticamente en mi trabajo anterior. Su eliminación será un problema no menor. Al igual que con la doble moneda, hace tiempo que se habla en Cuba de eliminarla pero no se termina de decidir cómo hacerlo. Algún recurso alternativo para los más humildes, en una primera etapa, deberá hallarse. En varios países del Norte de Europa, especialmente los nórdicos, no hay mendigos en la calle a pesar del capitalismo reinante, lo que significa que la sensibilidad y la justicia sociales no son patrimonio exclusivo de la izquierda radical.
3. Educación y salud para todos. Lo mismo vale en el Norte europeo para la educación y la salud de los más pobres: sin comunismo, el alfabetismo es casi del cien por ciento y los servicios médicos se hallan cubiertos para todos. En definitiva, a su manera, Cuba podrá cambiar, modernizarse y crecer sin renunciar a la justicia social y a la protección de los más carenciados. Y sobre todo, sin necesidad de recurrir a las recetas neoliberales más extremas. En los países europeos aludidos el Estado está presente y la alta carga impositiva se paga. Ello está inculcado en la educación y además, si se evade se va a la cárcel.
4. La vivienda. Es posible que muchos cubanos que deseen regresar a la Cuba futura, en especial la mayoría radicada en Estados Unidos o sus descendientes, quieran recuperar las propiedades que les fueron confiscadas cuando emigraron, sobre todo al principio de la Revolución, en los años 60. No debe pensarse sólo en los elegantes y amplios palacetes que ocupaban los reyes del azúcar, otros empresarios prósperos y “la mafia norteamericana” en los distritos del Vedado, Miramar y Cubanacán, hoy ocupados muchos de ellos por embajadas y empresas extranjeras. En La Habana hay viviendas de dimensiones intermedias y hasta reducidas, que fueron expropiadas a los emigrantes y esa práctica continúa hasta hoy para quienes se van ilegalmente de la isla. Digresión: si un cubano emigra hoy debe hacerlo legalmente, no puede llevarse nada de su casa, ni siquiera el mobiliario, y la conservará solamente si regresa a Cuba cada cierto tiempo. De otro modo, automáticamente, no sólo no puede regresar a la isla sino que pierde todo lo que tenga. Pero volviendo a los posibles reclamos, recuerdo haber leído en La Habana el análisis de una ONG norteamericana que desalentaba estos juicios por su inviabilidad práctica: ¿adónde se irían a vivir sus ocupantes, cubanos de clase media o humildes reubicados por el Gobierno, en un país que, además, padece hace tiempo un serio déficit habitacional? Otro tema de difícil resolución.
LA ECONOMIA Y LAS GRANDES EMPRESAS MANEJADAS POR MILITARES
La sociedad civil y no las fuerzas armadas deben manejar la economía. Sobre esto creo que no hace falta mayor abundamiento, sobre todo entre argentinos. Los ejemplos de nuestro propio país de 1976 a 1983 y sus resultados son suficientes. Si esto es válido para la Argentina, también lo es para Cuba. Si bien es cierto que allí el ministro de economía no es militar, el que ocupaba hasta mayo último la Vicepresidencia del Consejo de Estado y la cartera de Transportes, responsabilidades de indudable peso en la economía del país, fue reemplazado por dos militares, Antonio Enrique Lussón —un general de división de 80 años— para la Vicepresidencia, y César Ignacio Arocha, de 51 años, como ministro de Transporte.
