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POR ROBERTO FONTANILLAS-ROIG, Caracas *
Cuba-Raúl-Fidel y el pipisigallo
No es confusión que en el reciente Congreso del PCC se hayan
manejado cientos de opciones y sugerencias venidas desde las bases, como jugando al chucho escondido de la solución perdida, al mejor estilo de aquellas películas de Indiana Jones. No es confusión el que Raúl Castro suelte, en palabras más o menos, sus ideas salteadas acerca de su deseable reemplazo algún día de estos próximos diez años. Es que más pa’lante no hay más pueblo, sino signos del agotamiento del modelo social y político establecido por los hermanos Castro, al triunfo de la revolución en 1959.
Sus líderes históricos, Fidel (84) y Raúl (a punto de los 80), seguidos por un combo de ayudantes pre-históricos, ex-combatientes contra la dictadura anterior, perciben que, además de sus cargos, están a tres afeitadas de entregar la vida, en medio de un desperdicio de tiempo y penuria, sobre la paciencia de una población de 11 millones de habitantes.
En 52 años, Cuba dobló su población. Casi seis millones de nuevos náufragos nacieron en el seno de la cantaleta revolucionaria.
Estamos en presencia de la manera, pretendidamente sosegada y gradual, de desplomarse una tiranía de 52 años, sin dejar en el camino una sola proposición que la justifique en el tiempo. Solicitar ahora, el límite de 10 años para los cargos de dirección política y de gobierno, constituye la última carcajada de esa cumbancha dantesca. A falta de careta, ya no pueden esconder la cara.
El anti-imperialismo, bandera que cayó junto con el muro de Berlín, ya es agua pasada del aburrido discurso marxista; ya no renta, y ni siquiera sostiene la ficticia causa de la desaparecida URSS por los desposeídos.
El medallero olímpico de la Cuba deportiva, del arte, la música y la creación, se vino apagando en la medida en que aquellos deportistas, músicos y artistas, intelectuales y gente creativa, iban buscando caminos nuevos por los senderos del éxodo y el exilio.
Hasta la Salsa tuvo que saltar desde el barrio habanero de Cayo Hueso hasta Nueva York, para ser compuesta e interpretada por los músicos modernos de Harlem y el Caribe.
Los médicos y otros profesionales, quienes a puro esfuerzo obtenían sus títulos aspirando a una sociedad de oportunidades y opciones de calidad, fueron drenando sus vidas al volante de un taxi, o convertidos en rústicos plomeros y cuidadores de perros, o llevados hasta el mínimo y bochornoso nivel de trabajadores y trabajadoras sexuales. El falso ascensor de la revolución los impulsó hasta el último de los sótanos de la escala social. El hambre, las carencias y la falta de legítimas oportunidades, son malos consejeros.
De país moderno a aldea insoportable en medio siglo.
Al final del camino, un poco de maquillaje en algunos sectores de La Habana, para mostrar al turismo "encantado", la escenografía maravillosa de una arquitectura de los 20, 30 ,40 y 50's, parapetada en el tiempo. Carente de modernismo, las líneas arquitectónicas cubanas, quedaron sin evolucionar en el mismo minuto en que triunfó la revolución. El mismo friso con un pase de pintura.
Sobre los escombros de tantas confusiones, alteraciones de la verdad y las ruinas morales de una nación llevada a campamento del engaño, el pueblo cubano, lo que quede de racionalidad en sus dirigentes políticos provinciales y nacionales; y de sus hombres y mujeres de la tesis y la oposición democrática,
tienen una obligación histórica ineludible: recomponer al país y sus instituciones a la sombra de una profunda reforma del Estado y su orientación política, para lo cual el comenzar por la convocatoria a un referendo por una Constituyente, bajo el signo de la pluralidad y la inclusión democráticas, la visión nacional latinoamericana, la paz y la convivencia constructiva entre todos sus ciudadanos es impostergable. Que no se pierdan otros 52 años.
* Vicepresidente de la ULC / Abril 21, 2011
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