Pero aparte de la cartera formal de la economía, es preciso recordar que las grandes empresas cubanas, en un país de economía estatal centralmente planificada, se hallan dirigidas por militares, de modo que puede decirse que los generales más leales a Raúl Castro dirigen el país. Todas las empresas que funcionan o generan moneda dura de una forma u otra, son controladas por ellos, y no sólo por Generales. El Mayor Luis Alberto López Calleja, yerno de Raúl Castro, dirige GAESA (Grupo de Administración Empresarial, S.A.), el holding de las Fuerzas Armadas que controla casi el 70% de la economía del país a través de trescientas empresas que generan casi el 90 % de las exportaciones, el 60% de los ingresos turísticos, cerca del 25 % de los ingresos por servicios, el 60% de los ingresos en divisas y más del 65% de todo el comercio minorista en pesos convertibles. El volumen de ingresos anuales del holding supera los mil millones de dólares e incluye, entre otros rubros, hoteles, departamentos, aviones, yates de recreo, estaciones de servicio, astilleros y muchas otras empresas. A falta de una guerra contra Washington, que nunca va a llegar, —aunque se gastan millones de dólares en maniobras que manejan obsesivamente esa hipótesis de conflicto, con la movilización de cientos de miles de reservistas— la nomenclatura verde olivo cubana se dedicó a hacer negocios. Hasta la empresa de taxis del aeropuerto y las de turismo están conducidas por militares.
Esta gestión empresaria cubana se inspira para su gestión en lo que ellos llaman el “perfeccionamiento empresarial”. En la isla, teniendo en cuenta la globalización y la situación económica mundial, se explica que se realizó hace algunos años un conjunto de importantes modificaciones y tomado un grupo de medidas con incidencia en la administración y en la organización empresarial, entre las que se cuentan:
• El proceso de rectificación de errores y tendencias negativas en la década del 80.
• Transformaciones en la actividad empresarial del país como consecuencia de la situación existente en los 90.
• Transformación en el sistema Bancario Nacional.
• Reorganización funcional y estructural de los Órganos de la Administración Central del Estado (OACE).
• Despenalización del dólar
• Apertura a las inversiones extranjeras.
• Aplicación del Perfeccionamiento Empresarial en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)
Todos estos elementos tienen su colofón con una Resolución Económica del V Congreso del Partido Comunista de Cuba, realizado en 1997, cuando se tomó la decisión de extender a todo el país los resultados del Perfeccionamiento Empresarial de las Fuerzas Armadas. Se trata de un proceso encaminado a la búsqueda de la máxima eficiencia y competitividad de la empresa estatal cubana, sobre la base de otorgarle facultades y establecer principios y procedimientos que estimulen la iniciativa y la creatividad de dirigentes y trabajadores.
Sin embargo, por los resultados de la economía que están a la vista y aparte de proveer todo tipo de artículos y servicios a la población, el sistema no puede erradicar la extendida corrupción en todos los niveles. Además, las ganancias de esas empresas en manos de militares sirve también para financiar las bien nutridas Fuerzas Armadas, que deben tener todo lo que hace falta para enfrentar al “imperio”.
DE DONDE VENDRÍA LA AYUDA EXTERNA
Como ya se dijo, la inversión y el crédito externos, sobre todo este último, cuya necesidad es acuciante, no tienen por qué venir exclusivamente del gran vecino del Norte, aunque es lógico que en un escenario político y económico cubano totalmente distinto del actual, los mayores aportes provendrían de EE.UU. Tampoco tienen porqué continuar viniendo sólo de Venezuela, China, Rusia y recientemente, de Irán. Otros países de Europa y de América latina podrían aportar. De hecho, Brasil ya ha dado importantes pasos con la diplomacia empresaria del presidente Lula, quien en sus últimas visitas a Cuba y aprovechando una antigua relación personal con Fidel Castro se ha asegurado una buena porción en los sectores estratégicos, en especial la explotación de petróleo off shore.
Tenemos también el caso de Irán, que recientemente ha ampliado sus intereses e inversiones en Cuba. Teherán comparte con La Habana su fuerte antiamericanismo, tiene petróleo, valora la defensa que hace Fidel Castro de su independencia nuclear, puede utilizar la inteligencia cubana para brindar información a Irán y, en principio, su sistema político, más anclado al poder que Chávez, le garantiza más perdurabilidad que el venezolano.
Qué pasaría con la ayuda de países como Irán y Venezuela si sus actuales Gobiernos sobrevivieran al Gobierno actual de Cuba, es un ejercicio interesante que, por ahora, no estoy en condiciones de profundizar.
LA SITUACION ARGENTINA
Nuestro país tiene una situación particular en Cuba debido al hecho de ser el segundo acreedor de la isla después de Japón. La deuda, que es pública, data de 1973 y oscila en los 2.500 millones de dólares. Fueron 600 millones concedidos inicialmente para la adquisición de vehículos y maquinaria, la famosa “Misión Gelbard” a Cuba, que nunca fueron pagados. Pero de eso no se habla y no se habló, aparentemente, durante la visita presidencial a La Habana de enero de 2009. Según el relato de empresarios presentes en las reuniones y seminarios de negocios que tuvieron lugar una semana antes del encuentro presidencial, la presencia allí de un Director del Banco de la Nación Argentina, del que se esperaban anuncios puntuales sobre los inexistentes avales a los créditos para las exportaciones argentinas, no alcanzó, ya que no dijo nada de lo que se esperaba. Con semejante deuda impaga, no hay crédito argentino.
DIGRESION: EL CONGELAMIENTO DE FONDOS AL EXTERIOR
Debe recordarse que poco antes de la visita presidencial, a fines de 2008, se inició en Cuba el congelamiento de fondos cubanos para pagar las importaciones y permitir el giro de utilidades al exterior, que alcanzó a casi cualquier transferencia. Hoy ese agujero negro oscila en los mil millones de dólares. La razón es muy sencilla: los dólares del Banco Nacional no cubren ni remotamente las erogaciones. Cientos de exportadores y operadores extranjeros aguardan pacientemente poder cobrar, los pagos salen realmente con cuentagotas y hay varios argentinos en la fila. A algunos que se han quejado más enfáticamente de la incobrabilidad les han cerrado sus cuentas corrientes. Por eso la perentoria necesidad de crédito, que tampoco se sabe, en este círculo vicioso, cuándo se podría pagar. A España se le adeudan unos 2.000 millones de euros, 700 de ellos vencidos, y a los empresarios españoles unos 600 millones más. Ellos esperan, no les queda otra.
El gobierno cubano explica las causas de ese atraso, fundamentalmente, en los daños provocados por dos feroces huracanes que azotaron la isla en el verano de 2008 --que son ciertos— y cuyas pérdidas se estiman en 5.000 millones de dólares, y en la brusca caída del precio internacional del níquel, hoy un commodity cubano como antes era el azúcar.
ALTERNATIVAS QUE NO SE OFRECEN
Aparte de la posible identidad ideológica y del accionar de algunos operadores argentinos que suele mencionarse en las relaciones con La Habana, pueden entenderse las razones de la Argentina, con su propio frente con acreedores internacionales, para no insistir con un cobro por ahora imposible. Sin embargo se podrían ensayar modos de compensar la falta de pago de la deuda con la participación en negocios redituables, aunque no parece haber voluntad política del lado cubano. Argentina será el país del Che, pero hoy no es ni Venezuela ni Brasil. Y Lula, que no tiene el compromiso ideológico de Chávez ni sus mismas motivaciones, actúa inteligentemente y apuesta al largo plazo. Sabe que pronto abandonará la presidencia y que los negocios que defiende e impulsa, en todo caso, son los de Brasil.
LA MEJOR PROMESA: LOS CUBANOS
Algunos disidentes cubanos exiliados y no pocos cubanos residentes en la isla suelen decir que “el cubano no sabe trabajar”, con lo que no apuestan a que sean ellos mismos los artífices del despegue y crecimiento de un modelo cubano viable. Yo tengo mis reservas sobre ese escepticismo.
Si uno revisa los casos aludidos de Europa oriental luego de la caída de la URSS, es cierto, como se dijo, que contaban con el cobijo de la Unión Europea a la que ingresaron de inmediato. Pero algunos casos podrían darle razón a los escépticos cubanos. Hubo y hay, seguramente, alemanes orientales, polacos, húngaros, y bálticos, entre otros, acostumbrados a la omnipresencia del Estado comunista que daba de comer, educaba y curaba también a desempleados y a los no muy entusiastas del trabajo. Eso también pasa en Cuba. Cabe imaginar que muchos de los europeos orientales, aún hoy, extrañan el modelo “protector” del marxismo-leninismo y le temen al desafío que implica sobrevivir y progresar en el capitalismo.
Pero también hay europeos que han triunfado luego de los 90 y han contribuido al crecimiento y al bienestar de sus países, y de otros países cuando emigraban, antes de la caída del Muro de Berlín.
Puedo afirmar lo mismo de los cubanos. Me decían en Miami que a esa ciudad “la hicieron los cubanos”, que antes era un pantano y no hay demasiada exageración en eso. Aparte del hecho que en la capital latina de EE.UU. hay otros latinoamericanos emprendedores, no todos los emigrados cubanos se radicaron allí, ya que los hay en otros Estados de la Unión, como New Jersey. Tampoco se puede afirmar en justicia que sólo los potentados cubanos “hicieron Miami” cambiando sus mansiones en La Habana por otras residencias igualmente cómodas en South Beach o Coral Gables.
Puedo afirmar con pleno conocimiento de causa que los pocos casos de emigrados cubanos de clase media o humilde que conocí, radicados en distritos miamenses de clase media, han progresado con su trabajo. Eso, por lógica, debe repetirse por cientos de miles. Tengo en mente el caso de una familia cubana de clase media, emigrada hace unos años, que visité más de una vez, residente en un barrio cerrado de clase media de las afueras de Miami. Con el trabajo duro del matrimonio pudieron comprarse, en cuotas, una casa y varios vehículos que utilizan para trabajar. Eso es imposible en la Cuba de hoy: no sólo no está permitido a los cubanos adquirir propiedades o automóviles, sino que aunque se autorizaran hoy mismo, no podría hacerlo la inmensa mayoría de cubanos que percibe salarios promedio de 20 dólares mensuales, ni tampoco los empleados de embajadas y empresas extranjeras que perciben salarios bastante mayores aunque no suficientes. Es verdad, también, que la llamada “ley de ajuste cubano”, denostada por el Gobierno de la isla por el drenaje de ciudadanos a EE.UU., protege al cubano más que a ningún otro latinoamericano que pone un pie en territorio norteamericano. Al cubano se le brinda asilo automático y se le asegura, al comienzo, seguro de salud pago. Pero el resto del despegue lo hacen la solidaridad del cubano residente en Estados Unidos y la propia capacidad y ganas de triunfar de los emigrados que llegan a las costas o aeropuertos norteamericanos, dispuestos, incluso, a ganarse la vida en tareas que no son las propias de su formación universitaria. Pero si en Cuba hay empleados domésticos, choferes y secretarias graduados en ingeniería, física o análisis de sistemas que trabajan para extranjeros con salarios de varios cientos de dólares mensuales, con lo que ya se puede vivir decorosamente, ¿porqué no hacer lo mismo en Estados Unidos ante la perspectiva de un futuro aún mejor si, además, de aprobar luego las equivalencias universitarias, pueden llegar a ejercer allí su profesión?
Seguramente habrá cubanos en EE.UU. a quienes les cuesta más adaptarse al “capitalismo salvaje”, y hay también delincuentes. Pero la base que yo vi y que debe multiplicarse en Miami, Estados Unidos y otras partes del mundo, —no todos émulos solamente de Goar Mestre, Roberto Goizueta o el actor Andy García— me hace confiar que el maravilloso pueblo cubano, los de dentro y los de fuera, los campesinos y los empresarios e intelectuales exiliados, pueden reconstruir su maravilloso país, porque con ellos otra Cuba es viable.
Agosto 28, 2010
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